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El alto costo de inyectar fondos en exceso antes de validar los fundamentos del negocio

La abundancia de capital crea un escenario irreal en el que los fundadores creen que el financiamiento es infinito, lo que los aleja de los procesos cíclicos necesarios.
mié 22 abril 2026 06:02 AM
tipo de cambio hoy
Recaudar más capital en rondas cada vez más grandes bajo la creencia irracional de que el flujo de dinero y la escala tecnológica resolverán deficiencias del modelo de negocio suele colapsar la estructura de la empresa antes de validar su ajuste entre producto y mercado, considera Juan Alberto González Piñón. (TURGUT ERKISI/Getty Images)

Según la Asociación Mexicana de Capital Privado, entre el 2021 y 2022, tan solo en el sector fintech se invirtieron 6,607 millones de dólares, lo que representa el 65% del capital de riesgo invertido en los últimos cinco años. Esta realidad se enmarca en una tendencia global donde el número de rondas de financiación que recaudan más de 100 millones de dólares se triplicó entre 2019 y 2021, una práctica que la firma CB Insights denomina como "foie gras'ing".

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En el ámbito financiero internacional existe la hipótesis de que una parte de las causas que llevan a la quiebra a los startups es la excesiva captación de fondos en la búsqueda de alcanzar una valuación superior a 1,000 millones de dólares, dejando en segundo término la búsqueda de la rentabilidad a causa del propio core del negocio.

Si bien es cierto que las empresas emergentes necesitaban atraer inversión con rapidez para establecer una posición dominante en el mercado, también es cierto que inundar con inyecciones de capital a esas compañías, e incluso trasladar ese flujo de inversión hacia los usuarios a través de precios artificialmente bajos e incentivos generosos, no siempre logra eliminar a la competencia, ni justificar sus valuaciones estratosféricas.

Incrementar artificialmente la valuación para fomentar la tracción comercial puede ser un paso a la muerte. Bill Gurley destaca que inversiones de hasta $300 millones en empresas con apenas 12 meses de vida califican como un comportamiento de "burbuja".

La abundancia de capital crea un escenario irreal en el que los fundadores creen que el financiamiento es infinito, lo que los aleja de los procesos cíclicos necesarios. Recaudar más capital en rondas cada vez más grandes bajo la creencia irracional de que el flujo de dinero y la escala tecnológica resolverán deficiencias del modelo de negocio suele colapsar la estructura de la empresa antes de validar su ajuste entre producto y mercado.

Estas valuaciones unicornio, basadas en el fervor de los primeros usuarios y promesas futuras, obligan a burn rates insostenibles que distorsionan las prioridades estratégicas y dificultan la construcción de un negocio a largo plazo.

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Las startups en etapas tempranas y de crecimiento deben medir el riesgo de escalar a múltiples mercados internacionales antes de consolidar la operación local, para no comprometer la consistencia del producto. La madurez de una empresa debe medirse ahora por su capacidad para utilizar datos y tecnología en la eliminación de fricciones y en el refinamiento de modelos de pricing, más que en el volumen bruto de ventas. Es fundamental avanzar en tres aspectos:

1. Comprender y registrar con datos claros la consolidación del modelo y la experiencia del cliente.

2. Profundizar en las capacidades que demanda el sector para trazar rutas de crecimiento con eficiencia operativa.

3. Mantener la conexión con los fundamentos incluso en la abundancia, evitando que las valuaciones se inflen por métricas de inventario o transacciones si la infraestructura no escala al mismo ritmo.

La prueba de que el mercado ya no tolera el gasto desmedido es contundente. El fiasco de WeWork demostró que no se puede "quemar dinero" año tras año sin un camino claro a la rentabilidad. Kavak, que alcanzó una valuación de 1,150 millones de dólares en solo cuatro años tras recibir inyecciones de Nazca Ventures, General Atlantic, DST Global, GreenOaks y SoftBank, es un ejemplo de las dinámicas que requieren reajustes de realidad, pues las correcciones suelen ser drásticas. Asimismo, OpenAI ha girado su tesis hacia la rentabilidad, cancelando proyectos especulativos como Sora, cuyo gasto diario de 15 millones de dólares era insostenible, para priorizar la productividad empresarial de cara a una IPO. Finalmente, el fracaso de mega-acuerdos como Stargate evidencia la brecha entre promesas y realidad comercial.

Los inversionistas de etapas tardías deben exigir ahora una disciplina financiera que penalice el burn rate ineficiente. En México, este cambio es crítico, ya que la escasez de inversionistas con experiencia real en evaluación de base tecnológica, sumada a las brechas en propiedad intelectual y soluciones comercializables, reduce el atractivo para el capital que busca activos intangibles valorizables. En mercados menos desarrollados, superar la preferencia por sectores tradicionales (construcción o bienes raíces) requiere que las empresas tecnológicas demuestren un balance real entre consolidación y capacidad de expansión con consistencia operativa.

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El éxito lo dictamina el mercado. Es difícil saber cuándo ocurrirá, pero no te lo dictarán tus mentores, ni un inversionista, ni un experto, ni las tendencias: te lo dirá el mercado.

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Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es Director Corporativo de Innovación y Transferencia de la Universidad Panamericana. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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