Así como la empresa propiedad del Estado brasileño, otras petroleras estatales de Sudamérica han emprendido una serie de cambios a sus estrategias que distan mucho de la que hasta ahora ha llevado a cabo Petróleos Mexicanos.
Petrobras y la colombiana Ecopetrol tienen un punto similar dentro de sus planes: ambas decidieron dejar la idea de tener participación en toda la cadena de valor de la industria de hidrocarburos.
La primera vendió al sector privado su compañía transportadora de hidrocarburos y la relacionada con la venta de gas licuado de petróleo. También está en proceso de vender ocho de sus 16 refinerías para recaudar cerca de 20,000 millones de dólares, que tendrían como destino la inversión en otras actividades más rentables relacionadas con exploración y producción.
La colombiana hizo algo similar, aunque mantiene su apuesta por el segmento de refinación y petroquímica. Ecopetrol entendió hace tiempo que no podría maximizar su rentabilidad sin renunciar a algunos de sus negocios, así decidió deshacerse de activos relacionados con la producción de fertilizantes y la comercialización de combustibles.
Aunque ha mantenido su apuesta por la refinación de petrolíferos. Para 2020, la compañía tiene planeado invertir 60 millones de dólares para incrementar la capacidad de su refinería de Cartagena hasta 200,000 barriles diarios en 2022. También en julio pasado, la petrolera anunció que las adecuaciones en algunos de sus complejos estaban listos para producir gasolinas con 80% menos azufre.
“Ecopetrol dejó de hacer mucho, abandonó la idea que tenía de estar metido en todo (...). También mejorar su gasolina, hicieron los cambios para anticiparse al mercado”, dice Adrián Calcaneo, analista de IHS Markit.
En cambio, Pemex ha mantenido su idea de mantener su participación en todas los eslabones de la cadena de producción, a pesar de que segmentos como el referente a fertilizantes dejan numerosas pérdidas a la compañía productiva del Estado.