Mi convicción es clara: 2026 marcará un punto de inflexión para las áreas de Capital Humano. No por moda, sino por la madurez y sofisticación de las herramientas de IA, que están redefiniendo la forma en que las organizaciones atraemos, desarrollamos y potenciamos a las personas. El verdadero valor no está sólo en automatizar procesos, sino en usar la tecnología para tomar mejores decisiones, con mayor contexto y menos intuición.
Uno de los cambios más relevantes ocurre en la identificación de habilidades. Durante décadas, la evaluación de talento se apoyó en métodos estáticos: currículums, entrevistas y pruebas estandarizadas que, muchas veces, dejan fuera matices clave del potencial humano. La IA introduce una nueva capa de lectura al analizar patrones de desempeño, comportamientos y evolución de competencias, lo que permite identificar habilidades críticas con mayor precisión. No sustituye el criterio humano; lo afina. Funciona como una lupa que reduce sesgos y revela talento que antes pasaba desapercibido.
La formación y el desarrollo profesional también viven una transformación profunda. Las rutas de aprendizaje personalizadas dejan de ser una aspiración teórica para convertirse en una práctica real. Desde nuestra experiencia como empresa, al migrar hacia una gestión del talento basada en skills, hemos comprobado que alinear el desarrollo con las habilidades actuales, los objetivos personales y profesionales, así como los ritmos individuales y las necesidades de nuestro negocio, el crecimiento profesional deja de ser genérico y se vuelve significativo. La IA permite ajustar estos planes en tiempo real, para ofrecer contenidos relevantes justo cuando se necesitan y para cerrar, de forma más efectiva, la brecha entre talento y mercado.