México opera como fabricante principal al ser mayor fuente de importaciones estadounidenses, en especial en automotriz, electrónica y maquinaria.
El país lidera las exportaciones de manufactura de mayor contenido tecnológico en América Latina, apoyado en menores costos y cercanía geográfica para Estados Unidos.
Canadá mantiene un papel clave, aunque distinto. Su relación comercial con Estados Unidos se apoya en energía, materias primas y componentes automotrices específicos. Esa especialización lo vuelve más sensible a los ciclos de precios y a los cambios regulatorios.
Un trato opuesto
La política también influyó. El gobierno de Claudia Sheinbaum, con Marcelo Ebrard al frente de la negociación económica, optó por mantener la confrontación fuera del discurso público, reforzar la cooperación técnica y alinearse con las prioridades de Washington. Canadá eligió otro camino. Mark Carney sostuvo posturas más firmes frente a Trump y acumuló episodios de tensión comercial.
Ebrard atribuyó el desempeño exportador a la solidez de la economía mexicana y a la competitividad de sus empresas, incluso en un entorno de incertidumbre global y con un peso fuerte.
La Secretaría de Hacienda señaló que el peso cerró como una de las monedas más resilientes del mundo, con una apreciación de 14 por ciento frente al dólar. Un peso más fuerte suele encarecer los productos para los compradores externos y frenar la demanda. Aun así, las exportaciones resistieron.
Los datos del Inegi indican que las exportaciones mexicanas cerraron 2025 en 664,837 millones de dólares, con más de 80 por ciento destinado a Estados Unidos.
Del lado canadiense, la Export Development Canada advierte que la principal fuente de incertidumbre para sus exportadores fueron los ajustes recurrentes a la política comercial estadounidense y la amenaza persistente de aranceles sectoriales. La incertidumbre alcanzó picos, cedió y repuntó a lo largo del año. Como resultado, muchas empresas optaron por acumular inventarios como defensa ante el siguiente giro de Washington.
En una guerra comercial, no basta con enfrentar los mismos aranceles. Importan la estructura productiva, el momento político y la lectura del poder. México y Canadá comparten el tratado, pero el resultado.