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OPINIÓN: Ahora construyamos el lago en Texcoco

Un nuevo proyecto público no puede repetir los errores de un parque ecológico imposible de autosostenerse y de generar apropiación pública, comenta Juan Pablo Mayorga.

Nota del editor: Juan Mayorga es periodista especializado en asuntos ambientales, principalmente cambio climático, transición energética y desarrollo urbano sustentable. Es maestro en Public Management y GeoGovernance por la Universidad de Potsdam, Alemania, colaborador de medios nacionales e internacionales. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) - Durante el anuncio sobre la cancelación del proyecto de aeropuerto en Texcoco -que implica una victoria para la defensa del lago- ocurrió algo inesperado: Andrés Manuel López Obrador y el próximo secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, se comprometieron a buscar la regeneración de la superficie de agua en el lugar.

La supuesta victoria del lago sobre el aeropuerto no será tal si logramos concretar un proyecto de generación que nos entregue un lago de verdad
Juan Pablo Mayorga

A pregunta expresa de un periodista, el presidente electo dio un sí tajante a la expansión del proyecto piloto en el lago Nabor Carrillo y abundó: “Desde luego que tenemos que rescatar el lago. Ustedes estudien cómo se recuperó el Lago de Texcoco durante muchos años, décadas y lo que costó”.

A su vez, Jiménez Espriú aseguró que se establecería “una mesa de análisis con expertos en disciplinas diversas y organizaciones ciudadanas para definir el destino del predio en Texcoco y el posible aprovechamiento de la infraestructura construida, así como las acciones y costos para su restauración ecológica”.

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El tema podría parecer menor ante cuestiones trascendentes, como las posibles irregularidades en la consulta ciudadana, los riesgos de turbulencia financiera, las incertidumbres sobre la viabilidad de Santa Lucía para fungir como centro de un sistema aeroportuario suficiente y los mismos impactos ambientales de la obra (mucho ojo al Lago de Zumpango); sin embargo, dado que el valor ambiental del lago de Texcoco se esgrimió como una de las principales cartas para la cancelación del aeropuerto es imperativo aprovechar el momento político en el impulso de un proyecto de rescate que dé sustento a dicho argumento.

Con lo anterior me refiero a que el proyecto debe cumplir con lo que demandamos del lago: capturar agua de lluvia, procesarla para consumo humano y reducir el estrés hídrico. Además de ayudar a rehidratar el acuífero y reducir el hundimiento de la ciudad con cuerpos de agua que regulen la temperatura, capturen partículas contaminantes y mejoren la calidad del aire.

También son necesarias áreas verdes públicas con equipamiento y servicios adecuados para elevar la calidad de vida en los municipios marginados del oriente; desarrollo de infraestructura urbana como motor de crecimiento económico, y empleo sostenible.

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Todo esto es ambicioso, sin duda, pero es perfectamente viable desde el punto de vista técnico. Así lo han concluido distintos análisis (ver los proyectos Lago Texcoco, Ciudad Futura, Parque Ecológico Lago Texcoco o los del ingeniero Legorreta y varios de la UNAM). El problema para realizar esto siempre ha sido eminentemente político: incapacidad generalizada para abordar problemas complejos y planear a largo plazo.

El año pasado entrevisté a Alberto Kalach, uno de los arquitectos creadores de Ciudad Futura hace 20 años, y fue claro respecto a la viabilidad de su proyecto, que implicaba recuperar gradualmente lagos y bosques. “Aunque las condiciones han cambiado muchísimo, la idea sigue siendo vigente”, dijo y añadió que lo consideraba un tema imposible de explicar, pero ahora resulta más sencillo porque “es un proyecto técnicamente viable y económicamente sería una generación ingresos importantísimos para la ciudad”.

Un proceso en forma para la regeneración del lago de Texcoco debería de ser suficientemente amplio para tener legitimidad social, repartir justamente los beneficios económicos, basarse en las mejores prácticas técnicas y aprender de los antecedentes más afortunados. Entre estos últimos destaco el rescate del predio La Mexicana para la construcción de un parque bajo un proyecto innovador de gestión social y financiera en el lecho de una mina abandonada en Santa Fe.

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Recuperando el comentario de economista Roberto Remes, la consulta es la oportunidad para poner toda la infraestructura necesaria sobre la mesa (aunque aún no haya dinero para hacerla) para ver factibilidades ambientales, sociales y económicas, y generar planes de largo plazo.

Como lo ha dicho el arquitecto Víctor Márquez, un nuevo proyecto público no puede repetir los errores de un parque ecológico imposible de autosostenerse y de generar apropiación pública, que en el mediano plazo termina abandonado. En cambio, un proyecto sano debe insertarse en una dinámica urbana compleja, con usos mixtos, servicios y asociaciones público-privadas que lo hagan sostenible en un sentido amplio.

Como vecino del oriente de la ciudad anhelo el día que los habitantes de Chimalhuacán, Nezahualcóyotl, Ecatepec, Iztapalapa, Atenco, Texcoco, Ixtapaluca y tantos otros municipios marginados logremos atenuar nuestra grisura urbana con un espacio digno. Evitar que los únicos espacios públicos significativos en la zona sean privados (del tipo Ciudad Jardín), que las inversiones realizadas generen más bienestar del que pueden significar los bienes de consumo y más empleos que los disponibles en las áreas de construcción, vigilancia y limpieza en los templos del gran desarrollo. Anhelo ver nuestros propios parques La Mexicana, México, Lincoln y de Los Venados. ¿Por qué no? El cacareado Chapultepec del oriente.

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Atenuada la complejidad política por el amplio respaldo popular que supone el lopezobradorismo en el Valle de México, el momento se antoja único para una colusión afortunada de crisis socioambientales, capacidad técnica y voluntad política. No obstante, mucho se puede perder en el camino, incluyendo la disposición de AMLO y su equipo, por ello es imprescindible mantener la movilización social.

La supuesta victoria del lago sobre el aeropuerto no será tal si no logramos concretar un proyecto de regeneración que nos entregue un lago de verdad. Antes que disolverse en la satisfacción pueril de una victoria inmediata, la consigna #YoPrefieroElLago debe transitar a #RegeneremosElLago para exigir al nuevo gobierno que cumpla con su compromiso por el bien de todos los habitantes del Valle de México.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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