Regulación, permisos y control de precios
El sector también enfrenta una carga regulatoria considerable. Durante el sexenio pasado, la entrega de permisos para nuevas estaciones y operaciones relacionadas con combustibles avanzó lentamente, afectando la expansión de distintas marcas privadas.
Con la actual administración, G500 considera que existe una mayor apertura para revisar procesos y agilizar autorizaciones.
“Hemos estado trabajando bastante con el gobierno para que se haga un análisis de toda la regulación que se aplica a las estaciones para identificar donde hay redundancias y dónde se puede ir simplificando”, dijo Guillermo Diez.
El directivo señaló que, tras los cambios regulatorios derivados de la reforma energética de 2024 y la creación de la Comisión Nacional de Energía (CNE), existe un rezago natural en trámites, aunque algunos procesos pendientes ya comenzaron a avanzar.
“Creo que hacia adelante vamos a ir viendo cómo se incorporan esas mejoras y simplificaciones, hay un trabajo constante con esta administración en ese frente y creo que hacia adelante vamos a ver cómo fluye esto de manera más rápida que como venían fluyendo antes”, afirmó.
Otro desafío inmediato para la empresa y el resto del sector es el acuerdo impulsado por el gobierno federal para contener el precio de la gasolina regular y el diésel.
El tope de precios ha obligado a las estaciones a operar con márgenes más ajustados en un contexto donde los costos logísticos y las fluctuaciones internacionales del combustible siguen presionando al mercado.
“Cada uno estamos poniendo nuestro granito de arena y en la medida de lo posible estaremos trabajando mientras las condiciones de mercado nos lo permitan”, aseguró Guillermo Diez sobre la estrategia para contener precios.
Además de los factores regulatorios y de mercado, el crecimiento de G500 depende de sumar nuevas estaciones afiliadas, un proceso que la compañía describe como lento y altamente selectivo.
Aunque la empresa tiene interés en aumentar alrededor de 10% su red actual, hasta alcanzar unas 550 estaciones, el proceso implica visitar entre 200 y 300 prospectos antes de concretar nuevas incorporaciones.
La expansión ocurre en un mercado cada vez más competido, donde las marcas privadas buscan consolidarse después de casi una década de apertura energética. Algunas han apostado por precios, otras por conveniencia o programas de lealtad.
En el caso de G500, la estrategia ha sido construir una red propia de suministro y posicionarse como una de las marcas con mayor presencia entre las compañías surgidas tras la liberalización del mercado gasolinero mexicano.
“Es confiabilidad, transparencia y un servicio de excelencia, así como un valor agregado como lo es nuestro programa de lealtad a través del cual premiamos cada una de las cargas”, explicó el director general de G500.
A casi nueve años de la apertura de su primera estación, la compañía enfrenta un escenario distinto al que dio origen a la reforma energética: un mercado más maduro, con crecimiento más lento, mayores exigencias regulatorias y un entorno político donde el control de precios y la supervisión estatal han recuperado protagonismo.