Publicidad
Revista Digital
Publicidad

La burbuja de la Inteligencia Artificial, entre la revolución y la especulación

Muchas empresas están siendo valuadas como si la IA ya hubiera transformado por completo la productividad, los costos y los ingresos, cuando en realidad ese impacto aún está en construcción.
jue 12 febrero 2026 06:07 AM
Burbuja financiera
Los mercados están apostando a una idea muy clara: la IA va a cambiarlo todo, y además lo hará rápido, apunta Francisco J. Orozco. (iStock)

Definitivamente estamos frente a una de las disrupciones tecnológicas más importantes en la historia de la humanidad. La Inteligencia Artificial (IA) ya no es una promesa futura: está aquí, se usa todos los días y está transformando la manera en la que trabajamos, consumimos y tomamos decisiones. Sin embargo, junto con este avance legítimo, comienza a instalarse una sensación incómoda: ¿no estaremos sobrevaluando y sobrestimando lo que la IA realmente puede hacer hoy? En otras palabras, ¿estamos frente a una burbuja?

Publicidad

“IA” es un acrónimo que se repite cada vez más en conversaciones cotidianas, en medios de comunicación, en los pasillos de las empresas, en redes sociales e incluso en reuniones familiares. Pero, conforme se normaliza el término, otra palabra empieza a acompañarlo con mayor frecuencia: burbuja. La pregunta es inevitable: ¿en qué punto nos encontramos?, ¿estamos frente a la innovación que lo está cambiando todo o estamos inflando expectativas (incluidas las financieras) que no necesariamente se materializarán en el corto plazo?

Conviene empezar desde la base. En términos financieros, una burbuja ocurre cuando el precio de un activo crece mucho más rápido que su valor real, impulsado por expectativas, emociones y especulación, más que por fundamentos sólidos. No significa que el activo no valga nada; significa que se le está exigiendo que sea perfecto… demasiado pronto.

Este punto es clave. La existencia de una burbuja no implica que la tecnología sea falsa o inútil. Implica que el mercado puede estar exagerando el ritmo, el tamaño o el momento en el que los beneficios llegarán. Y esto no sería la primera vez que ocurre.

Basta recordar lo sucedido a finales de los años 90. Internet estaba cambiando al mundo. Cualquier empresa que incluyera “.com” en su nombre lograba levantar millones de dólares. Muchas no tenían ingresos; algunas ni siquiera contaban con un modelo de negocio claro. En el año 2000, la burbuja explotó: el Nasdaq cayó cerca de 80% y miles de empresas desaparecieron. Pero aquí está el matiz importante: Internet no desapareció. Al contrario, se volvió indispensable. Amazon sobrevivió. Google nació en medio del caos. La burbuja explotó, pero la revolución se quedó. No es un dato menor que, hoy, esas mismas empresas lideren el auge de la IA.

Publicidad

Entonces, ¿qué está ocurriendo actualmente con la IA? Desde la perspectiva financiera, es evidente que vivimos un periodo de euforia. Empresas como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Meta han visto crecer su valor de mercado de manera extraordinaria. Nvidia, por ejemplo, ha llegado a ser por momentos la empresa más valiosa del mundo, impulsada por la demanda de chips especializados para IA. Los mercados están apostando a una idea muy clara: la IA va a cambiarlo todo, y además lo hará rápido.

Cuando los mercados creen eso, ocurre algo peligroso: empiezan a descontar hoy ganancias que todavía no existen. Muchas empresas están siendo valuadas como si la IA ya hubiera transformado por completo la productividad, los costos y los ingresos, cuando en realidad ese impacto aún está en construcción.

Aquí se encuentra el corazón del debate: expectativas versus realidad. La IA es impresionante, sin duda. Chatbots, generación de texto e imágenes, análisis de datos, automatización de procesos. Pero también existe una realidad menos glamorosa: es costosa de operar, consume enormes cantidades de energía, requiere infraestructura compleja y, en muchos casos, todavía no genera utilidades claras. De hecho, numerosas empresas están invirtiendo miles de millones de dólares en IA sin contar aún con un modelo de negocio rentable.

El mito es pensar que “la IA ya está generando valor financiero masivo en todas las empresas”. La realidad es que, en la mayoría de los casos, todavía no. Muchas organizaciones adoptan soluciones de IA más por miedo a quedarse fuera de la tendencia que por beneficios comprobados.

Publicidad

Ahora bien, tampoco se trata de caer en el extremo opuesto. A diferencia de la burbuja punto com, hoy los protagonistas no son startups frágiles, sino empresas gigantes, rentables y con flujos de efectivo reales. No están apostando su supervivencia a la IA; están financiando su desarrollo con investigación seria y con recursos propios. Esto hace que esta burbuja —si lo es— sea menos frágil, aunque no por ello menos riesgosa.

El verdadero riesgo, a mi juicio, es creer que el crecimiento será inmediato. El mayor error financiero no es creer en la IA; el mayor error es asumir que todo ocurrirá al mismo tiempo y sin tropiezos. La historia nos muestra que las revoluciones tecnológicas tardan más de lo esperado y que los beneficios reales suelen llegar después del “hype”.

La IA ya está transformando —y seguirá transformando— industrias enteras como las finanzas, la educación, la salud, la logística o el marketing. Pero no necesariamente mañana ni al ritmo que hoy descuentan los precios de las acciones.

La burbuja no niega la revolución. Solo nos recuerda que los mercados suelen emocionarse más rápido que la realidad.

_____

Nota del editor: Francisco Orozco es profesor de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad