La empresa del sector consumo, impulsada por su casa matriz en Estados Unidos había incursionado en el tema de la excelencia luego de la publicación del libro “En Busca de la Excelencia” (1982), considerada una obra fundacional en la gestión de empresas. La otra asumió el modelo de la Calidad Total, concepto estudiado y desarrollado, entre otros, por William Deming, Armand Freigenbaum, y Kaoru Ishikawa.
Para algunos autores la excelencia va más allá de la calidad ya que implica un compromiso inquebrantable con la mejora continua, la innovación y la superación constante de los estándares; para otros, la calidad es la que puede llevar a una empresa a la excelencia al cumplir con los requisitos y estándares existentes para satisfacer las necesidades del cliente. Para unos la calidad promueve una cultura de cumplimiento y mejora, para otros la excelencia es mejor porque promueve una cultura de innovación y mejora continua en todos los niveles de la empresa.
La gestión empresarial, entendida como el conjunto de estrategias, prácticas y herramientas utilizadas para dirigir y controlar una organización, ha evolucionado hasta convertirse en una disciplina compleja y fundamental en el mundo de los negocios. En un inicio, los principios de gestión se centraban en la eficiencia y la maximización de los recursos disponibles, pero con el paso del tiempo, se han desarrollado nuevas teorías y enfoques que han ampliado el panorama como: Gestión por resultados, Gestión Democrática, Gestión Basada en Procesos, Gestión Centralizada, o la Gestión Basada en el Valor.
Independiente del modelo de gestión que se adopte, actualmente este tema se ha vuelto más complejo y dinámico debido a la globalización, la innovación tecnológica y la importancia de la sostenibilidad. No obstante, me parece que en la actualidad hay dos factores que tienen particular relevancia: el humano y el tecnológico.
En mi incursión en el sector privado me llamó la atención el ser reclutado no por la Dirección de Personal, sino por un área identificada como “Recursos Humanos”, que es como se conoce en la administración moderna. El tema es que cuando una empresa reconoce como uno de sus valores a sus empleados y colaboradores, dicho valor se demerita al etiquetarlo como “recurso”.
El ser humano tiene una dignidad por el sólo hecho de existir, misma que, de acuerdo con la Iglesia Católica, “no puede ser nunca eliminada y permanece válida más allá de toda circunstancia en la que pueden encontrarse los individuos”. Por esta dignidad, el ser humano no debería ser considerado como un recurso, equivalente a un objeto que se puede disponer o desechar acorde a una necesidad por muy legítima que sea, sino como una persona con el intelecto y las capacidades necesarias para desarrollar un trabajo determinado.
El valor de los empleados implica cuidar no sólo su desarrollo y crecimiento dentro de la organización, sino también las condiciones de trabajo y, desde luego, su calidad de vida. Especialistas dicen que las organizaciones responsables con las condiciones de los trabajadores son más productivas.
El factor tecnológico está transformando continuamente la forma en que se realizan las tareas y se toman decisiones. Específicamente la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en herramienta clave para mejorar la eficiencia y la toma de decisiones estratégicas basadas en evidencia y ha abierto nuevas oportunidades para la personalización y la segmentación de mercados.