En lo que va del año las principales Bolsas europeas han tenido resultados positivos, al igual que en Estados Unidos, en donde destaca el desempeño del índice NASDAQ con un rendimiento del 7% en el último mes, mientras que en Japón el índice Nikei avanzó un 5% en el mismo periodo. Los analistas afirman que los mercados se comportan en función de las expectativas y por ello se adelantan a los acontecimientos. En otras palabras, identifican las tendencias en su etapa incipiente y poco clara para la mayoría de los actores económicos. La pregunta que surge frente a esta afirmación es: ¿de cuál realidad económica estamos hablando?
Los mercados financieros no son un termómetro del desempeño de los países. Las brechas entre la economía real y la economía financiera se hacen cada vez más profundas y notorias. La economía productiva de las empresas que producen y comercializan bienes y servicios, generan empleos y pagan impuestos, se desarrolla en buena medida al margen de lo que sucede en los mercados bursátiles.
Es cierto que las Bolsas de valores sirven para que los negocios obtengan financiamiento entre el público inversionistas y que, gracias a los avances tecnológicos y a la integración de los mercados, ya es posible obtener capital a escala mundial. Bajo este criterio es razonable asegurar que el mercado bursátil tiene un papel estratégico en la expansión de las empresas, y por ende en el desempeño de la economía en general.
No obstante, en la mayoría de los países el mercado es reducido, comparando el número de compañías participantes contra el tamaño del sector productivo. En nuestro país, por ejemplo, la Bolsa Mexicana de Valores lleva décadas operando con menos de 200 empresas emisoras de valores.
Es pertinente recordar que el grueso de las inversiones bursátiles se mueve en el mercado secundario. El proceso ocurre así: la empresa coloca parte de su capital social en el mercado primario, ya sea para financiar proyectos de inversión o para llevar a cabo una reestructuración financiera. Una vez que las acciones son públicas, se compran y venden en el mercado secundario, cuyos rendimientos no terminan en la tesorería de la emisora, sino en la bolsa de los inversionistas, superando de manera exponencial el capital original producto de la venta de los títulos accionarios, es decir, con ganancias exclusivamente financieras.
El optimismo también está presente en el mercado cambiario en estos primeros meses del 2023. Algunas economías emergentes se han visto favorecidas por el debilitamiento del dólar y la creciente avidez de los inversionistas por sacar provecho de las altas tasas de interés que prevalecen en estos mercados.