La inseguridad impulsa el avance de la derecha en América Latina
Las propuestas de mano dura ganan respaldo en países como Chile, Perú, Colombia y Brasil, aunque la experiencia de Ecuador muestra que sus resultados no siempre son los esperados.
Un tema que ha atravesado las elecciones en Latinoamérica es el aumento de la violencia relacionada con el crimen, lo que ha hecho que muchos ciudadanos en estos países le den su voto a candidatos de extrema derecha, que privilegian la mano dura contra la delincuencia frente a otras alternativas.
En Brasil, donde se llevarán a cabo elecciones en octubre, el tema también es una preocupación de la ciudadanía, que podría castigar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva por sus resultados en esta materia.
Aunque la experiencia de Ecuador muestra que las estrategias de mano dura no siempre producen los resultados prometidos.
(DISEÑO: Nayeli Araujo)
Una búsqueda de tranquilidad
Aunque los modelos de derecha en la región varían desde la centroderecha del boliviano Rodrigo Paz hasta el ultraliberalismo del argentino Javier Milei, la política de seguridad juega un papel fundamental en las plataformas de gobierno de los candidatos de esta inclinación política.
“En primer lugar, defienden la ley y el orden. Los candidatos ganadores han prometido medidas duras contra el crimen, la corrupción y el caos en casi todas las campañas”, indica el análisis “Polarización, populismo, pragmatismo: el panorama de partidos de Latinoamérica cambia a la derecha” de la Fundación Konrad Adenauer.
La derecha ha crecido en países donde la delincuencia ha crecido en los últimos años. El mejor ejemplo es Ecuador, un país que durante décadas se mantuvo al margen de la inseguridad que golpeaba a su vecino, Colombia, pero que se convirtió en un punto estratégico para los cárteles del narcotráfico, lo que provocó un aumento exponencial de la violencia.
En este país ganó en 2025 las elecciones el presidente Daniel Noboa, quien ha implementado políticas frontales contra el crimen organizado, como la declaración de un conflicto armado interno contra 22 organizaciones criminales.
En Perú, en Chile y en Colombia, la seguridad también jugó un papel clave.
“La seguridad ciertamente ha sido parte central de las distintas campañas electorales en la región en los últimos tiempos y ha jugado un papel importante también como catapulta de candidaturas con estas propuestas de mano dura a ascender a las posiciones de poder”, dice Glaeldys González, analista senior para los Andes Sur del International Crisis Group, en entrevista con Expansión.
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La analista señala que además de privilegiar este tipo de políticas, muchos de los votantes en realidad castigan a los gobiernos actuales de sus países, a los que perciben como incapaces de frenar el crimen.
Ante los altos niveles de frustración por la violencia, las propuestas de aumentar las penas, construir megacárceles, decretar estados de excepción y mantener una presencia militar permanente (o proyectar esa imagen) resuenan con fuerza en la ciudadanía.
“Los discursos de mano dura que estos candidatos adoptan calan mucho en la ciudadanía, en el electorado porque son muy llamativos, ofrecen una respuesta rápida y una solución que parece ser mágica a los problemas de seguridad del país”, dice González.
El modelo Bukele
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, suele ser el ejemplo que la mayoría de los políticos de extrema derecha siguen en la región. En el discurso, el autoproclamado “dictador más cool del mundo” logró que la tasa de homicidios cayera a mínimos históricos, en medio de una política de excepción ampliamente cuestionada por organizaciones de derechos humanos.
González señala que muchos de estos discursos dejan de lado afectaciones en materia de derechos humanos, los retrocesos democráticos y el papel que jugaron las negociaciones del gobierno de Bukele con las pandillas.
Estos señalamientos no han reducido la popularidad de Bukele. De acuerdo con una encuesta del diario La Prensa Gráfica, publicada en junio de este año, el mandatario conserva una aprobación de 85.5% y es especialmente apreciado por su política de seguridad.
“De hecho, para muchos seguidores, los resultados importan por encima de todo, específicamente mejorar la seguridad pública, incluso a expensas de las libertades democráticas”, indica el análisis de la Fundación Konrad Adenauer.
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Sin embargo, las medidas de Bukele aplicadas en otro contexto han mostrado ya sus límites en Ecuador.
A pesar de que Noboa ha aplicado medidas como los estados de excepción desde hace más de un año, Ecuador aún continúa como el país con la tasa de homicidios más alta de Latinoamérica, con 50.9 casos por cada 100,000 habitantes en 2025. Esto representa un aumento de 31.2% en comparación con la tasa de 2024, de acuerdo con un análisis de InSight Crime.
“La ofensiva militarizada del presidente Daniel Noboa contra el crimen organizado ha buscado desmantelar a las organizaciones criminales mediante la captura de sus líderes y la detención de miembros de bajo rango de las pandillas”, señala el Balance de Homicidios 2025 de InSight Crime.
Estas detenciones provocaron más violencia por las disputas territoriales entre grupos rivales, como los Choneros y los Lobos.
La influencia de Trump
El giro a la derecha coincide con una nueva política de seguridad en Estados Unidos.
El presidente Donald Trump lanzó en marzo pasado, durante una cumbre organizada en Doral, Florida, el denominado "Escudo de las Américas" con todos los países aliados, para enfrentar la amenaza del crimen organizado, el "narcoterrorismo" y la inmigración ilegal.
Estados Unidos dio un vuelco militar considerable en la región al iniciar, el pasado mes de septiembre, una campaña sin precedentes de ataques contra lanchas que el Southcom presenta como "narcoterroristas".
La ofensiva se inició en el Caribe, ante las costas venezolanas, y luego se amplió al Pacífico. Aún vigente, ha causado al menos 221 muertos mediante más de 50 ataques, de acuerdo con un recuento de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).
Juristas internacionales y organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian esos ataques como ejecuciones extrajudiciales.
América Latina y el Caribe, o el Hemisferio Occidental, según la terminología oficial en Estados Unidos, ha pasado a ser la región prioritaria para Washington, de acuerdo a la doctrina de seguridad nacional de la Casa Blanca.
Donald Trump llegó a rebautizar esa estrategia como "Doctrina Donroe", en alusión a su predecesor del siglo XIX, el presidente James Monroe, el primero que promulgó que Estados Unidos tenía la obligación de intervenir en la región ante las incursiones por entonces de potencias europeas.