El 2026 perfila un entorno singular para los mercados mexicanos. La combinación de estabilidad interna, con una política fiscal prudente, inflación a la baja y condiciones monetarias cada vez menos restrictivas, converge con factores externos capaces de cambiar el rumbo de sectores enteros, como la revisión del T-MEC, los ajustes arancelarios en Estados Unidos y la reorganización de cadenas globales. Para los inversionistas, la lectura es clara. No se trata solo de identificar oportunidades, sino de entender cómo capturar valor en un contexto donde dominar el riesgo será tan importante como asumirlo.
Invertir en 2026, entre la gestión del riesgo y los catalizadores coyunturales
Los instrumentos de bajo riesgo emitidos por el gobierno mantendrán atractivo en un ciclo de tasas descendentes. A la par, sectores vinculados a infraestructura, logística y turismo entrarán a una dinámica excepcional impulsada por la Copa Mundial 2026, un evento que trascenderá lo deportivo para convertirse en un motor de ingresos, consumo y flujo operacional para industrias específicas. Aeropuertos, hotelería, comercio de proximidad, estadios y medios de comunicación se beneficiarán de un entorno de alta demanda temporal, con efectos tangibles sobre sus estados financieros.
Los aeropuertos consolidarán mayores ingresos no solo por tránsito, sino por consumo en terminales, servicios comerciales y movilidad asociada al turismo. En hotelería, las tasas de ocupación cercanas al máximo habilitarán modelos más rentables de gestión tarifaria. El comercio cotidiano, apalancado en presencia territorial y capilaridad, observará un incremento natural del flujo y del gasto promedio. Los estadios monetizarán asistencia, experiencias, eventos asociados y actividades conexas, como el entretenimiento deportivo. Los medios, por su parte, competirán por el activo más valioso de la economía digital: la atención; transformando audiencias en ingresos publicitarios y plataformas en activos estratégicos.
Así, infraestructura, medios y marcas vinculadas a la Copa Mundial aprovecharán la exposición global para fortalecer su posicionamiento y generar retornos atractivos. Ciudades como Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México se preparan para recibir una ola de visitantes que detonará proyectos de infraestructura hotelera, transporte y entretenimiento. La inversión en estos rubros no solo generará rentabilidad inmediata, sino que también consolidará capacidades de largo plazo para posicionar al país como destino competitivo. En paralelo, el mercado inmobiliario seguirá fortaleciéndose, impulsado por la expansión de los Fideicomisos de Infraestructura y Bienes Raíces (FIBRAS), instrumentos que combinan rendimientos estables con exposición al sector real.
La manufactura seguirá siendo otro pilar del crecimiento, aunque no exento de riesgos. La renegociación del T-MEC podría redefinir las reglas del comercio norteamericano, afectando costos y competitividad en ramas clave. Sin embargo, la posición geográfica y la base industrial del país continúan siendo ventajas estratégicas que respaldan la atracción de inversión extranjera directa. De manera complementaria, los sectores de tecnología, automatización e inteligencia artificial se consolidan como apuestas de futuro, esenciales para mantener la productividad y la competitividad en la economía digital.
La reconfiguración del comercio regional y las posibles tensiones arancelarias pueden afectar estructuras de costo, márgenes y modelos operativos. El nearshoring, más que una narrativa de expansión, entrará en una etapa de ajuste orientada a la resiliencia competitiva. Ante ello, la gestión cambiaria, la protección de liquidez y la diversificación táctica de portafolios serán herramientas de primera importancia para evitar decisiones reactivas en ciclos de volatilidad.
Las mejores oportunidades de 2026 no surgirán únicamente de leer correctamente los catalizadores, sino de estructurar inversiones que capturen choques positivos y mitiguen exposiciones negativas. El diferencial será para quienes puedan convertir estas tendencias en retornos consistentes.
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Nota del editor: Jorge Enrique Velarde Chapa es profesor del departamento de Finanzas y Economía de Negocios de EGADE Business School. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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