Neuralink, la empresa de implantes cerebrales de Elon Musk, se define como la pionera en el sector y se espera que este año produzca dichos implantes a gran escala. Sin embargo, en China la industria se encuentra en un crecimiento exponencial que amenaza el liderazgo del ejecutivo en esta industria.
Las interfaces cerebro-computadora (BCI, por sus siglas en inglés) son sistemas que permiten la comunicación directa entre el cerebro humano y un dispositivo externo, como una computadora o una prótesis, a través de señales neuronales que codifican y transforman en comandos para realizar acciones y reincorporar a la gente a sus actividades cotidianas.
En Estados Unidos, Neuralink es la empresa referente del sector y si bien en junio del año pasado recibió 650 millones de dólares en una ronda de financiación, el modelo chino apuesta por una acción de Estado, donde diferentes ciudades del país aportan al desarrollo de esta industria, explica un documento del Cambridge Network , una organización que conecta la iniciativa privada y academia del mundo tecnológico.