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No hay “alimentos chatarra”, sino “dietas chatarra”

Ni autoridades ni empresas han explicado al consumidor qué son las grasas trans o las grasas saturadas, cuántas kilo calorías son buenas, malas o necesarias, señala Mario Maraboto.
jue 22 octubre 2020 11:59 AM

(Expansión) – Hace unos días, al recibir un pedido del supermercado, lo primero que noté fueron las nuevas etiquetas de “prevención” que indican “contiene grasas trans”, “alto en sodio”, “alto en grasas saturadas”, “alto en azúcar” “alto en calorías” y frases por el estilo. En cuanto a los refrescos sus mensajes son: “grasa saturada 0 Kcal 0%”, “otras grasas 0 Kcal 0%” “azúcares totales 71 Kcal 20%”, “sodio 24 mg 1%” y “energía 71 Kcal”.

Esas etiquetas se agregan a las que desde hace tiempo se incluyen como “información nutrimental” en donde se especifica la cantidad de grasas, colesterol, carbohidratos, fibras, sodio, azúcares, hidratos de carbono, fósforo, zinc y otros elementos conforme a una Norma Oficial Mexicana (NOM-051-SCFI/SSA1-2010).

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Ninguno de esos mensaje me disuadió del consumo y me atrevería a decir que sucede lo mismo con miles de personas fundamentalmente porque ni autoridades ni empresas han explicado al consumidor qué son las grasas trans o las grasas saturadas, cuántas kilo calorías (Kcal) son buenas, malas o necesarias para las personas de ciertos rangos de edad y condición física, o qué son y qué efectos pueden tener ciertas cantidades de elementos contenidos en los diferentes productos y bebidas.

Por eso me causó gracia el video de una señora mayor de edad que, al ver las etiquetas sólo exclamó “me vale madre” y procedió a consumir. Son productos que se han consumido durante muchos años como parte de una cultura de consumo.

Esos mensajes obedecen a una preocupación de hace décadas por parte de muchos gobiernos, incluidos los de México, por prevenir enfermedades como obesidad, hipertensión y otras que luego pueden intervenir como comorbilidad en otras como sucede actualmente con la pandemia del COVID-19.

En México la prevención se ha reducido a campañas para intentar motivar la actividad física, realizar exámenes periódicos y concienciar sobre la gravedad de la obesidad y el sobrepeso. Son mensajes del tipo: “chécate, mídete, muévete” o “¿Cuántas rebanadas te vas a comer?” Son esfuerzos enfocados a criterio de cada gobierno, pero ninguno ha estado planteado como una estrategia de educación transexenal que pueda dar resultados a lo largo del tiempo.

La mayoría de estos mensajes de campaña son en un tono imperativo y de amenaza y tienden a responsabilizar al individuo y a las industrias por las condiciones de salud. En el caso de los niños transfieren la responsabilidad a los padres, como está sucediendo con la prohibición de venta de ciertos alimentos y bebidas a menores de 18 años en el estado de Oaxaca, tendencia que busca expandirse con el apoyo del “rock star” de la llamada cuarta transformación, Hugo López-Gatell.

Las campañas y las acciones de gobierno que intentan comunicar salud o estilos de vida saludables se han centrado, ante la ineficacia de su comunicación, en responsabilizar a los productos industrializados por incrementar los riesgos a la salud. Pero esos productos no son los únicos que tienen relación con la obesidad y otras enfermedades. Es el caso de las carnes (rojas y blancas), los aceites comestibles, e inclusive las tortillas. En ninguno hay mensajes de prevención.

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Oaxaca prohibe la venta de comida chatarra a menores

Un estudio del Lance Institute refiere que:”El acceso cada vez mayor a productos de origen animal en los países de rentas bajas y medias está provocando un aumento de las enfermedades del corazón, diabetes, algunos cánceres y otras enfermedades.” Una investigación del Children’s Hospital Oakland Research Institute revela que “el consumo de carne blanca, es decir, de pollo, conejo, pavo, lechón o cordero, aumenta los niveles de colesterol “malo” y éste contribuye al desarrollo de obesidad, arterioesclerosis, diabetes mellitus, cáncer e hipertensión arterial, entre otras.”

Los aceites, empleados mayoritariamente en la elaboración de fritangas generan grasas saturadas. El doctor José Luis García Arcadia, director del Hospital General Subzona número 6 del IMSS en Tecate expresó en entrevista en octubre de 2018: “Estos aceites, así como la carne de cerdo, el huevo (en especial la yema) y las harinas refinadas, provocan grandes cantidades de grasa en el organismo, la cual se almacena como triglicéridos.”

Sobre las tortillas, un estudio publicado en mayo de 2018 en Agroecology and Sustainable Foods Systems reveló que 82% de los productos de maíz contienen un transgen y 27.7% presentan el herbicida agrotóxico gilfosfato que, de acuerdo con la OMS, es un factor de cáncer.

Más allá de acciones para regular a la industria de alimentos y bebidas, crear impuestos, delimitar la publicidad y prohibir la venta, la comunicación de la salud debe tener un enfoque positivo y propositivo: informar sobre los beneficios que implica no presentar obesidad, fortalecer la autoestima y la satisfacción corporal, considerar la comprensión y opinión de los mensajes textuales y la percepción de los mensajes visuales, y someter los mensajes a una prueba previa para identificar claramente cómo pueden ser percibidos por el consumidor.

En conclusión: No hay “alimentos chatarra”, sino “dietas chatarra” y así debería comunicarlo el gobierno.

Nota del editor: Mario Maraboto es Licenciado en Periodismo por la UNAM. Investigador Asociado en la Universidad de Carolina del Norte. Autor del libro "Periodismo y Negocios. Cómo vincular empresas con periodistas". Consultor en Comunicación, Relaciones Públicas y situaciones especiales/crisis desde 1991. Escríbele a su correo mmarabotom@gmail.com y síguelo en Twitter . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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