La IA es una tecnología de doble filo. Por un lado, tenemos una herramienta en constante desarrollo y evolución, desde los aspectos técnicos hasta la esfera ética. Por otro lado, aprovechar la oportunidad que ésta nos brinda, acelerando el proceso de enseñanza-aprendizaje a través de la innovación, facilita la posibilidad de adquirir conocimientos de una forma más ágil y eficiente, empodera a los docentes y estudiantes, al mismo tiempo que cumple el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4.
Frente a este panorama de oportunidades e implicaciones, aún queda mucho por seguir explorando en educación para conocer no sólo las formas de aplicación de las tecnologías de IA, también, lineamientos de uso para atender aspectos éticos, y sobre todo, las diferentes estrategias para aprovecharla en el proceso enseñanza-aprendizaje. Actualmente la IA está integrada en las actividades cotidianas y, la educación de los jóvenes no es la excepción, por ello es responsabilidad de las instituciones educativas continuar aprendiendo y evaluando sus implicaciones y usos.
En el futuro, la IA seguirá sorprendiendo; la tecnología evolucionará a una mayor velocidad incorporando a nuestras vidas soluciones que aún no sospechamos. El ser humano será retado no solo para desarrollar las nuevas tecnologías, sino también, para entenderlas y aprovecharlas en beneficio de la propia humanidad. En la educación, tendremos la responsabilidad de participar en el proceso de preparar a los jóvenes para participar en el desarrollo futuro de la IA, así como guiarlos en la construcción del contexto que permitirá, desde una visión ética y sustentada en valores, ofrecer nuevas y mejores herramientas para mejorar la calidad de vida.
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Nota del editor: Beatriz Palacios es Directora de Innovación Educativa y Aprendizaje Digital del Tecnológico de Monterrey. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.
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