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Nuestras Historias

Biden tendrá un largo camino para cerrar la división en el pueblo estadounidense

Esta elección definirá mucho más que al presidente estadounidense durante los próximos cuatro años, opina Gricha Raether.
mar 10 noviembre 2020 11:59 PM

(Expansión) – Después de cuatro años de vivir bajo la tortuosa administración y mundo bizarro de Donald Trump, el día tan esperado de la elección en los Estados Unidos finalmente llegó y los eventos que siguieron a los comicios sucedieron tal y como se esperaban.

Tomó varios días llegar a la conclusión de que Joe Biden logró los 270 votos electorales requeridos y que ganó una de las contiendas electorales más esperadas, observadas e importantes del mundo.

Es importante recalcar que los medios de comunicación no son quienes declararon el triunfo de Biden-Harris, solo reportan lo que todos, o casi todos los ciudadanos de los Estados Unidos, entienden. El primero que logra los votos necesarios será el próximo presidente de nuestro vecino del norte.

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Sin embargo, aún queda un largo camino por delante. Los 538 miembros del Colegio Electoral deberán emitir su voto oficialmente en Washington, D.C. el 14 de diciembre. El Artículo II, Sección 1 de la constitución de los Estados Unidos, modificada en 1804 por la duodécima enmienda, establece los requisitos para la elección del presidente y vicepresidente.

Está autorizado a cada estado nombrar, por cualquier medio que elija la Legislatura, un número de electores igual al total combinado de sus delegaciones en el Senado y la Cámara de Representantes, para un total contemporáneo de 538, incluidos 3 electores para el Distrito de Columbia o Washington, D.C.

Durante más de 150 años, los estados han requerido universalmente que los electores sean elegidos por los votantes. Cualquiera puede servir como elector, excepto los miembros del Congreso y las personas que caen en ciertas categorías de interés especial.

En principio y por tradición, estos electores deben emitir su voto en función de la decisión del voto popular en sus respectivos estados. Es decir, el voto debería coincidir con el candidato que ganó en el estado al cual representan. En contadas ocasiones se ha presentado la situación en que los electores del colegio no emiten el voto de acuerdo a este mandato.

Este voto deberá entonces ser ratificado el 6 de enero para dar el triunfo definitivo y oficial al candidato ganador. Por ejemplo, en la elección de 2016, siete electores, cinco demócratas y dos republicanos, votaron por candidatos distintos de aquellos a los que se comprometieron. Este fenómeno, generalmente denominado “electores infieles", también se deriva directamente de la Constitución, que en la duodécima enmienda instruye a los electores a "votar por boleta para presidente y vicepresidente".

Si bien la tradición de que los electores reflejan el voto popular ejerce una fuerte influencia, no existe un requisito constitucional de que voten por los candidatos a los que están comprometidos y esto podría representar un arma más en la insistencia del Partido Republicano de desconocer, manchar y violentar el proceso electoral en el país con una de las democracias más estables y consistentes del mundo moderno.

Por otro lado, le necedad del aún presidente de los Estados Unidos insiste en que esta elección estuvo sujeta a una estrategia multi estatal de fraude planeada por los demócratas. Sin embargo, su equipo no ha podido producir prueba alguna de esta acusación y en tres de los estados en donde se interpusieron demandas legales, las cortes estatales decidieron desecharlos.

Aún cuando las cortes le dieran la razón a Trump en algunos de estos estados, el número de votos que están en juego son tan bajos que no cambiarían los resultados en dichos estados. Es decir, el resultado sería el mismo y el único perdedor aquí, además del mismo Trump, sería la democracia y el pueblo americano que deberá soportar por un poco más de tiempo el caos y la división que causa el actual inquilino de la Casa Blanca.

Mientras que el ejército de abogados del presidente Trump se prepara para interponer lo que seguramente serán decenas de demandas frívolas, el equipo de campaña Biden-Harris ya se transforma en un equipo de transición.

Los resultados de la elección, aunque favorables a los demócratas en el Ejecutivo, también trajo consigo una serie de derrotas y pérdida de escaños en la Cámara de Representantes. El control de la Cámara alta, el Senado, también está aún en el aire y no se resolverá sino hasta el 5 de enero, en donde las dos posiciones del Senado en Georgia definirán si el control lo mantienen los republicanos o si resulta en un empate, de manera que recaiga en la vicepresidenta electa Kamala Harris el romper dicho empate una vez que el Congreso comience a trabajar.

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De una y otra manera, los miembros de la administración de Biden deberán negociar con los republicanos en cada decisión, con excepción de aquellos puntos que se puedan gestionar a través de decretos presidenciales, que fue la herramienta preferida del presidente Trump durante gran parte de su mandato.

Esto sin duda abre la puerta para que los dos partidos trabajen de la mano en dar retroceso a tantos errores de la administración saliente y así buscar en unidad la manera de sacar a los Estados Unidos de la profunda crisis sanitaria y económica por la que está pasando.

Las prioridades del presidente electo Biden serán temas migratorios, echando atrás las múltiples políticas inhumanas emprendidas por Trump y sus secuaces, así como la instalación de un sistema de jueces eficiente para dar audiencia de manera rápida a las decenas de miles de migrantes buscando asilo.

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De igual manera, el presidente electo Biden buscará abrir camino para obtener la ciudadanía a los cientos de miles de beneficiarios del programa DACA, entre 700,000 y 800,000, conocidos como Dreamers, y así regularizar su presencia en el único país que consideran su hogar. Recordemos que cerca del 80% son de raíces mexicanas.

En el ámbito internacional, Biden buscará regresar a Estados Unidos al liderazgo mundial en temas de cambio climático (Acuerdo de París), energías renovables, seguridad mundial (acuerdo con Irán), salud (OMS) y derechos humanos (Consejo de Derechos Humanos de la ONU), entre otros.

El triunfo de Joe Biden ha sido reconocido por aproximadamente 70 líderes alrededor del mundo, entre los cuales destacan en Latinoamérica Panamá, Uruguay, Chile, Argentina, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Colombia. Incluso el dictador venezolano Nicolás Maduro envió su felicitación, notando que él “siempre estará dispuesto al diálogo” y abriendo la puerta a un cambio de tono en la relación entre los dos países.

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No hay duda que el futuro presidente Biden buscará la manera de ayudar al pueblo venezolano de manera diplomática, más allá de insultos y amenazas, como lo haría el presidente Trump. Más allá de América Latina, expresaron sus felicitaciones Justin Trudeau, de Canadá; Angela Merkel, de Alemania; y Boris Johnson, del Reino Unido.

Las notorias excepciones que han decidido guardar silencio en espera de que se oficialicen los resultados, son países como China, Rusia, Turquía y México, llevando a muchos a especular que esto llevaría a un enfriamiento innecesario con la administración Biden en un momento en que la recuperación económica y sanitaria del continente de América del Norte depende de una fuerte y cercana colaboración.

Un elemento importante en este ciclo electoral fue el voto de los ciudadanos americanos con raíces mexicanas y el voto de americanos viviendo en el extranjero, quienes, a través de esfuerzos de organizaciones como Democrats Abroad, lograron enviar el doble de votos que en la elección de hace cuatro años. En conjunto fueron un factor determinante para que un estado tradicionalmente republicano como Arizona, se tornara azul.

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Estos electores, muchos de ellos con profundas raíces mexicanas y familia cercana en México, no olvidaron que Trump llamó a la mayoría de nuestros migrantes violadores, narcotraficantes y delincuentes, haciendo notar que algunos pocos seguramente serían buenas personas.

Estas familias tampoco olvidaron que el mal manejo de la pandemia por parte de la administración de Trump ha resultado no solo una catástrofe económica sin precedentes, sino también en más de 225,000 muertos y millones de infectados, de los cuales han resultado particularmente afectadas las minorías de manera desproporcionada.

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A pesar de lo anterior, esta elección dejó en claro que a pesar del desastroso manejo de la pandemia por parte de la administración Trump, la salud no fue el punto más importante en la decisión del pueblo. Queda claro que el dinero, el miedo, el odio, el resentimiento y el deseo de mantener la hegemonía racial de los blancos, así como el amor por las armas, fueron los factores determinantes para la mayoría de los estados.

Biden y su equipo tendrán un difícil y largo camino por delante para cerrar la profunda división y polarización en el pueblo estadounidense, brecha que ha llevado a contrincantes políticos con ideologías diferentes a llamarse enemigos entre ellos.

Olvidando las diferencias por ahora, debemos celebrar que Estados Unidos tendrá a la primera mujer vicepresidente, quien además representa a dos minorías. Pase lo que pase, Kamala Harris ya ha hecho historia y ha acercado a Estados Unidos a ese ideal de justicia e igualdad que ostenta, pero que rara vez alcanza. Como la misma Kamala lo dijo, puede ser que ella sea la primera mujer en el puesto, pero es definitivo que no será la última.

Un tema recurrente es la preocupación de que si Joe Biden gana por un margen relativamente pequeño de votos del Colegio Electoral, ya sea en el conteo total o en algunos estados donde la diferencia sean unos cuantos puntos porcentuales, lo más probable es que los republicanos lo condenen como fraude por los votos enviados por correo.

Esto, con el claro propósito de dejar la decisión a la Suprema Corte de Justicia, la cual seguramente daría el triunfo a Trump, dada su aplastante mayoría conservadora. Otro escenario que preocupa es que si Biden gana por una amplia mayoría, los grupos extremistas blancos salgan a las calles con sus armas largas de asalto, automáticas y con capacidad de matar a decenas por minuto, y lleven a que esta sea la primera transición de poder no pacífica en toda la historia del país vecino.

Esta elección definirá mucho más que al presidente estadounidense durante los próximos cuatro años. Definirá además la esencia de Estados Unidos como nación y como pueblo; si desea regresar a ser el país que detiene y limita a regímenes dictatoriales y autócratas en el mundo, como lo son Putin de Rusia y Kim Jong Un de Corea del Norte, personas muy allegadas al actual inquilino de la Casa Blanca. Esta elección afectará el balance de poder y liderazgo en todo el mundo.

Nota del editor: Gricha Raether es representante del Partido Demócrata en México. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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