Es necesario evitar una confianza irracional que asuma que los graves problemas sociales se resolverán automáticamente con nuevas aplicaciones técnicas o con el simple crecimiento económico, sin considerar aspectos éticos ni cambios de fondo en el estilo de vida. Un avance tecnológico y económico que no deje un mundo mejor, que deteriore la calidad de vida o destruya el medio ambiente, simplemente no puede considerarse un verdadero progreso. Es relevante recordar que, aunque la tecnología avance, las cuestiones fundamentales de la dignidad humana y la justicia permanecen.
La creación de valor es un concepto multidimensional que ha evolucionado significativamente con la apertura de nuevos mercados y el surgimiento de modelos de negocio colaborativos que, apoyados en la tecnología, han impulsado la creación de ecosistemas que generan valor, facilitando interacciones e intercambios de alto valor entre diversos stakeholders.
Estos ecosistemas o plataformas buscan maximizar el valor total para los actores que participan en ellos, lo que origina efectos de red, en los que el valor de la plataforma aumenta a medida que se suman más participantes. Para que esta creación de valor sea sostenible, la plataforma o el ecosistema debe compartir de manera justa el excedente o los beneficios de estos efectos en red con todos los participantes.
En los mercados de bajos ingresos de los países en desarrollo, la creación de valor a través de estas plataformas o ecosistemas es inseparable del combate a la exclusión y del fortalecimiento del desarrollo humano sostenible; en estos entornos, la mejor vía para lograrlo es cocrear soluciones e innovar junto con la sociedad.
En este contexto, las universidades y centros de investigación actúan como plataformas científicas y tecnológicas que aportan y adquieren un inmenso valor añadido al traducir el conocimiento en innovaciones de gran importancia social.