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Revista Digital
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Última llamada para conservar tu línea... ¡y tu banco!

Millones de personas están descubriendo que una parte relevante de su acceso al sistema financiero depende de un número telefónico.
La selfie obligatoria frena el registro telefónico: 7 de cada 10 usuarios en zonas rurales no pueden terminarlo
Millones de mexicanos acabamos de descubrir algo que los bancos, el gobierno, las fintech y las plataformas digitales sabían desde hace tiempo: nuestro teléfono ya no es un medio de comunicación, es la llave de acceso a nuestro dinero, apunta Manuel Herrejón Suárez. (Mario Jasso/Cuartoscuro)

Pocos mexicanos podrían decir de memoria cuánto dinero tienen en efectivo en este momento, en su cartera o en su cuenta bancaria. En contraste, la mayoría sabemos perfectamente dónde está nuestro teléfono. No es casualidad.

El celular se convirtió silenciosamente en el objeto más importante de la vida financiera moderna. Ahí están las aplicaciones bancarias, las transferencias, los mecanismos de autenticación, las inversiones, los pagos, las compras, los créditos y buena parte de la información que permite mover dinero todos los días.

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Por eso me parece que, el enfoque de la polémica acerca del registro obligatorio de líneas móviles, está mal calibrado.

Muchos están concentrados en la obligación de registrar su número. Otros discuten los alcances regulatorios de la medida y la posible filtración de datos. Algunos más se enfocan en las implicaciones para las compañías de telecomunicaciones.

Sin embargo, creo que el verdadero hallazgo de esta historia es otro. Millones de personas están descubriendo que una parte relevante de su acceso al sistema financiero depende de un número telefónico.

La reciente advertencia de la Asociación de Bancos de México (de registrar sí o sí el teléfono antes del 30 de junio) puso sobre la mesa una dura y contundente realidad. Una línea suspendida te deja fuera de la jugada para acceder a aplicaciones bancarias que utilizan el teléfono como mecanismo de autenticación y validación de identidad. Punto.

Ese detalle aparentemente técnico cambia por completo la perspectiva.

Porque cuando una persona pierde acceso a una línea telefónica ya no enfrenta únicamente un problema de comunicación. Puede encontrar obstáculos para validar operaciones, recuperar accesos, autorizar movimientos o interactuar con servicios financieros que forman parte de su vida cotidiana.

Lo interesante es que esta dependencia no fue producto de una decisión deliberada de los usuarios; fue la consecuencia natural de un proceso de digitalización que avanzó más rápido que la reflexión pública sobre sus implicaciones.

Durante años celebramos la expansión de la banca digital. Millones comenzamos a realizar operaciones sin necesidad de acudir a la sucursal. Las transferencias se volvieron más rápidas, los pagos más sencillos y el acceso a servicios financieros más amplio. La tecnología eliminó barreras que durante décadas limitaron la inclusión financiera.

Pero toda transformación genera nuevas dependencias.

La transición digital modificó la forma en que usamos los bancos y también transformó la infraestructura sobre la que descansa nuestra relación con el dinero.

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Anteriormente la estabilidad financiera cotidiana dependía principalmente de sucursales, tarjetas, cheques o efectivo. Hoy depende cada vez más de sistemas de autenticación digital que operan a través de dispositivos móviles. La transición ocurrió tan rápido que prácticamente nadie la discutió, simplemente nos acostumbramos.

Nos acostumbramos a validar operaciones mediante códigos enviados al teléfono, a recuperar contraseñas mediante mensajes, a confirmar transferencias con la huella digital. Nos acostumbramos a que el teléfono funcionara como una extensión de nuestra identidad financiera.

Cuidado. Hoy existe la posibilidad de perder acceso a esa herramienta, y descubrimos el tamaño de nuestra dependencia.

La relevancia del tema va mucho más allá de la telefonía. Lo que está en juego es la resiliencia de una economía que avanza aceleradamente hacia la digitalización financiera.

México ha impulsado durante años la inclusión financiera mediante aplicaciones móviles, pagos electrónicos y banca digital. El avance es positivo. Ha permitido incorporar a millones de personas al sistema financiero formal y reducir barreras de acceso que antes parecían inevitables.

Sin embargo, la evolución tecnológica también obliga a formular nuevas preguntas. ¿Qué ocurre cuando el acceso al sistema financiero depende de un único mecanismo de autenticación? ¿Qué tan preparados están los usuarios, las instituciones financieras y las autoridades para enfrentar interrupciones, errores administrativos, fraudes o vulnerabilidades asociadas con esa dependencia?

La experiencia internacional muestra que la digitalización financiera no consiste únicamente en crear más servicios digitales. También implica fortalecer esquemas de protección de datos, mecanismos alternativos de validación de identidad y sistemas capaces de garantizar continuidad operativa cuando una pieza de la infraestructura falla.

Y hoy el teléfono móvil ya forma parte de esa infraestructura.

No se trata únicamente de registrar una línea telefónica. Se trata de entender hasta qué punto el teléfono se convirtió en una pieza crítica de la arquitectura financiera del país y hasta qué punto, millones de personas dependemos de él para administrar nuestro patrimonio, realizar pagos o acceder a nuestros propios recursos.

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Quizá la noticia más importante de toda esta discusión es que millones de mexicanos acabamos de descubrir algo que los bancos, el gobierno, las fintech y las plataformas digitales sabían desde hace tiempo: nuestro teléfono ya no es un medio de comunicación, es la llave de acceso a nuestro dinero. Y cuidado con perderla.

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Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez (síguelo en X como @ManuelHerrejonS) es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Tags

Opinión Telefonía móvil HSBC, banca-digital, finanzas-personales

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