El mismo peso que a finales de 2024, en medio del pesimismo, parecía condenado pues rondaba los 20.80 pesos por dólar (ppd) hoy se acomoda tímidamente alrededor de los 18 pesos por dólar. Difícil imaginar un mejor regalo navideño para quienes desean comprar bienes importados o simplemente viajar fuera de México en estas fechas.
Hace apenas un año, México era visto por muchos como el pobre “angelito” de los mercados, abandonado a su suerte con una economía con amenazas severas por parte de su mayor socio comercial sobre la mayoría de sus exportaciones, incertidumbre política ante la concentración de poder, pesimismo generalizado y poco entendimiento entre el sector público y privado.
Sin embargo, en un giro digno de un cuento navideño, el desenlace de 2025 ha sido muy distinto. Como Ebenezer Scrooge al final de la historia, México terminará cerrando el año otorgando regalos financieros que pocos o nadie anticipó.
La pregunta incómoda es inevitable, ¿por qué Santa premiaría a una economía que apenas evitó la recesión y que aún no presenta un plan claro para recomponer su desempeño a corto, mediano o largo plazo?
Con tanta incertidumbre hacia adelante, parecería poco razonable asumir que este desempeño extraordinario del peso sea sostenible. Y, sin embargo, vale la pena plantear otra lectura: ¿si este no es un regalo para México, sino un carbón para Estados Unidos?
En un entorno donde los inversionistas globales observan con lupa la falta de ortodoxia de un plan fiscal sostenible, así como la creciente injerencia del Ejecutivo para influir en la Reserva Federal, la narrativa cambia. No se trata de Santa celebrando el buen comportamiento, sino de premiar a quien se porta menos mal.
Al final, ¿qué pesa más para los inversionistas? el desempeño gris de una economía que representa apenas 6% de la estadounidense, o el riesgo de aumentar la probabilidad de una recesión en la principal economía del mundo, al tiempo que se pone en duda la independencia de su banco central.
Más allá del peso, ¿qué otros regalos aparecieron bajo el árbol de Navidad?Ahí están los rendimientos regalados de acciones mexicanas y Fibras que rondan alrededor del 30 al 40%, una combinación difícil de ignorar. Esto se explica por un daño limitado a las exportaciones que no utilizan el tratado de libre comercio, el buen manejo de las negociaciones comerciales y la esperanza que no muere de que, por simple conveniencia, las presiones desde Estados Unidos disminuyan en algún momento. Con ello, no sería descabellado ver un regreso de la retórica del nearshoring.
Por último, quizá el regalo menos vistoso, pero sin duda uno de los más atractivos a futuro: la deuda gubernamental de largo plazo que podría tener rendimientos cercanos al 20%, pues este activo ha comenzado a capitalizar los menores intereses por pagar hacia adelante, derivados del ciclo de recortes de Banxico, que atraviesa su segundo año más agresivo de reducción de tasas en la historia, solo detrás de 2009, durante la Gran Crisis Financiera, y empatado con el año de la pandemia.
Incluso si las tasas de deuda de largo plazo simplemente se estabilizan, siguen representando una alternativa muy atractiva para inversionistas con compromisos u objetivos de largo plazo como el retiro, la educación universitaria de los hijos o patrimonios enfocados en flujos de interés.