La inseguridad en México impone costos económicos altos, pero también abre un negocio que crece año tras año. Empresas estadounidenses de tecnología, servicios y equipos de seguridad observan al país como un mercado en expansión, impulsado por la necesidad de proteger ciudades, cadenas logísticas y centros industriales.
Inseguridad en México abre mercado de 2,630 mdd para empresas de EU
Un análisis del Departamento de Comercio de Estados Unidos ubica a México entre los mercados de seguridad más dinámicos de América Latina. La demanda surge en varios frentes. El gobierno busca reforzar su infraestructura pública, mientras las empresas industriales intentan resguardar mercancías y operaciones, y los hogares invierten en protección frente al delito.
Las cifras ilustran el tamaño de la oportunidad, pues el mercado de seguridad física en México alcanzó 1,850 millones de dólares en 2024 y las estimaciones anticipan que superará 2,630 millones de dólares hacia 2028, según datos citados en la guía comercial estadounidense con base en un reporte de la Security Industry Association.
Cerca de 40% corresponde a equipos tecnológicos, mientras 60% proviene de servicios especializados, desde monitoreo hasta integración de sistemas de protección.
Detrás del crecimiento aparece una preocupación social persistente: 63.8% de la población percibía inseguridad en su ciudad al cierre de 2025, frente al 61.7% registrado un año antes, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
El Índice de Paz México calcula que el costo de la violencia ronda 4.6 billones de pesos, una cifra equivalente a cerca de 18.3% del Producto Interno Bruto.
Según la última encuesta de Banxico a especialistas del sector privado, la inseguridad pública se ubica como el principal factor que puede frenar el crecimiento económico del país, con 22% de las respuestas.
Ese entorno explica el crecimiento del sector de seguridad tecnológica, ya que las empresas buscan sistemas de videovigilancia, control de accesos, identificación biométrica y monitoreo de flotas para proteger mercancías y centros de producción. La digitalización del sector abre espacio para herramientas de análisis de video con Inteligencia Artificial, plataformas de vigilancia en la nube y soluciones integradas de gestión de riesgos.
Algunos segmentos concentran la mayor expansión: la videovigilancia avanzada, los sistemas de control de acceso electrónico, las soluciones contra intrusión e incendio y los dispositivos de protección de carga en transporte y logística destacan entre las áreas de mayor crecimiento.
El auge del nearshoring también impulsa esta demanda. Cada planta industrial, almacén o centro logístico nuevo exige infraestructura de seguridad para proteger instalaciones, trabajadores y rutas de transporte.
México actúa como importador neto de numerosos equipos de seguridad, entre ellos alarmas contra robo e incendio, cámaras de circuito cerrado, dispositivos de señalización y lectores biométricos. Muchos de estos productos provienen de Asia, Norteamérica y Europa, mientras el valor agregado local surge en el diseño, la integración tecnológica, la instalación y los contratos de servicio.
El dinamismo del mercado incluso contrasta con la evolución del gasto público. El presupuesto federal destinado a seguridad pública bajó de 190,490 millones de pesos en 2024 a 154,130 millones en 2025, según cifras de la Cámara de Diputados citadas en la guía comercial del gobierno estadounidense. Esa reducción no elimina la necesidad de protección. Al contrario, traslada parte de la inversión hacia empresas, industrias y gobiernos locales que buscan reforzar sus propios sistemas de seguridad.
El otro lado del negocio
Para las empresas estadounidenses el panorama combina negocio y riesgo.
El Departamento de Comercio de Estados Unidos también ve a la propia inseguridad como un desafío para hacer negocios, pues la violencia asociada con grupos criminales genera focos rojos en distintas regiones del país, sobre todo en corredores logísticos, zonas fronterizas y algunos puertos.
Las empresas que operan en México confirman ese escenario. El Sondeo de Seguridad Empresarial de la American Chamber of Commerce of Mexico (AmCham) identifica a la seguridad como un factor central en la estrategia corporativa. Seis de cada 10 empresas reportan afectaciones por delincuencia común u organizada.
Entre los incidentes más frecuentes destacan robos o asaltos con violencia contra empleados (52%), ataques al transporte de mercancías en la cadena de suministro (49%) y extorsión virtual (45%). Frente a ese entorno, muchas compañías consideran la seguridad como un costo operativo permanente.
La inversión empresarial refleja esa prioridad. El 58% de las empresas destina entre 2% y 10% de su presupuesto anual a seguridad, mientras el 4% asigna más de 10%, según el sondeo de AmCham.
El resultado dibuja un fenómeno dual. La inseguridad en México eleva costos y riesgos para la actividad económica, pero también abre un mercado en expansión para la industria internacional de seguridad.
En ese cruce entre violencia, tecnología y comercio surge un negocio que gana tamaño cada año. Para muchas empresas extranjeras, México representa al mismo tiempo un desafío estructural y una oportunidad comercial dentro de una economía profundamente integrada con América del Norte.