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Nuestras Historias

Y sobrevivimos...

Hemos llegado hasta aquí. Hemos recorrido 184 días con sus noches, de una realidad que nunca hubiéramos imaginado, reflexiona María Inés Corva.
lun 21 septiembre 2020 05:55 PM

(Expansión) – Hace 6 meses, el 13 de marzo, era viernes. Ese día yo tenía que volar a Buenos Aires por trabajo, pero algo estaba pasando en el mundo, algo que aún no estaba claro, y los vuelos estaban todos suspendidos. Mi proyecto se pospuso, mi cliente me pidió que no viajara por el momento, y con toda la tristeza de mi corazón, tuve que cambiar mis planes. Strike one.

Ese día era también día de Consejo Técnico para las escuelas, y decidí llevar a mis hijos al parque de diversiones. La feria, le dice mi hijo, siguiendo lo que mencionan en sus series favoritas. Fuimos con otros amigos, pasamos un día increíble y feliz, aunque el lugar estaba extrañamente tranquilo para un viernes sin escuela… pero creímos que era mejor así. La verdad, no teníamos idea de lo que venía. Mis hijos fueron muy felices, nosotros también.

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Al día siguiente, el sábado, nos sorprendieron las noticias. La Secretaría de Educación Pública comunicaba que se iban a extender las vacaciones de Semana Santa, que estaban próximas. En lugar de dos semanas, se iba a cerrar las escuelas por un período total de 4 semanas, por prevención. Se hablaba de una enfermedad que venía de Asia, una especie de pandemia, pero todo seguía siendo confuso. Nadie entendía del todo lo que estaba pasando, y en ese momento la mayor preocupación era: ¿qué vamos a hacer con los niños 4 semanas en casa? ¿Abrirán los cursos a los que suelen ir en vacaciones? ¿Cómo nos vamos a organizar con todo, si los padres tenemos que seguir trabajando???

Ahora que lo miro desde aquí, a 184 días de distancia, hasta me da un poco de ternura nuestra ingenua preocupación. Nuevamente, ¡¡¡no teníamos idea de lo que venía!!!

La vida cambió para todos a partir de ese momento. Y digo cambió porque no ha vuelto ni volverá a ser la vida anterior a ese viernes 13 de marzo (viernes 13, ahora que lo pienso, para los supersticiosos será una confirmación de lo que habían esperado durante años).

La primera sensación, fue que de repente el mundo se detuvo. Nadie podía volar entre países, se discutía si recibir o no a los asiáticos, y cada día recibíamos la noticia de nuevos casos de esta rara enfermedad en un nuevo país. Mi familia y amigos en diversos puntos del globo comenzaron a comunicarse preocupados, para saber si todos estábamos bien, y por primera vez en la vida, estábamos compartiendo las mismas circunstancias, sin importar en qué hemisferio nos encontrábamos en ese momento.

Incertidumbre. Confusión. Falta de información. Exceso de información. Dudas. Decisiones que tomar. Incapacidad de decidir. Todos, en todo el mundo, viviendo lo mismo al mismo tiempo.

Para mí, que había vivido previamente los terribles temblores que sacudieron a México, o incluso la epidemia de Influenza AH1N1 del 2009, me costaba asimilar que esto no era algo a nivel local, ni nacional, todos los países y gobiernos y poblaciones estábamos transcurriendo un mismo camino. Un camino desconocido, inexplorado, y sin una brújula a la mano.

Para mi familia significó quedarnos en casa. Los niños dejaron de asistir a la escuela, dejaron de repente de ver a sus amigos, abandonaron sus clases extracurriculares, su gimnasia, su natación. Su pequeño mundo también se detuvo. Hace 184 días.

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Afortunadamente mi trabajo me permite realizarlo desde donde sea. Si bien disfruto mucho más de las sesiones presenciales, el interactuar con muchos países me obliga a utilizar la virtualidad de manera cotidiana. Eso no fue nuevo para mí, sólo que se extendió a la totalidad de mis clientes y proyectos. Hubo que reinventarse. Buscar espacios en la casa, redibujar las habitaciones, ajustar horarios. Y todo eso aún sin escuelas funcionando. Después la cosa se puso aún mejor con el inicio de clases.

Por cierto, justamente a fines de marzo, mis hijos, que son trillizos, cumplían 8 años. Cumplieron 8 años, en el encierro. Ni fiesta, ni festejo escolar, ni pastel con los amigos. Celebramos los 5, en casa, con todo lo que se nos ocurrió que los podía hacer felices. Al ser todo tan reciente y confuso, aún no se inventaban las caravanas y los festejos virtuales. Así que fue un cumpleaños diferente. Muy diferente.

Y así podría seguir mencionando hechos y realidades que nos han pasado, y me han pasado, en estas 26 semanas. Cada día trajo nuevos retos, y preguntas. Y ansiedades. Y preocupaciones. Y sonrisas. Y atardeceres. Y más preguntas.

Pero hoy lo que me trajo a escribir estas letras es el gran descubrimiento de que hemos sobrevivido. Hemos llegado hasta aquí. Hemos recorrido 184 días con sus noches, de una realidad que nunca hubiéramos imaginado.

Si me hubieran preguntado el 6 de marzo, día en que yo estaba en un hermoso hotel en Jalisco trabajando con un equipo de alto rendimiento, donde iba a estar el 13 de septiembre… me hubiera reído y hubiera respondido: seguramente trabajando en algún país de Latinoamérica, o en Guadalajara dando sesiones presenciales como siempre ha sido cada dos semanas, o de vacaciones en la playa con mi familia… nunca, nunca hubiera sido mi respuesta “estaré encerrada con mi familia en casa, tomando muchísimas precauciones cada vez que inevitablemente tengo que salir, y pidiendo toda la comida (entre otras cosas) en línea”.

Han sido meses difíciles, para todos. De introspección para algunos, para otros de muchísima angustia y desesperación. De pérdida de empleos, de distancia familiar aún dentro de la misma casa, de horas interminables de trabajo para los que tienen la bendición de conservar el suyo. De cocinar, jugar, aprender, tejer, bordar, remodelar la casa, cultivar plantas, comer más de lo que deberíamos. De insomnio, de incertidumbre, de ansiedad, de silencios, de reuniones a distancia, de extrañarnos más que nunca.

Y la gran mayoría (porque no todos, desafortunadamente) hemos sobrevivido. Y estamos aquí y ahora. Y por eso quiero invitarlos a hacernos una pregunta: ¿qué he aprendido en estos 184 días, en especial sobre mí mismo? La respuesta debería ser nuestra herramienta principal para enfrentar los días que vienen, que aún no sabemos cuántos serán. Busca esa respuesta, escríbela, abrázala, y si no te gusta, hoy mismo puedes empezar a construir una nueva.

Nota del editor: María Inés Corva es Coach Ejecutivo Estratégico Internacional, Conferencista y Consultora en Desarrollo Humano. Coaching Head y Fundadora de People Awareness en la Ciudad de México. Escríbele a ines.corva@pawaremx.com . Las opiones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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