De acuerdo con la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) un residuo es un material o producto cuyo propietario o poseedor desecha en estado sólido o semisólido, líquido o gaseoso y que se contiene en recipientes o depósitos. Pueden ser susceptibles de ser valorizados o requieren sujetarse a tratamiento o disposición final.
Dependiendo de su manejo, esta Ley clasifica los residuos en tres tipos: sólidos urbanos, de manejo especial y peligrosos. Los residuos sólidos urbanos son los generados en las casas que resultan de las actividades domésticas, de los productos que consumimos y de sus envases, embalajes o empaques; son también los que se generan en establecimientos o en la vía pública con características domiciliarias. En conclusión, es en el manejo de estos residuos donde como sociedad podemos hacer una diferencia.
Según cifras de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en México se generan diariamente 102,895 toneladas de residuos, un kilogramo en promedio por habitante. Del 100% de los residuos generados, el 46.42% se clasifica como orgánicos, el 31.56% corresponde a residuos inorgánicos susceptibles de aprovechamiento, y el 22.03% a “otros residuos” (Semarnat 2020).
Si pensamos en las actividades que realizamos en un día y los residuos que por estas generamos, podremos encontrar: restos de comida, de jardinería, sanitarios, envases y empaques de diferentes materiales como plástico, aluminio, vidrio o cartón. Pero no todos los residuos que generamos pueden someterse al mismo tipo de tratamiento.
Para los residuos orgánicos existen plantas de composteo, en las cuales se lleva a cabo un proceso de degradación y descomposición de la materia orgánica, utilizando la acción de microorganismos y el oxígeno para obtener un producto final rico en nutrientes que puede ser utilizado como abono.
Para el tratamiento de los envases y empaques, existen diferentes mercados de acopio y reciclaje. El acopio es el paso previo al reciclaje y consiste en la recepción, clasificación y almacenamiento temporal de diversos tipos de materiales (plásticos, papel, cartón, vidrio, aluminio). Por otro lado, el reciclaje es la acción de transformar los residuos acopiados en nuevos materiales o productos a través de diferentes procesos industriales. Por ejemplo, una botella de plástico PET que separamos en casa y posteriormente acopiada y reciclada, puede transformarse nuevamente en otra botella.
Entonces, si hoy existe la tecnología y los mecanismos para tratar los residuos que generamos ¿Por qué estamos enfrentando un problema de contaminación por residuos? Pueden ser varias las respuestas a esta pregunta, pero en mi experiencia todo se relaciona con el acopio de los materiales.
En muchos países no se cuenta con una infraestructura adecuada ni suficiente de recolección y separación, lo que ocasiona que muchos materiales que pueden ser valorizados acaben en rellenos sanitarios. Sin embargo, si nosotros como sociedad queremos contribuir a minimizar esta problemática ambiental es fundamental tomar conciencia sobre lo importante que es separar los residuos que generamos en nuestras actividades diarias.
Cuando nosotros generamos residuos en casa, en la escuela, en la oficina, debemos clasificarlos en orgánicos e inorgánicos. Suena una tarea “sencilla” pero aún está lejos de formar parte de nuestra cultura. En la fracción inorgánica podemos incluir cualquier tipo de envase y empaque, con ello contribuimos a que estos no se contaminen con otro tipo de residuos y facilitamos su separación una vez recolectados.