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Año cero para el emprendimiento de masas

Junto con la pandemia, el 2021 llega con oportunidades que sólo se presentan cuando se transita de una época a otra, opina Rodrigo Villar.
sáb 30 enero 2021 12:02 AM

(Expansión) - La incertidumbre global sobre la economía y las inversiones en este año no cede, entre otras razones porque el proceso de vacunación, apenas iniciado, será determinante. Sin embargo, hay tendencias de más largo plazo, plenamente identificables, que están moviendo a los mercados y orientando las decisiones porque corresponden a esa “nueva normalidad”, todavía algo imprecisa, pero que sin duda ocurrirá y ya presenta las señas de identidad de la década.

Sería un error garrafal no tenerlas en el radar y actuar en consecuencia. Hay que insistir: no nos servirá el pretexto de que el gobierno en turno, lejos de facilitar el futuro, ni siquiera lo reconozca.

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En este espacio recién revisamos tres circunstancias macroeconómicas propicias: en estrecha interrelación, recuperación en V debido a que esta recesión, a diferencia del 2008, responde a causas no estructurales de la economía; el efecto de los paquetes de estímulos y ayudas masivas que han servido como escudo y para preparar el terreno de una recuperación robusta; y finalmente, tasas de interés por los suelos.

México quizá sea excepción, pero para nosotros el error será doble si, extraviados en el laberinto de los problemas y pleitos internos, dejamos escapar las oportunidades de esas condiciones que pueden hacer del 2021 el punto de inflexión de tres grandes motores de la inversión que obedecen a tres revoluciones en marcha: digital, inversión de impacto y la variable climática en las finanzas. Ahora nos concentramos en la primera.

El 2020 fue año de inestabilidad y tragedia. Sin embargo, también vivimos un periodo extraordinario de innovación y lo que el economista Joseph Schumpeter denominó “destrucción creativa”. La revolución digital es la que más visiblemente maduró en ese sentido: todos tuvimos que acelerar nuestro proceso de adaptación a la nueva economía. Junto con la pandemia, el 2021 llega con ese tipo de oportunidades que sólo se presentan cuando se transita de una época a otra.

En la perspectiva anual de BlackRock se perfilan tres grandes temas de la inversión para 2021: más crecimiento con menores tasas de rendimiento reales; reconfiguración de la globalización con énfasis en la resiliencia de las cadenas de suministro; y “transformaciones turbocargadas”, que son tendencias preexistentes que ahora tomaron fuerza, como la preocupación por la sustentabilidad y la creciente desigualdad social o el crecimiento arrollador del comercio electrónico.

De esto justamente se trata cuando se habla de “nueva normalidad”: cuando empezamos a pensar y a comportarnos conforme a nuevos patrones y nos acostumbramos a mirar por el retrovisor a muchas cosas que eran lo habitual hasta hace poco.

Estamos en la creciente de una nueva ola de innovación digital, subsecuente a la de las empresas estrictamente tecnológicas que viene desde los 90 y detonó capacidades inéditas para innovar en todos los sectores, tradicionales o emergentes: redes sociales, plataformas de comercio y economía colaborativa, computación en la nube o inteligencia artificial.

 
La pandemia acelera la revolución 4.0 en las empresas

Es como el paso de la invención de la máquina de vapor a la multiplicación de las invenciones para aprovecharla. No sólo es ya la historia de los Microsoft, Apple, Google, Amazon, Facebook, Salesforce y demás, sino de lo que están haciendo y harán a partir de eso personas y empresas en general: corporaciones que elevan su productividad o expanden mercados y nichos de negocio, pero también pymes y millones de emprendedores.

Por ejemplo, familias que, por las necesidades y restricciones de la pandemia, montaron “cocinas fantasma” para vender sus productos en alguna plataforma como MercadoLibre; con mercadeo en redes como Facebook; fuerza de distribución incluso 24X7 con Rappi o Uber Eats; capital de trabajo o financiamiento para crecer accesible de fintechs, vía crowdfunding, blockchain u otras opciones financieras descentralizadas, ideales para sectores no atendidos por la banca tradicional.

Igual para profesionistas que contactan clientes en LinkedIn y Workana, o artesanas que comercializan, incluso a escala internacional, en Etsy, o en aquí en México en Canastarosa, donde lo mismo operan negocios de tamales gourmet que de velas aromatizantes.

Si este proceso se conecta con otra revolución, la inversión de impacto para construir un mundo más sustentable e incluyente, las oportunidades son inigualables.

Este año tendría que ser el despegue de una gran generación de emprendedores, y justo está ocurriendo: en 2020, en Estados Unidos se duplicó el número de aplicaciones para abrir nuevas empresas respecto a 2019; en Francia también hubo récords históricos y hay fenómenos similares en Alemania o Japón.

En México deberíamos arrancar una campaña masiva para impulsar el emprendimiento: sector público y privado, sistema financiero, sociedad civil, universidades, trabajando en equipo. Eso no va a pasar pronto.

Se liquidó el Inadem, ni siquiera hay un plan de emergencia económica para pymes, el gobierno desconfía de la iniciativa privada y su estrategia de progreso no va más allá de entregar dinero en efectivo a la creciente población en pobreza, mientras alcance. ¿Qué hacemos tú y yo? El año apenas empieza; puede irse muy rápido.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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