El reporte señala que, en Estados Unidos, seis de cada 10 personas afirman prestar atención alta y moderada a los asuntos políticos. Este dato no es menor: la información es un prerrequisito de la participación. Quienes se mantienen informados tienden a involucrarse y expresar sus opiniones y confían en la capacidad ciudadana para generar cambios. Sin embargo, el mismo documento revela una paradoja central: el consumo intensivo de redes sociales incrementa la sensación de empoderamiento, pero no necesariamente fortalece el compromiso con la democracia como sistema de gobierno.
Los usuarios intensivos —aquellos que pasan más de cinco horas diarias en plataformas— reportan sentirse más representados y con mayor capacidad de incidencia política. Por ejemplo, 44% considera que los ciudadanos pueden generar cambios, frente a 30% de quienes no usan redes . No obstante, este mismo grupo es menos proclive a considerar a la democracia como la mejor forma de gobierno y tiende a sostener posturas más extremas o menos conciliadoras.
A ello se suma un fenómeno crítico: la sobrecarga informativa. Cerca de 60% de los encuestados afirma sentirse abrumado por la cantidad de información. Esta saturación no es trivial: reduce la confianza para participar, inhibe la expresión pública y genera la percepción de no estar suficientemente informado para involucrarse. En otras palabras, más información no necesariamente produce mejores ciudadanos, pues, en algunos casos, los paraliza.
México no es ajeno a los hallazgos. Por un lado, la OCDE reporta que el país se encuentra entre aquellos con mayor uso de redes sociales como fuente de información. Por otro, los datos de Gallup permiten advertir que la centralidad de estas plataformas puede amplificar la participación, pero también profundizar la desinformación, la polarización y la fatiga informativa.
Otro dato clave del estudio es que 77% de las personas considera a su entorno cercano —familia, amigos, vecinos— como fuente importante de información. Este elemento es especialmente pertinente para México, donde la confianza interpersonal suele superar la confianza en instituciones. La circulación de información en redes, entonces, no es solo algorítmica: es también social, mediada por vínculos de confianza que pueden tanto fortalecer como distorsionar el debate público.