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Canadá eleva la tensión en el T-MEC y se perfila a una revisión más áspera, pero sin ruptura

Aunque en Washington ronda el fantasma de acuerdos bilaterales, especialistas coinciden en que los costos económicos, políticos y los obstáculos legales vuelven ese escenario poco probable.
vie 20 febrero 2026 05:55 AM
Mark Carney y Donald Trump
El conflicto EU-Canadá escaló cuando Donald Trump dio por terminadas conversaciones comerciales tras un anuncio del gobierno de Ontario contra aranceles estadounidenses. Meses después, durante el Foro Económico en Davos, el primer ministro Mark Carney criticó el uso de aranceles como herramienta de presión. (AFP)

El T-MEC enfrenta una presión creciente desde su flanco norte. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la relación entre Estados Unidos y Canadá se volvió más áspera, con choques políticos, amenazas arancelarias y disputas sectoriales que contaminan el ambiente en la revisión de este año.

El representante comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, reconoció que las conversaciones con México avanzan de forma constructiva, mientras que el diálogo con Canadá resulta más complejo.

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Un reporte de The New York Times reveló que dentro del círculo cercano de Trump circulan evaluaciones sobre excluir a Canadá del acuerdo o rediseñar el T-MEC hacia esquemas bilaterales. La idea reaparece de forma recurrente en el debate político estadounidense. Sin embargo, especialistas coinciden en que el tratado enfrenta más tensión política que riesgo real de desaparición. Una ruptura implicaría costos económicos y políticos elevados incluso para el propio Trump.

Los datos comerciales ayudan a entender esa cautela.

A pesar del desgaste registrado en 2025, Estados Unidos y Canadá mantienen una de las relaciones económicas más integradas del mundo. El intercambio bilateral de bienes alcanzó 719,479 millones de dólares, según cifras oficiales estadounidenses, por debajo de los 761,795 millones registrados en 2024.

Ese tropiezo tuvo un efecto simbólico relevante. Canadá dejó de ser el principal mercado de exportación para las empresas estadounidenses. México asumió ese lugar.

El comercio de bienes entre México y Estados Unidos sumó 872,834 millones de dólares, superior a los 839,555 millones reportados el año previo, de acuerdo con estadísticas comerciales estadounidenses.

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos señala además que el T-MEC sustenta el comercio regional de bienes y servicios estadounidenses con un valor que ronda los 1.6 billones de dólares.

Canadá se sube al ring como rudo

Antonio Ortiz-Mena, presidente de AOM Advisors y del Comité T-MEC del COMCE, explica que existe una diferencia clara en el tono político entre los socios norteamericanos. México privilegia canales de entendimiento, mientras Canadá adopta una postura más rígida frente a Washington.

El especialista utiliza una metáfora sencilla: Si América del Norte fuera lucha libre, México actuaría como técnico y Canadá asumiría el papel de rudo. Aun así, aclara que las declaraciones políticas no reflejan por completo la realidad comercial.

En los hechos, la política comercial estadounidense mantiene pocas diferencias entre ambos socios. Los aranceles aplicados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional otorgan trato similar. Los productos que cumplen reglas del tratado permanecen en cero arancel. Cuando no cumplen, México enfrenta un gravamen de 25% y Canadá uno de 35%. Las tarifas bajo la sección 232 para vehículos, acero, aluminio y cobre se aplican por igual.

Las tensiones entre Washington y Ottawa acumulan varios frentes abiertos, desde la reactivación de aranceles bajo argumentos de emergencia nacional detonó represalias canadienses. Resurgieron disputas históricas en lácteos, madera blanda y automóviles. También salieron los choques por subsidios industriales, el impuesto digital canadiense y advertencias estadounidenses ante el acercamiento de Canadá con China. A ello se suman desacuerdos sobre infraestructura fronteriza estratégica.

El conflicto escaló cuando Donald Trump dio por terminadas conversaciones comerciales tras un anuncio del gobierno de Ontario contra aranceles estadounidenses. Meses después, durante el Foro Económico Mundial en Davos, el primer ministro Mark Carney criticó el uso de aranceles como herramienta de presión. La Casa Blanca respondió con nuevos señalamientos públicos y advertencias comerciales.

Ortiz-Mena prevé negociaciones más complejas rumbo a la revisión del tratado. Canadá, afirma, perdió parte de la confianza en Estados Unidos como socio plenamente predecible. Ottawa buscará preservar el T-MEC, pero no aceptará condiciones que considere inaceptables solo por temor a su desaparición.

Cuando hay una discusión sobre si va a ser trilateral o bilateral, mi respuesta es: va a ser los dos. Ya lo es hoy en día en el T-MEC y ya lo era desde desde el momento de el TLCAN
Antonio Ortiz-Mena, presidente de AOM Advisors

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Para Verónica Ortiz, exdirectora del Comexi, Canadá atraviesa un proceso de reafirmación económica y política que explica el aumento de tensiones con Washington sin señales de ruptura regional. El nuevo gobierno canadiense busca reducir su dependencia de un solo socio comercial y ampliar su margen internacional mediante vínculos con China, Reino Unido, la Unión Europea y también con México, como quedó reflejado en la reciente visita de una amplia comitiva empresarial y gubernamental canadiense al país.

Según la especialista, la postura del gobierno de Mark Carney responde a una estrategia de resiliencia económica de largo plazo y no a una confrontación directa con Donald Trump.

Los límites de las tensiones

El endurecimiento político encuentra límites claros dentro de Estados Unidos.

Alrededor de 13 millones de empleos estadounidenses dependen del comercio vinculado al T-MEC. Además, diversos indicadores muestran que los aranceles terminan por trasladarse al consumidor estadounidense.

Un informe del Banco de la Reserva Federal de Nueva York concluyó que cerca de 90% de los aranceles impuestos a las importaciones recaen sobre consumidores y empresas estadounidenses, lo que eleva precios de alimentos, vivienda, servicios médicos y bienes cotidianos.

Ese costo comenzó a reflejarse también en el Congreso. La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó recientemente una resolución para eliminar los aranceles aplicados a productos canadienses, con apoyo incluso de legisladores republicanos. Aunque la medida enfrenta un proceso legislativo incierto, la votación envía una señal política relevante de respaldo institucional hacia la relación comercial con Canadá y evidencia resistencia interna a una escalada arancelaria que pueda afectar la integración regional.

Ese impacto económico reduce el margen político para endurecer aún más la política comercial, considera Verónica Ortiz.

La especialista descarta un escenario inmediato de colapso del T-MEC. Estados Unidos mantiene negociaciones bilaterales con México y Canadá desde hace décadas y esa dinámica no implica la desaparición del acuerdo trilateral. Incluso si la revisión prevista para 2026 no concluye con consenso, el tratado continuaría vigente bajo revisiones anuales.

No es el escenario ideal, pero lo veo como factible, en el sentido de que va en la línea de Donald Trump de decir que México todavía no cumple con lo que se le exige y Canadá tampoco. O Canadá está tensando mucho la cuerda. Es decir, no se acaba, pero tampoco lo palomeamos y ya descansamos
Verónica Ortiz, exdirectora del Comexi

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Roberto Zapata, Exembajador de México ante la OMC y socio de Consultores Internacionales Ansley, recuerda que el tratado siempre coexistió con agendas bilaterales diferenciadas. Cada relación dentro del T-MEC mantiene irritantes propios.

Entre Estados Unidos y Canadá destacan disputas sobre productos lácteos, madera blanda e impuestos digitales. México enfrenta controversias distintas con Washington, como compromisos energéticos, el acceso del maíz genéticamente modificado o restricciones sanitarias relacionadas con ganado en pie.

Estas diferencias obligan a cada país a diseñar su propia estrategia frente a Estados Unidos.

Aun así, México y Canadá reconocen que en ciertos momentos resulta más efectivo actuar de forma conjunta. La reciente misión empresarial canadiense en México y la posibilidad de una delegación mexicana hacia Canadá reflejan ese entendimiento. Ambos países identifican oportunidades para profundizar comercio e inversión y enviar señales políticas hacia Washington.

Zapata considera que, conforme avance la revisión del tratado, ambos países deberán identificar áreas de alineación, sobre todo en disciplinas trilaterales que sostienen las cadenas productivas regionales.

Indica además que una transición hacia acuerdos bilaterales enfrentaría obstáculos legales importantes. El T-MEC cuenta con aprobación del Congreso estadounidense, lo que le otorga una base jurídica sólida. Sustituirlo exigiría abandonar formalmente el tratado y negociar nuevos instrumentos comerciales sustentados probablemente en órdenes ejecutivas presidenciales, con una base legal más frágil.

Si bien en el entorno de la administración Trump uno puede esperar cualquier cosa, la realidad es que un escenario bilateral, aunque posible, me parece poco probable por ese blindaje institucional
Roberto Zapata, Exembajador de México ante la OMC

La conclusión entre especialistas converge en un punto: América del Norte no debate si el T-MEC sobrevivirá. La discusión gira en torno a las condiciones bajo las cuales continuará.

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