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Nuestras Historias

EU vota también cómo afrontará décadas de verdades incómodas

En un cálculo político coyuntural existe un peligro inherente al presentar al presidente Trump como representante de las fuerzas de la oscuridad, opina Gildardo López Hernández.
mié 02 septiembre 2020 12:58 AM

(Expansión) – La política nos presenta con frecuencia extrañas contiendas, aún así, la perspectiva de un par de septuagenarios peleando por el campeonato mundial de los pesos pesados no estaba en los primeros escenarios de apuesta hasta hace unos meses.

El trofeo de esta justa es ni más ni menos que el alma dividida de los Estados Unidos. ¿Quién puede predecir con razonable certeza cual será el contendiente que permanezca de pie al final de la contienda de noviembre? Esta justa tiene al mundo clavado en sus asientos y las circunstancias son profunda e históricamente atípicas, comenzando por la propia personalidad y estilo del presidente Trump respecto de sus antecesores e inclusive de sus opositores.

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Una pandemia devastadora que presenta desafíos sanitarios y económicos que definen a la época, garantizan una atmósfera política altamente flamable. Un creciente movimiento de demanda de justicia racial y un grado sin precedentes de distanciamiento de la comunidad internacional, exigen además, atención inmediata.

Sin duda parte de esa realidad ya existía, pero fue ignorada o maquillada sistemáticamente por años. Tales grados de injusticia social, y de discriminación profundamente arraigada, requerirán soluciones complejas y sutiles. Estas tensiones cocinadas a fuego lento, ignoradas durante décadas, difícilmente necesitan ser más avivadas en el contexto electoral.

Después de una larga espera que pareció toda una época, los demócratas decidieron tomar el atajo y dejar pasar por esta ocasión la posibilidad de que alguno de las nuevas figuras carismáticas y populares pudieran causar algún sobresalto en su electorado fiel y han preferido apostar por el sobrio y firme Joe Biden.

Pero la incorporación de Kamala Harris como compañera de fórmula envía el poderoso mensaje, desde la discursiva imagen de la primera mujer de color en buscar ser Vicepresidenta, de que esos temas vergonzosamente ignorados por mucho tiempo pueden ser abordados con seriedad y convicción. Su lema de campaña "Luchemos con convicción, luchemos con esperanza, luchemos con confianza", probablemente dé la esperanza de una voz a los millones de estadounidenses que se han sentido excluidos de la conversación.

A su vez, en una crítica devastadora a la América del presidente Trump, el expresidente Barack Obama acusó a la Casa Blanca de buscar desalentar el voto y duramente, de contar con el “cinismo” de la gente, para garantizar cuatro años más. Su advertencia de que "Lo que hacemos resuena a través de las generaciones" es un llamado casi desesperado a los votantes indecisos.

El expresidente afirmó en su discurso que Trump no ha mostrado la debida reverencia (Sic) por el cargo que representa y mucho menos ha puesto la investidura al servicio de la nación.

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Así es como funciona el sistema electoral en Estados Unidos

Sin duda hay verdad en su palabras, pero en un cálculo político coyuntural existe un peligro inherente al presentar al presidente Trump como representante de las fuerzas de la oscuridad, pues mientras que una parte de Estados Unidos parece estar casi alienada y en pie de guerra en su contra, la otra mitad le es devota con niveles evangélicos de convicción.

Trump es un maestro probado de estrategias de dividir y conquistar, lo ha demostrado una vez, y podría hacerlo de nuevo. Su mandato ha sido ciertamente agitado y de altibajos, pero el elector siempre debe votar por algo y no sólo en contra, y si algo ha cuidado Trump, en campaña desde su toma de posesión en 2016, es a su electorado “duro”, el mismo que lo llevó a la presidencia, un electorado emotivo, proclive al estímulo de conceptos simples pero cercanos como “fe” “grandeza”, “familia” que les son comunes tanto al electorado menos instruido como al establishment conservador.

Trump apuesta por "la base" que fanáticamente le cree y le sigue; y en gran medida por esta razón, ha sido acusado de convertir la presidencia en un reality show de televisión y Twitter.

En última instancia, la realidad distorsionada en el discurso, las verdades disimuladas, las versiones mediáticas, tendrán que ser confrontadas cara a la realidad, y entonces el elector, frente a la boleta electoral, como en los programas de reality, tendrá la última palabra hasta el último momento.

Nota del editor: Gildardo López Hernández es Candidato a Doctor, académico y analista en temas públicos de la Universidad Panamericana. Síguelo en Twitter y/o Instagram . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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