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Las personas pierden hasta 3 horas al día en redes sociales

En un entorno donde el diseño se enfoca en distraer es difícil medir el costo diario, pero en el caso de México, la adicción a las redes sociales tiene un tiempo promedio.
mar 24 febrero 2026 01:00 PM
Pasas hasta tres horas al día en redes sociales, pero el problema no eres tú: por qué te atrapan tanto
La adicción a este tipo de plataformas ya incentivo restricciones en países como Australia. (recep-bg/Getty Images)

Tomas tu celular para revisar un código de autenticación, pero de paso ves que hay una notificación en Instagram y una más en TikTok. Entras sólo a revisar y cuando te das cuenta ya pasaron 20 minutos, el código ya expiró y tu concentración se esfumó. Esta escena es más común de lo que se cree y genera pérdidas de productividad para las empresas, pero también para los usuarios.

Diversos análisis sobre hábitos digitales estiman que un trabajador promedio pierde alrededor de tres horas diarias en plataformas digitales, principalmente redes sociales y mensajería, lo que equivale a más de 15 horas semanales y cerca de 780 horas al año. En términos económicos, es una merma equivalente a casi cuatro meses laborales completos por persona.

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Esto equivale a que las personas podrían aprender un idioma, pues se requieren entre 600 y 750 horas para alcanzar un nivel intermedio-alto, también pueden mejorar su salud, pues dedicar una hora diaria a ejercicio reduce riesgos de enfermedades crónicas, tres horas permiten integrar rutinas completas de actividad física, descanso y autocuidado, con impacto directo en la calidad de vida y la productividad o leer 30 páginas por hora implica que, en 780 horas, una persona podría leer más de 100 libros al año.

Pero esta situación es provocada por el diseño de las redes sociales, pues están pensadas para maximizar el tiempo de permanencia a través de mecanismos como el scroll infinito, las notificaciones constantes y los sistemas de recomendación hiperpersonalizados.

“Los algoritmos psicológicos probados fomentan dopamina, generan una especie de adicción similar a las máquinas tragamonedas”, explicó María del Carmen Fernández, directora del Observatorio de Medios Digitales del Tec de Monterrey.

Dentro del modelo de negocio de Instagram, TikTok o YouTube la atención de los usuarios es el activo principal. Cuanto más tiempo permanece un usuario en la plataforma, mayor es la exposición a anuncios y, por tanto, los ingresos.

Tristán Harris, exdiseñador de Google y uno de los críticos más visibles de la industria tecnológica, señaló que parte de su trabajo era este y afecta a niños, jóvenes y adultos. “No es que los usuarios carezcan de fuerza de voluntad, hay miles de ingenieros trabajando para capturar su atención”, indicó Harris.

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Impactos en la salud mental

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cerca de 1,000 millones de personas en el mundo viven con algún trastorno mental, con un incremento particularmente marcado en jóvenes y adolescentes. Aunque las causas son multifactoriales, el uso intensivo de redes sociales aparece cada vez con mayor frecuencia como un factor asociado.

La exposición constante a estímulos, la comparación social, la búsqueda de validación y la sobrecarga de información configuran un entorno propicio para la ansiedad, la depresión y los trastornos de atención. En México, estas dinámicas se agravan por la alta penetración digital y la falta de mecanismos de contención.

“Hay una adicción en Latinoamérica del 77% entre los universitarios, en México hay jóvenes con síntomas de ansiedad ligados a redes”, señala Fernández. A esto se suma un deterioro en la capacidad de concentración, derivado de la exposición continua a estímulos breves e intensos.

Con cerca del 80% de la población conectada, de acuerdo con datos de la Enduith del Inegi, y una adopción masiva de smartphones entre jóvenes, México presenta condiciones propicias para la expansión del fenómeno.

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Nueve de cada diez adolescentes tienen acceso a un dispositivo propio, lo que reduce la supervisión y amplifica el consumo, según datos de The CIU.Plataformas como TikTok, con videos cortos y altamente personalizados, o entornos de gaming como Roblox, basados en recompensas inmediatas, incrementan el potencial adictivo.

“Se empiezan a ver casos de violencia que podrían tener sus orígenes en la normalización de contenidos polarizantes del entorno digital”, advierte Fernández.

Si se extrapola a escala macroeconómica, el impacto es significativo, pues esto se traduce en pérdidas de productividad, aumento del ausentismo y reducción de la eficiencia laboral. A nivel global, algunos estudios proyectan que la adicción digital podría costar hasta 3 billones de dólares anuales, considerando también los gastos en salud mental y los efectos indirectos en educación y capital humano.

¿Qué están haciendo las plataformas?

Frente a la creciente evidencia, las propias plataformas introdujeron medidas que, en teoría, mitigan el uso excesivo. Sin embargo, estas iniciativas conviven con modelos de negocio que siguen premiando el engagement.

Entre las principales acciones destacan estas:

  • Herramientas de control de tiempo: Instagram, TikTok y YouTube incluyen paneles que muestran cuánto tiempo pasa el usuario en la app y permiten establecer límites diarios.
  • Recordatorios de descanso: algunas plataformas envían notificaciones para sugerir pausas tras periodos prolongados de uso.
  • Modos de bienestar digital: funciones que reducen notificaciones o agrupan alertas para disminuir interrupciones.
  • Controles parentales: especialmente en TikTok y Meta, se han desarrollado herramientas para que padres supervisen el uso de sus hijos.
  • Restricciones nocturnas: opciones para desactivar notificaciones durante ciertas horas.

A nivel regulatorio, la presión aumenta. En Europa, la Ley de Servicios Digitales obliga a las plataformas a evaluar y mitigar riesgos sistémicos, incluidos los relacionados con la salud mental. Esto incluye auditorías externas y sanciones que pueden alcanzar hasta el 6% de los ingresos globales.

Sin embargo, las mismas plataformas que promueven el bienestar dependen de maximizar el tiempo de uso para sostener su modelo de ingresos.

Otros casos, como el de Australia, que aprobó una legislación para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, obligando a las empresas a implementar sistemas de verificación de edad crecen. En España, iniciativas similares han sido discutidas, pero su implementación se ha pospuesto ante preocupaciones sobre viabilidad y derechos digitales.

“Muchas veces se confunden las regulaciones con censura y no va por ahí”, advierte Fernández.

En este contexto, la alfabetización digital emerge como un elemento clave. La capacidad de entender cómo funcionan los algoritmos y cómo afectan el comportamiento se vuelve una herramienta de protección individual.

El problema podría intensificarse con la expansión de la IA, pues los sistemas conversacionales están diseñados para interactuar de manera personalizada y comienzan a ocupar espacios emocionales y cognitivos antes reservados a relaciones humanas.

“Se está usando la inteligencia artificial como consejeros emocionales, incluso como si fuera un psicólogo”, señala Fernández. Esta tendencia abre nuevos riesgos, especialmente entre jóvenes que pueden desarrollar dependencia hacia sistemas automatizados.

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