Alberto Baillères González fue durante décadas uno de los empresarios más importantes de México. No solo construyó una de las grandes fortunas del país, sino que también encabezó y convirtió en referentes a empresas como El Palacio de Hierro y Grupo Bal .
Pero antes de convertirse en uno de los hombres más poderosos del mundo empresarial mexicano, Baillères tuvo un comienzo mucho más modesto.
Durante su juventud trabajó en Bancomer como office boy, un puesto que entonces ocupaban jóvenes encargados de realizar distintas tareas de apoyo dentro del banco, desde labores básicas de una oficina hasta mandados.
Aquel empleo fue uno de los primeros capítulos de una trayectoria que décadas después lo llevaría a construir un poderoso grupo empresarial.
Esta es la historia de cómo Alberto Baillères comenzó su carrera en uno de los bancos más importantes de México, mucho antes de convertirse en el empresario que transformó el panorama empresarial del país.
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La historia de Alberto Baillères, el office boy de Bancomer
La decisión de entrar al banco llegó cuando Baillères cursaba el segundo año de Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Su padre, Raúl Baillères, consideraba que la formación universitaria debía complementarse con experiencia práctica.
El propio empresario recordó años después cómo recibió aquella recomendación: “ Sería bueno que trabajaras, porque una cosa es la academia y otra cosa es la práctica. Así podrás ir aprendiendo lo propio de los negocios”, le dijo su padre.
Baillères siguió el consejo y comenzó a trabajar por las tardes en Bancomer, institución en la que su padre había participado como fundador.
Antes de llegar a la cima empresarial, Baillères comenzó su carrera en Bancomer como office boy.(Cuartoscuro)
Una rotación por distintas áreas del banco
Su primer puesto fue como “office boy”, dentro de un esquema llamado “puestos especiales”. El sistema tenía una característica particular: en lugar de permanecer en una sola función, los jóvenes eran enviados de un departamento a otro para conocer las distintas áreas de un banco comercial.
Al terminar su paso por cada departamento tenía que elaborar un informe sobre lo que había aprendido y entregarlo al jefe de Recursos Humanos, quien debía evaluar si había entendido las funciones del área.
Pero el ejercicio tenía una particularidad. Baillères nunca recibió comentarios sobre sus reportes.
“ Nunca teníamos feedback —yo creo que nunca leían el informe—, sino que la intención era que uno se aplicara”, recordó.
Aunque aquellos documentos aparentemente no generaban una respuesta de sus superiores, la exigencia cumplía con el objetivo de obligarlo a prestar atención, aprender y tomarse en serio cada una de las funciones por las que pasaba.
El banco no era el único trabajo de Alberto Baillères
Mientras estudiaba y trabajaba en Bancomer, Baillères también comenzaba a experimentar con los negocios por su cuenta.
En la casa de sus padres, en Cuernavaca, tenía una granja de gallinas y miel . Para atenderla, tenía que comprar alimentos e implementos, cargar su camioneta de estacas y trasladarse hasta la propiedad.
Su rutina combinaba esas actividades con las clases del ITAM y el trabajo vespertino en el banco.
La experiencia le permitió conocer dos caras distintas de los negocios. Por un lado, en Bancomer observaba desde dentro el funcionamiento de una institución financiera; por otro, su propia granja le daba la oportunidad de enfrentarse a las dificultades cotidianas de operar un negocio.
Con el tiempo, Baillères reconocería que aquella combinación de estudios y trabajo fue fundamental para él.
“Esta experiencia de estudiar y trabajar me sirvió muchísimo; sobre todo, mi trabajo por las tardes en Bancomer, pues ya en esos años yo tenía cierta inquietud por hacer negocios.”
Permaneció entonces en Bancomer y continuó desarrollando su carrera dentro de la institución.
Después de haber pasado por distintos departamentos como parte del programa de “puestos especiales”, Baillères llegó a convertirse en gerente de sucursal.
Fue el último escalón de su primera etapa en el sector financiero. Poco después, su padre volvería a marcar el rumbo de su carrera al llamarlo a trabajar en la Cervecería Moctezuma.
El office boy que había comenzado recorriendo departamentos de Bancomer estaba a punto de abandonar el banco para entrar de lleno al mundo empresarial.
Alberto Baillères encabezó Grupo BAL durante décadas y consolidó su presencia en distintos sectores.(Notimex)
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El legado de Alberto Baillères González en el tejido empresarial mexicano
La historia de Alberto Baillères terminó por convertir aquella primera experiencia como office boy en Bancomer en una de las trayectorias empresariales más importantes de México.
Durante más de cinco décadas al frente de sus negocios, consolidó Grupo BAL y amplió su presencia en sectores tan distintos como la minería, los seguros, las finanzas y el comercio, con empresas como Industrias Peñoles, Fresnillo, GNP y El Palacio de Hierro. Esta última se convirtió además en una de las marcas comerciales más reconocibles del país bajo su dirección.
Baillères falleció el 2 de febrero de 2022 , a los 90 años, pero el grupo que construyó no terminó con su muerte. Un año antes había cedido la presidencia de Grupo BAL a su hijo, Alejandro Baillères Gual, quien tomó la responsabilidad de mantener y ampliar los negocios familiares.
La dimensión de ese legado puede verse en el peso que conserva el conglomerado dentro de la economía mexicana. De acuerdo con el ranking 2026 de Las 500 empresas más importantes de México , Grupo BAL ocupa la décima posición, con ingresos anuales por 375,478.3 millones de pesos y una plantilla de 37,891 empleados.
El patrimonio asociado con la familia también refleja la dimensión de los negocios construidos por Baillères. De acuerdo con el índice de multimillonarios de Bloomberg, Alejandro Baillères Gual ocupa el lugar 212 entre las personas más ricas del mundo, con una fortuna estimada en 15,200 millones de dólares. El patrimonio está ligado a los negocios de Grupo BAL.
Así, más que la historia de un empresario que llegó a la cima, la de Baillères es también la de un modelo empresarial que logró sobrevivir a su fundador. El joven que comenzó recorriendo departamentos de un banco terminó construyendo un grupo diversificado que, bajo el liderazgo de su hijo, continúa ocupando un lugar central en la economía mexicana.