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Nuestras Historias

La enfermedad del ‘austericidio’ para enfrentar la crisis

¿Por qué esa obsesión por el superávit fiscal como mejor remedio para salir de una crisis?, opina Xavier Ginebra.
sáb 09 mayo 2020 04:00 PM

(Expansión) – Decía Goebbles que una mentira repetida infinidad de veces se convierte en verdad. Y lo mismo podemos proclamar en México respecto al “miedo” de contraer deuda pública en momentos paralelos a la Gran Depresión de 1929 y a la Gran Recesión de 2008.

En ambos casos se optó por cerrar la llave del “agua”, en el primer caso por el Secretario Montes de Oca, profundo admirador de Von Mises, que consideraba que los “ciclos económicos” son inevitables y que cualquier medida de tipo keynesiano para disminuir sus efectos tendría efectos nulos o perjudiciales en la economía.

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De igual manera razonó Agustín Carstens en 2008, “logrando el ´´éxito” de la caída de la economía en 6 puntos del PIB. Con el ascenso al poder de Lázaro Cárdenas, se abrió la puerta del gasto público y México tuvo cuatro años de un considerable crecimiento económico.

¿Por qué esa obsesión por el superávit fiscal como mejor remedio para salir de una crisis? En Alemania la razón obedece al recuerdo de los miles por ciento de inflación de los años 20, que cerraron la emisión de billetes, consiguiendo que la crisis europea ampliara su duración hasta, al menos 2014, y que la deuda pública de los países a los que se les exigió el austericidio tuvieran que soportar, junto a la depresión económica, incrementos de la deuda de las cifras manejables con las que venían del 30% a cantidades superiores al 100% (España) o 170% (Grecia), que aunado a la suma de las tasas de interés, no tuvieron otro efecto que aumentar el costo de los intereses a costa de reducir drásticamente los servicios públicos, acompañado de rescates de billones de dólares para la banca europea, a los que “el austericidio” por formar parte de una clase “celestial” no se les aplicaba.

Es verdad que México tuvo una década perdida por los endeudamientos excesivos de Echeverría y López Portillo, que se tardó 10 años en renegociar. Si un país se endeuda, debe tener la forma de pagarla. En esta línea está la propuesta de Santiago Levy de contraer deuda en los mercados internacionales por una cantidad cercana al 2.5%, financiable con una reforma fiscal cuando la economía se recupere.

Pero no olvidemos que “tiempos distintos” exigen soluciones distintas. Nos encontramos en un momento muy similar al de la Gran Depresión, donde el sector privado se encontrará “amputado” de sus armas para volver al crecimiento económico; sólo una política agresiva de gasto público podría impedir que esta recesión (que si el gobierno interviene durara solo un año) se convierta en depresión. Y todas las señales, incluyendo la de los gobiernos de los estados –donde la austeridad es dogma, quizá peor que en materia federal- parece que nos llevan hacia el precipicio al que desemboca el “austericidio”, en un momento de detención de la economía mundial (algunos la han llamado una “economía de guerra”).

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Situaciones que nos han sacado en otras ocasiones de situaciones similares, como las exportaciones a Estados Unidos en 1995 y el paquete de ayuda aunado a la disminución de la tasa de interés a cifras negativas en 2008 no jalarán a México en esta ocasión, pues el vecino del Norte perdió 26 millones de empleos en un solo mes de reclusión.

Si el gobierno federal y los estatales no se bajan del burro en la necesidad de alcanzar el superávit financiero como mejor forma de salir de la crisis, entonces se convertirá en realidad el temor del CEEY de que tendremos 20 millones más de mexicanos sumidos en pobreza, gracias a esta mentira repetida hasta la sociedad, que ha hecho que nuestros gobernantes –inclusive de izquierda- se la crean como un “dogma de la economía”.

Nota del editor: Xavier Ginebra Serrabou es Máster y Doctor en Derecho económico, Profesor Investigador de la Facultad de Negocios de la Universidad De la Salle Bajío y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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