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Nuestras Historias

Deseo, pido y obtengo, pero la vida no es así

Debemos educar para la toma de decisiones, para la responsabilidad y dar testimonio de que la vida vale la pena ser vivida con ilusión, dice Mónica Villareal.
dom 19 enero 2020 06:18 PM
Mother and daughter having a talk.
Hay que cuestionarnos los valores que vivimos cotidianamente y transmitimos a nuestros hijos, dice Mónica Villarreal.

(Expansión) - Los desgarradores acontecimientos del 10 de enero en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, donde un alumno disparó contra sus compañeros de grupo, su maestra y finalmente se quitó la vida, nos invitan a reflexionar a los padres de familia sobre ¿qué estamos haciendo con nuestros hijos en esta época tan desafiante?, ¿de qué forma enfrentamos la paternidad responsable, no sólo en su educación, sino en su formación como seres humanos?

Este no fue un hecho aislado, ¿cuál era la realidad que estaba viviendo el alumno para llegar a tener ese grado de ira y violencia social que lo llevó actuar en ese comportamiento extremo? ¿qué valores vivimos cotidianamente, en la casa, el trabajo, con los amigos, que sin darnos cuenta, transmitimos a nuestros hijos? Es claro que estamos viviendo en una sociedad consumista, permisiva, compulsiva, impersonal con una grave crisis de valores, la cual ha sido propiciada y tolerada por nosotros mismos.

En esta era virtual, de hiperestimulación, de exceso de información, de búsqueda constantemente de gratificaciones y de estímulos cada vez más intensos que afectan el entorno de nuestros hijos y su toma de decisiones ¿qué hacemos los padres al respecto?, ¿nos dejamos llevar por ello? ¿volteamos a ver más el celular que a nuestros hijos? ¿importan más las pantallas que la escucha y las palabras hacia ellos? ¿estamos esperando respuestas a través de las redes y por ello dejamos de ocuparnos y preocuparnos por lo que les pasa a nuestros hijos en el tiempo real? ¿nos damos cuenta del vacío interior que nos provoca?

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Tres autores en distintos años Frankl (1989), Rogers (1984) y Rojas Estapé (2019) han dicho que la enfermedad de nuestro siglo es el vacío interior, la falta de sentido de vida. ¿Acaso nos identificamos con ello? ¿Este planteamiento nos significa algo? O bien, ¿tenemos clara la razón de nuestra existencia y día a día luchamos para alcanzarla y damos ejemplo de ello a nuestros hijos?

En México vivimos cotidianamente en un contexto de violencia, que va desde el seno de la familia y permea todo el ambiente del país

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la violencia intrafamiliar en México ha incrementado un 72% desde el primer trimestre del 2015. Asimismo según datos de la UNICEF publicados en mayo del año pasado en su Informe Anual 2018: 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes entre 1 y 14 años han experimentado algún método violento de disciplina en sus hogares. Y más del 50% de adolescentes entre 12 y 17 años ha recibido algún tipo de agresión física.

Por ello, hoy más que nunca nuestro papel como padres de familia frente a este panorama violento, complejo y ambiguo debe ser re valorado y re pensado como una prioridad, la crianza debe acompañarse de una formación con valores profundos que permita en nuestros hijos edificar una vida plena de significado.

¿En este contexto, valdría la pena preguntarnos si estamos formando hogares? ¿somos parte de ese puerto seguro para nuestros niños, adolescentes y jóvenes?, ¿les dedicamos el suficiente tiempo?, ¿los dejamos hablar y los escuchamos frente a todas sus necesidades ?, ¿les hacemos saber que los queremos y los vamos a querer siempre?, ¿saben que estamos ahí para ellos en cualquier momento y pese a cualquier circunstancia?

En el escenario ideal, los padres de familia debemos construir un hogar, lo que significa que la persona, en este caso nuestros hijos, deben sentirse acogidos, cobijados, protegidos, aceptados y amados por el hecho de ser persona. Un lugar que brinde seguridad emocional lo cual constituye la base para la formación de la autoestima de los niños.

Frecuentemente se percibe que las cosas son automáticas, fáciles y gratuitas: deseo, pido y obtengo… pero la realidad es que la vida no es así, la felicidad es el resultado del esfuerzo, la lucha, la constancia, el compromiso, la tolerancia a la frustración, y ahí es donde debemos incidir como padres, educar y acompañar a nuestros hijos en ello para que construyan una vida plena y feliz que los lleve a su realización como seres humanos.

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El alumno de Torreón fue también una víctima de sus circunstancias, pues como niño también necesitaba crecer en un espacio estable, sólido, armónico, libre de violencia intrafamiliar, en un clima de confianza, seguridad y aceptación.

Hechos como estos no deben volver a suceder, por ello se debe incidir en la familia como núcleo fundamental de la sociedad, donde se gestan los valores y las virtudes fundamentales y donde se viven aspectos relevantes de la vida ordinaria: Gobierno, autoridad, economía, educación, trabajo, ocio, compromiso, renuncia, don de sí, paz.

La misión de los padres es preparar a los hijos para desenvolverse en la sociedad desde las experiencias vividas en el hogar, de las cuales se tienen modelos de conducta que les permitirán encausar experiencias posteriores

El gran reto para nuestro país y para el mundo es fortalecer a la familia, a esta gran tarea se suman los organismos internacionales como la UNICEF y en México la Comisión de los Derechos Humanos que trabajan en políticas públicas en materia de educación y protección de la infancia.

A los padres nos corresponde ser modelos de referencia sólidos que ayuden a nuestros hijos a la formación de la conciencia, de la autorreflexión, la autoexigencia y la autocrítica, hoy más que nunca debemos educar para la toma de decisiones, para la responsabilidad y dar testimonio de que la vida vale la pena ser vivida con ilusión y esperanza para llegar a la plenitud como seres humanos, pese a todas las dificultades que se pudieran llegar a tener.

Nota del editor: Mónica A. Villarreal García es mamá de 3 hijos. Doctora en Desarrollo Humano. Maestra y Licenciada en Pedagogía. Profesora de la Universidad Panamericana. mavillarreal@up.edu.mx Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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