La guerra existencial de Ucrania permitió una rápida conversión a la fabricación en tiempos de guerra. Sin embargo, las fábricas, la infraestructura energética y las redes de transporte aún son objetivos para los ataques rusos, mientras que la ayuda militar occidental todavía llega en tramos desiguales y está sujeta a vientos políticos.
A pesar de esto, Rusia no ha podido degradar significativamente la producción de drones de Ucrania o la capacidad de lanzamiento a lo largo de la guerra.
Cuando Estados Unidos atacó a Irán en febrero, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski aprovechó el conflicto como una oportunidad para retratar a Ucrania como un potencial exportador de seguridad, y no solo como un consumidor de la misma.
Zelenski recorrió Medio Oriente para firmar acuerdos con Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos para la cooperación en el uso y la construcción de drones, aunque los detalles de los acuerdos son turbios.
Aunque Trump cuestionó públicamente si la experiencia en drones de Ucrania era útil, Estados Unidos ha desplegado tecnología antidrones ucraniana en una base aérea en Arabia Saudita.
Rusia se estanca
Las fuerzas rusas han luchado en los últimos meses para continuar con sus avances hacia el territorio ucraniano con un éxito cada vez más moderado.
Rusia afirma haber capturado Pokrovsk, en la región de Donetsk; Kupiansk, en la región de Járkov, y Huliaipole, región de Zaporizhzhia, a finales de 2025, pero las fuerzas de reacción rápida ucranianas han impedido que las tropas rusas ganen más terreno.
Los esfuerzos rusos se beneficiaron por acontecimientos que han interrumpido el camino de Ucrania, incluido el hecho de que, en febrero, el servicio de Internet satelital estadounidense Starlink cortó el acceso a las fuerzas rusas en Ucrania, que lo habían obtenido a través de varios medios indirectos, lo que complicó aún más sus operaciones.