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OPINIÓN: La ciencia, una prioridad del nuevo gobierno mexicano

Realizar inversiones a largo plazo que estimulen la educación, la ciencia e innovación son las bases de un México sin temor a la globalización, comenta Juan Alberto González Piñon.
Ciencia
Según datos del Conacyt, en 2016 México presentó un 79% de inversión por parte del sector público y un 21% del sector privado en materia de desarrollo e investigación.

Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es titular de Emprendimiento e Incubación en la Universidad Panamericana. Desde 2004 ha desarrollado actividades profesionales en gestión de la innovación; gestión de inversión de capital privado emprendedor; así como la planeación, organización y conducción de políticas de desarrollo de financiamiento del emprendimiento, productividad e innovación. Las opiniones expresadas en el texto son responsabilidad del autor.

(Expansión) - A pesar de los esfuerzos por incrementar la inversión en investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación en México, todavía tenemos una cifra muy baja en comparación con otros países más desarrollados.

Si se quiere cambiar la dinámica de crecimiento económico se requiere de un modelo sustentado en el binomio inquebrantable compuesto por la industria y la ciencia
Juan Alberto González Piñón

Por ejemplo, en 15 años Corea del Sur incrementó en 2.05% su inversión en investigación y desarrollo, al pasar del 2.18% del PIB en 2000 a 4.23% en 2015; en dicho periodo, México solo incrementó su inversión un 0.23% del PIB, al pasar del 0.32% al 0.55% en 2015.

Al confrontar estos indicadores con los otros lugares como Brasil -con datos de 2016- se observa que ese país invierte en investigación y desarrollo el 1.14% del PIB, año en el que México invirtió únicamente el 0.50% del PIB.

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Aun con lo anterior, en la recién inaugurada administración, la investigación y el desarrollo tendrán un recorte en 2019 de 2,461 millones de pesos en comparación con el presupuesto aprobado durante 2018.

Realizar inversiones a largo plazo que estimulen la educación, la ciencia e innovación son las bases de un México sin temor a la globalización, donde el sector empresarial aspire y logre estar a la vanguardia en investigación y desarrollo, generando nuevas tecnologías en tiempos de crisis.

El estado del sistema científico y tecnológico debe cobrar más interés dentro de la esfera política mexicana, gracias a que están demostrados los impactos positivos en la calidad de la investigación científica, el crecimiento y el progreso social que mejoran el bienestar de la población. Lo anterior, en su conjunto, representa la base para una sociedad más competitiva.

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De hecho, numerosos estudios que muestran que más del 50% del crecimiento económico en los países avanzados se deriva de la innovación tecnológica.

El futuro de la competitividad basada en la trasferencia de desarrollo científico y tecnológico a la sociedad y empresas en México depende de su capacidad para hacer que la innovación corresponda con las necesidades de la sociedad. Es necesario crear oportunidades educativas de alta calidad que promuevan el empoderamiento de la fuerza laboral a través de las habilidades y conocimientos necesarios que aseguren su exitosa incorporación en la economía del conocimiento.

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En el estudio Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2018 realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se muestra una tendencia hacia la “desindustrialización precoz”, donde los países con menores ingresos registran una proporción descendente de empleo industrial en etapas tempranas de progreso en comparación con los países desarrollados.

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Este fenómeno se explica –en parte- porque los avances tecnológicos, la acumulación de capital y la demografía impulsan la reasignación de empleo en todos los sectores de producción. Esto derivado de la alta desvinculación que existe entre las capacidades, conocimientos y habilidades de la fuerza laboral y las demandas de capital humano especializado que requiere la industria para crecer a través de la innovación, así como de la incorporación de conocimiento científico y tecnológico en sus procesos de negocio.

Si las empresas no invierten conjuntamente con el sector público o priorizan los benéficos monetarios a corto plazo, antes que pensar en la instrumentación de procesos que los lleven a la incorporación de conocimientos científicos y tecnológicos en sus procesos industriales, pueden existir conflictos con los procesos de aprendizaje, así como en el desarrollo de capacidades científicas y tecnológicas dentro del sistema económico.

Al analizar la inversión en investigación y desarrollo por sector de financiamiento en México es claro que las empresas deberían incrementar su participación. Según datos del Conacyt, en 2016 el país presentó un 79% de gasto proveniente del sector público y un 21% del sector privado.

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Si comparamos este indicador en el mismo periodo podremos ver casos como el de Brasil, que presentan un 57.7% de inversión pública y un 40.34% de inversión privada; Corea del Sur tiene un 23.7% público y un 74.5% privado; y Alemania presenta un 28.85% y 65.84% respectivamente.

Es muy importante conocer la dinámica de los mercados del conocimiento y la innovación para entender todos los papeles que desempeñan las publicaciones de carácter científico, el desarrollo tecnológico y las patentes en las estrategias empresariales, con el fin de formular políticas públicas que apoyen el desarrollo económico y social basado en la innovación.

Es sumamente importante la inversión en actividades de investigación y desarrollo, pues está comprobado que la productividad de las empresas puede aumentar en un 0.17% por cada punto porcentual que aumente la inversión en dichas actividades.

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Los economistas Joseph Schumpeter y Gerhard Mensch refieren que el crecimiento económico está ligado a la innovación, ya que determina el aumento y la disminución de la prosperidad y la calidad de vida.

Si se quiere cambiar la dinámica de crecimiento económico se requiere de un modelo sustentado en el binomio inquebrantable compuesto por la industria y la ciencia, específicamente en lo concerniente a la investigación y el desarrollo. A partir de allí es posible desarrollar una estrategia de alta tecnología.

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Este contexto debe centrarse los reflectores en las Pymes y para tal efecto se requiere la existencia de programas que faciliten el acceso a financiamientos que se destinen a investigación y desarrollo. Las empresas pueden aprender a beneficiarse rápidamente de la innovación hasta convertirse en altamente especializadas.

Con estas medidas se fortalecería la formación de nuevos clústeres industriales y el fortalecimiento de la transferencia colaborativa de conocimientos y tecnologías en el desarrollo de nuevos productos, procesos y mercados.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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