Durante mi merecido periodo de vacaciones, aproveché para leer, meditar y reflexionar sobre distintos temas y llegué a la conclusión de que todo lo que quieras en esta vida, debes hacerlo por ti.
Pensar así te traerá paz interior, reconciliarte con tu entorno, las personas y tantas circunstancias que pudieron haberte dejado heridas, frustraciones, rencores, etcétera, las cuales no te dejarán nada bueno; por el contrario, solo a ti te ocasionan daño.
Cosas sencillas de la vida, en el plano que les guste; en el laboral, si llegas antes a tu oficina, aun cuando tus compañeros lleguen dos horas más tarde, nadie lo reconocerá, pero tú date ese gusto porque es cuando más puedes trabajar y avanzar.
El ponerte la camiseta, frase trillada, es justo eso: buscar ir más allá de tus metas y de lo que tus líderes o compañeros esperan de ti, exceder las expectativas. Sin embargo, en la vida llega un momento en donde vale la pena declinar a esperar reconocimiento, crecimiento o aumentos, porque a quien no le interesa, jamás lo va a reconocer, ni en palabra, gestión o remuneración económica.
Aprender a reconciliar el hecho de buscar tu crecimiento es hacer las paces con ello, en que tú haces lo mejor posible; esa satisfacción nadie te la puede quitar del corazón.