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Nuestras Historias

El imperativo de transformar a las organizaciones

Es de vital importancia que los canales de comunicación entre el empleador y colaborador sean claros, constantes y abiertos a cualquier inquietud, opina Orlando Mejía.
mié 15 abril 2020 11:58 PM

(Expansión) – En la comodidad de la rutina, a veces es difícil visualizar el alcance de un “evento disruptivo”, mucho menos su alcance global. Justo ahora experimentamos el impacto de este tipo de eventos: tan solo en el primer trimestre de 2020, un día nos despertamos con la noticia de una epidemia que sacudía a China y en cuestión de semanas el COVID-19 se convirtió en pandemia y llegó a nuestra región.

El distanciamiento social para evitar la transmisión del virus nos dio perspectiva de lo tanto que depende nuestra economía de una simple interacción social.

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De la noche a la mañana, las organizaciones de todo el mundo han entrado a War Rooms para determinar acciones, el cómo, cuándo y por qué mientras navegamos entre estimaciones que pueden cambiar cada hora. No sólo se trata de hacerse las preguntas correctas, sino de responder asertivamente en tiempo récord y desplegar decisiones.

Una de esas respuestas ante la crisis es el trabajo remoto: ahora más que nunca son visibles los beneficios para las organizaciones que desde tiempo atrás ya habían habilitado este esquema de trabajo, y que ahora experimentan disrupciones menores en sus operaciones. Mientras, otras organizaciones están teniendo grandes retos para mantener su continuidad operativa.

Sin embargo, a pesar de tener cierto grado de digitalización de una organización, la meta va más allá de utilizar las tecnologías a nuestro favor, se trata de crear un ambiente propicio que fomente la productividad en tiempos de disrupción, todo mientras mantenemos la operación de siempre. Tal parece que esta pandemia nos ha empujado a experimentar el Futuro del Trabajo frente a una incertidumbre aumentada.

Los cambios en los esquemas laborales han sido casi espontáneos y ante ello queda la eterna duda de las organizaciones: si esta modalidad afectará la productividad de sus trabajadores, si los recursos de tecnológicos empresariales en realidad tienen la capacidad suficiente, etcétera. En otras palabras, esta es una prueba de estrés en tiempo y circunstancias reales.

Para el primer caso, en lo que concierne a la fuerza laboral. El trabajo remoto incluso puede aumentar el “contacto” entre colegas y superiores además de abrir otros espacios, pues en tiempos de crisis es indispensable mantener comunicación constante con stakeholders para dar seguimiento a nuevos requerimientos.

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En cuanto a tecnología, mientras hablamos, la maquinaria de las organizaciones trabaja buscando soluciones para aumentar la flexibilidad de sus sistemas en todos los niveles, con el objetivo de mantener sus operaciones.

A la par, existe una brecha real en habilidades de uso de las tecnologías, lo que ha representado para muchos realizar capacitaciones en tiempo récord. Al final, es cuestión de constancia y compromiso mutuo (empleador-colaborador) para tener la organización completamente aceitada y trabajando al 100%.

Otro factor agregado al trabajo remoto es la condición externa por la cual se produjo esta circunstancia, que es una crisis a nivel mundial. El aislamiento puede convertirse en un problema con posibles efectos en nuestros colaboradores en varios niveles.

Por ello, es de vital importancia que los canales de comunicación entre el empleador y colaborador sean claros, constantes y abiertos a cualquier inquietud, además de promover la confianza y respeto entre los empleados, calibrar expectativas, además de puntualizar la importancia de mantener el éxito en cada una de nuestras labores encomendadas.

Aunado a esto, podemos pensar en un espacio virtual más colaborativo a través de verificaciones constantes de pendientes entre miembros del equipo, haciendo uso de todos los recursos que tengamos a la mano como videoconferencias, chats empresariales, llamadas e incluso WhatsApp.

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Hacer home office en tiempos de coronavirus

A través de ella podemos crear un ambiente más participativo que puede mejorar con el paso del tiempo para construir a corto plazo más espacios que lleven a un verdadero trabajo en equipo, sin importar la ubicación física.

Resulta esencial mantener la idea de que un colaborador es como un consumidor: su compromiso dependerá del grado de conocimiento que tengamos de sus necesidades y expectativas.

Este paso puede cubrirse a través de encuestas de satisfacción, las cuales pueden contribuir a obtener datos clave y así desarrollar las herramientas necesarias para crear una experiencia laboral que pueda personalizarse con base en las expectativas de los trabajadores.

Cada reto es una oportunidad para comprobar si vamos por buen camino y el escenario actual pone en la mesa el imperativo de transformar a las organizaciones, así como los modelos del negocio, cuestionarnos sobre las herramientas digitales que nos ayudarán a enfrentar esta nueva normalidad e incluso anticipar escenarios, mientras que en el factor humano nos damos cuenta del gran valor que las tecnologías nos aportan para mantenernos unidos y colaborar.

No desaprovechemos esta crisis para poder incorporar de manera permanente estas prácticas de trabajo.

Nota del editor: Orlando Mejía es Socio Líder de Transformación Organizacional para Latinoamérica en Consultoría, Deloitte México. Síguelo en su cuenta de LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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