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Puede reducirse a 2% el objetivo de inflación

El canal de contagio de las políticas monetarias laxas hacia la inflación está perdiendo fuerza, opina Iván Franco.
vie 08 mayo 2020 11:59 PM

(Expansión) – Nuestro país lleva desde el año 2003 adoptando el programa de objetivo de inflación de largo plazo de 3%. En términos generales ha funcionado bien, si uno mira que en los años previos la inflación estaba firme en niveles relativamente superiores.

En la actualidad, la variación mensual anualizada del índice de inflación subyacente (la que importa en este contexto) lleva estacionada en una tasa de alrededor de 3% desde hace más de una década. Y parece ser que no se moverá de esos niveles.

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Por esta razón hay que “ayudarle” al índice subyacente reduciendo un poco más su objetivo de largo plazo.

Existen múltiples razones por las cuales es conveniente y necesario reducir a 2% el programa de objetivo de inflación del Banco de México:

- El objetivo de 3% (con un punto porcentual de desviación) parece elevado dado el potencial de crecimiento del PIB mexicano, actual y de largo plazo. Es decir, si la expectativa de crecimiento de la economía estuviera alrededor de 4%-5%, evidentemente, el objetivo de inflación debería ser más relajado. Sin embargo, este no es el caso. La economía mexicana entró en un ciclo recesivo de cierta longitud que, a su vez, modifica y deteriora el potencial de crecimiento de largo plazo.

- El objetivo de inflación de 3% ya se cumplió en los años 2015 y 2019; por ello, la credibilidad de dicho objetivo no está en duda. Sin embargo, en un país con serias limitaciones del ingreso y con una amplia sensibilidad a los incrementos de precios de productos básicos, una inflación objetivo y perpetua de 3% puede lastimar lentamente el ingreso real de las personas, además de que no preserva el poder adquisitivo de la moneda. Parece elevada.

- Nos encontramos en una nueva era mundial de bajas tasas de interés. Tan bajas, que en algunos casos llegarían a ser negativas por un tiempo determinado. Incluso, después del periodo de recuperación global post COVID-19, las tasas de interés seguirán, irremediablemente, estacionadas u orbitando asintóticamente hacia cero. En términos inflacionarios, lo anterior sugiere que el canal de contagio de las políticas monetarias laxas hacia la inflación está perdiendo fuerza.

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- Pero, la razón más importante para reducir el objetivo de inflación a 2% es en el contexto de un futuro mandato monetario doble que tendría Banxico (inflación y crecimiento económico). En este sentido, parece necesario “estresar” al sistema monetario de tal manera que el banco central mande el siguiente mensaje a los agentes económicos: “Banxico podrá coadyuvar a estimular la expansión del crédito con su herramienta de tasa de interés, solo en la medida que los agentes se “comprometan” a un objetivo de inflación de largo plazo de 2%”. Es decir, el banco central estaría limitando su política de expansión monetaria a un control más estricto de los precios. Esto sucede en Estados Unidos y en otros países desarrollados que han fijado el objetivo de inflación en este nivel.

- A nivel global, los niveles de los precios relativos continuarán estancándose (y hasta cayendo), dada la creciente digitalización del comercio minorista. En otras palabras, las estrategias de precios rentistas de las cadenas minoristas soportadas en la información asimétrica de los consumidores estarán diluyéndose con el avance del comercio electrónico. La digitalización es una medicina eficiente en contra de los incrementos discrecionales y rentistas de los precios.

- La herramienta de política monetaria del banco central, la tasa objetivo, está en altos niveles si se compara con otros países de la región. En teoría, reducir la tasa objetivo acarrearía presiones inflacionarias o inflación. Sin embargo, la economía mexicana no funciona como en la teoría, ni en tiempo ni en forma. Más bien funciona con base en las decisiones de los agentes dada la información que tienen. Y, en este sentido, el nuevo mensaje sería un límite más acotado para el incremento de precios.

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Si uno lee las minutas del Banco de México, este instituto mira constantemente riesgos y choques macro para la inflación que en realidad no llegan a materializarse en el índice subyacente. Más bien el índice subyacente se encuentra arriba del nivel de 3% por razón de su expectativa de largo plazo. Esto es fácil verlo en una gráfica de dicho índice a tasa anual. Dada la volatilidad de los índices no subyacentes de la inflación, podría “atacarse” solo el objetivo subyacente reduciendo su expectativa de largo plazo a 2%.

Repito, desde el punto de vista de un mandato monetario doble, parece lo más adecuado. Más aún, desde la perspectiva del mandato constitucional del Banco de México de preservación del poder adquisitivo de la moneda, una transición hacia el 2% parece lo mejor.

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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