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Nuestras Historias

El oleaje de la relación bilateral

Una de las promesas más enfatizadas de Biden-Harris ha sido el impulso de una economía más sustentable con un mayor uso de energías renovables, opina Antonio Michel.
mar 17 noviembre 2020 11:58 PM

(Expansión) – El mar nunca está quieto. Sin embargo, el agua no se mueve per se, sino que depende de la energía y la fricción creada con el viento. La altura y frecuencia del oleaje emana de la simetría de esta relación. Sirve como un símil para entender lo que ocurre con México y Estados Unidos.

Se trata de una simbiosis dibujada por la frontera más transitada del mundo, por la cual se comercia un millón de dólares al minuto aproximadamente. Uno de cada diez mexicanos radica en ese país, acompañados por la red consular más grande que tiene cualquier país en otro.

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México ha concentrado alrededor del 80% de sus exportaciones en su vecino del norte. A su vez, Estados Unidos encuentra en México a uno de sus principales socios comerciales y un vecino con injerencia en temas prioritarios como la migración y la seguridad.

Al igual que el mar, las tendencias, la inercia y los temas de la relación bilateral sobrevivieron a Donald Trump, y no cambiarán mucho con la llegada de Joe Biden; lo que variará será la resistencia, la fricción y, por ende, el impacto que tendrán los choques potenciales.

La discusión reciente ha girado en torno a la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre esperar a felicitar o reconocer a Joe Biden como ganador. Realmente no sorprende que no lo haya hecho: es consistente con la política exterior mesurada y con la narrativa de López sobre contar voto por voto. Lo delicado es haber dicho que esperaría hasta que se resolvieran los asuntos legales y que legítimamente fuera anunciado el ganador.

Puede dar pie a una lectura de no validar el triunfo de Biden como legítimo, a pesar de que, en las elecciones presidenciales recientes de ese país, los medios anuncian al ganador basados en el conteo de votos que haga cada estado. México se ha unido a una lista pequeña de otros tres países (Rusia, Brasil y Corea del Norte) en no felicitarlo al momento, pero para ninguno de ellos Estados Unidos es tan importante como para México. El viento golpea fuerte el inicio de esta marea.

Desde un punto de vista de costo-beneficio, la apuesta de López Obrador está en que, eventualmente, la relación tomará su curso. Una agenda bilateral tan estrecha, formal e institucional que se encontrarán los canales de diálogo de alto nivel para trabajar conjuntamente en los temas de interés común.

Respecto de la migración, será mucho más fácil trabajar con un gobierno demócrata, con una visión más favorable y humanitaria hacia inmigrantes, en aras de conservar programas como el de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) y eliminar aquéllos instrumentados por Trump como Remain in Mexico.

En cuanto a la seguridad, durante el gobierno de Barack Obama – cuando Biden era Vicepresidente – hubo mucho más cooperación e intercambio, como con la Iniciativa Mérida y la Operación Rápido y Furioso. Parece ser que con Biden se verá una continuación de esa línea en ambos temas.

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Los asuntos que podrían causar mayor rispidez son los laborales, ambientales y energéticos. Los legisladores Demócratas se mostraron más insistentes en incluir las cláusulas laborales en el T-MEC y promovieron la idea de los inspectores para asegurar que México cumple con las normas. Lo mismo ocurre con el medio ambiente, ya que los Demócratas mostraron más reticentes en las negociaciones del acuerdo comercial por estos temas, al no confiar en que México pueda apegarse a los lineamientos.

El riesgo más importante puede venir en la colación del sector energético, ya que una de las promesas más enfatizadas de Biden-Harris ha sido el impulso de una economía más sustentable con un mayor uso de energías renovables, en yuxtaposición con la predilección de López Obrador por combustibles fósiles y el rescate de Pemex.

Una lección que México debe aprender de esta elección es que el oleaje no debe ser tan influenciado por la relación presidencial. Lo que ha preservado la inercia de la relación es la institucionalización. Hay que profundizar más en el diálogo interparlamentario, la diplomacia consular y el cabildeo con los grupos de interés, como las cámaras empresariales. En ese sentido, el curso de la relación dependerá de la configuración del Congreso.

La Cámara de Representantes permaneció bajo el dominio demócrata, pero el Senado aún tiene dos asientos de Georgia en juego que, de pintarse de azul, otorgarían también el control de la Cámara alta a ese partido (Kamala Harris rompería cualquier empate). Por otro lado, los Republicanos cuentan con 27 de las 50 gubernaturas, por lo que la estrategia de acercamiento a los estados es distinta. En fin, mientras más anclados estén los vínculos con los demás actores, las fricciones en la superficie tendrán menor impacto.

Un mal comienzo no forzosamente determina el resto del trayecto, pero sí es un augurio. Tener una contraparte más predecible permite el diseño de una estrategia a mediano y largo plazo más estable que la inmediatez a la que orillaba Trump. Sin embargo, una política exterior más ambiciosa y con un andamiaje institucional más sólido exige también un cambio en México.

El paralelismo de Obama en algunos temas no será suficiente, puesto que la contraparte no es Calderón ni Peña. López Obrador tiene otros posicionamientos y prioridades que podrían obstaculizar el avance en la agenda bilateral. Habrá que buscar los medios para estabilizar y conducir el curso de las cosas de la manera más fluida y efectiva.

El viento más impetuoso despierta las olas más devastadoras, mientras aquel que acompaña al agua permite un pronóstico más predecible y un tránsito más navegable.

Nota del editor: Antonio Michel estudió Relaciones Internacionales en el ITAM, donde es profesor, y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Maxwell. Trabajó casi 7 años en la Administración Pública Federal, en las secretarías de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social, Energía y Gobernación. Su pasión son los asuntos internacionales, los asuntos políticos y la administración pública. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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