La presión sobre la cadena de suministro de memoria está sacudiendo a la industria tecnológica. En un contexto donde los precios de la DRAM van a la alza, los fabricantes de dispositivos enfrentan un escenario complejo que, se prevé, se traducirá en equipos más caros para el consumidor. Sin embargo, para Apple el impacto no es tan fuerte, gracias a su negocio de servicios que emerge como un amortiguador clave.
De acuerdo con firmas de análisis de datos como TrendForce, el costo de la memoria RAM podría incrementarse hasta 30% en ciertos segmentos durante 2026, impulsado por la demanda de la IA y centros de datos. Esto presiona directamente a fabricantes de smartphones, PCs y consolas, donde la memoria representa una parte relevante del costo total.
En este entorno, compañías altamente dependientes del hardware enfrentan márgenes más estrechos o la necesidad de trasladar costos al consumidor. Pero Apple juega con una ventaja distinta, pues durante la última década construyó un modelo de ingresos diversificado que le permite no elevar precios.