De igual manera, también se podría mencionar la importancia de esta alineación que deben tener los planes de capacitación de cualquier organización que decida invertir en la formación de su personal, considerando de manera anticipada las competencias que el negocio requiere y las que podrían abonar a su competitividad futura.
En este sentido, hay diversos estudios y publicaciones que abordan estas competencias para el futuro, y por lo general incluyen el pensamiento crítico, la creatividad y la innovación, la adaptabilidad y la resiliencia, la resolución de problemas complejos, el liderazgo, la inteligencia emocional, y las habilidades de comunicación, entre otras.
Todas ellas sin duda son relevantes, pero merece la pena destacar algunas otras que han ido ganado importancia como son el alfabetismo digital, la protección del medio ambiente, la automatización, la aplicación de la inteligencia artificial, el análisis del big data, el diseño de experiencia de usuario, la creación de redes y la influencia social, por mencionar algunas en las que se observan brechas importantes y que, por tanto, también representan oportunidades para ser desarrolladas.
Desde luego, estas competencias pueden priorizarse dependiendo de las necesidades e intereses personales y/o los requisitos laborales de una persona o de la organización de la que se trate, e ir trabajando en ellas de poco a poco, pero con un plan bien definido en cuanto a lo que se desea lograr y el propósito de ello.
Estos conocimientos, habilidades y aptitudes se pueden desarrollar a partir de procesos formativos, que pueden basarse en una capacitación al respecto, pero que indispensablemente requieren de su práctica cotidiana para no quedarse simplemente a nivel teórico, sino que puedan ser internalizarlos a través de la experiencia real y su vivencia continua a nivel individual y/o colectivo.
Por un lado, las instituciones académicas en sus distintos niveles juegan un papel fundamental para que sus modelos educativos y planes de estudio contemplen, en la medida de lo posible, el desarrollo de algunas de estas competencias; y, por otro lado, las organizaciones públicas y privadas también deben hacer lo propio en cuanto a los planes de formación y desarrollo integral que establezcan para su personal.
Ello sin duda repercutirá en la persona tanto a nivel profesional como personal, así como en la competitividad de la organización, fomentando una formación a lo largo de toda la vida y procesos de mejora continua, a partir del upskilling y reskilling que permitirán mejorar algunas competencias existentes o adquirir otras nuevas, respectivamente, y que incluso puede conducir a la certificación de éstas con base en algún estándar de competencias pertinente.