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¿Cuántos millones debe la empresa de Emilio Azcárraga a Banorte por el nuevo Estadio Azteca?

Con pagos diferidos hasta 2027, la apuesta es clara: que el estadio genere flujo constante con futbol, conciertos y eventos para cubrir la deuda.
lun 04 mayo 2026 03:53 PM
¿Cuántos millones debe la empresa de Emilio Azcárraga Ollamani a Banorte por el nuevo Estadio Azteca?
El estadio será clave para generar ingresos con eventos todo el año. (Foto: Rogelio Morales Ponce/Cuartoscuro.)

El Estadio Azteca es una de las sedes clave de México para el Mundial de 2026, pero su renovación —que incluye el cambio de nombre a Estadio Banorte— ha puesto el foco en un tema menos visible: el financiamiento de la obra.

Detrás de la modernización del histórico inmueble hay un crédito millonario otorgado por el banco Banorte, que no participa como dueño, sino como acreedor y principal fuente de recursos para el proyecto. Ese financiamiento comenzará a pagarse a partir de 2027.

El estadio, que ya fue reinaugurado y está en operación, es propiedad de Grupo Ollamani , una escisión de Grupo Televisa encabezada por Emilio Azcárraga Jean, que asumió la deuda para llevar a cabo la remodelación.

Aquí te explicamos cuánto dinero se debe y cómo se estructuró este financiamiento.

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¿Cuánto dinero le debe Ollamani a Banorte por el Estadio Azteca?

Al 31 de marzo de 2026, Grupo Ollamani debía 2,297.7 millones de pesos (mdp) a Banorte por la remodelación del Estadio Azteca, según su primer reporte trimestral del año .

Aunque el crédito original era por 2,100 mdp, la cifra creció porque la empresa fue utilizando el dinero en varias etapas y porque los intereses se han ido sumando al total de la deuda mientras el estadio sigue las obras en algunos sectores.

Además, pidió un monto adicional —208.4 millones de pesos— para cubrir gastos relacionados con impuestos durante la construcción.

En pocas palabras: Ollamani ya utilizó prácticamente todo el financiamiento disponible y la deuda total ronda los 2,300 mdp.

El crédito se pactó a 12 años (hasta 2037) y está respaldado con dos inmuebles en la zona de Santa Úrsula, en Coyoacán.

Banorte renombró al Estadio Azteca, pero el público lo sigue llamando igual
Ollamani debe 2,297.7 millones de pesos a Banorte por la remodelación (Foto: Héctor Vivas/Getty Images)

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¿Cómo pagará el crédito la empresa de Emilio Azcárraga?

Ollamani no empezará a pagar la parte más pesada de la deuda de inmediato. El acuerdo le da tiempo: comenzará a abonar el capital hasta febrero de 2027, con pagos cada seis meses. Mientras tanto, solo cubre intereses de forma trimestral.

¿De dónde saldrá el dinero? Principalmente de lo que generan sus negocios, como el futbol (Club América), juegos y sorteos, y su división editorial. Solo en el primer trimestre de 2026, estas operaciones dejaron ganancias por 287.1 mdp.

Además, la empresa contempla tener una especie de “colchón” para arrancar los pagos y ha buscado financiamientos adicionales para no afectar su operación diaria, por ejemplo, mientras recupera impuestos.

También tomó precauciones ante posibles subidas en las tasas de interés, asegurando una parte del crédito para que no se encarezca demasiado.

En términos simples: Ollamani apostó a terminar el estadio, ponerlo a operar con el impulso del Mundial y usar los ingresos de sus negocios para ir pagando la deuda a lo largo del tiempo.

Inauguración Estadio Banorte
El préstamo tiene un plazo de 12 años y vence en marzo de 2037 (Edgar Negrete Lira/Cuartoscuro.)

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¿Qué implica esta apuesta financiera?

Más que el monto de la deuda, lo relevante es el momento en que deberá empezar a pagarse. Grupo Ollamani difirió el golpe fuerte hasta 2027, apostando a que para entonces el Estadio Banorte ya opere a plena capacidad y capitalice el impulso del Mundial.

Pero esa apuesta no se limita al torneo. El plan es mantener el estadio activo todo el año: partidos de futbol —con el Club América, Cruz Azul y Atlante como base—, conciertos, juegos de la NFL y otros eventos masivos. La lógica es clara: generar ingresos constantes para sostener el pago de la deuda.

El modelo no es inusual: primero invertir, después monetizar. Pero sí implica riesgos. El flujo que hoy proviene de sus negocios tendrá que sostener, al mismo tiempo, la operación diaria y el pago del crédito. Si esos ingresos no crecen al ritmo esperado —o si el estadio no logra la actividad proyectada—, la presión financiera aumentará.

También hay un factor externo: el costo del dinero. Aunque parte del crédito está cubierta contra variaciones, una porción sigue expuesta a cambios en tasas, lo que puede encarecer el financiamiento.

En ese sentido, la remodelación no solo es una apuesta deportiva o de infraestructura, sino financiera: el éxito del proyecto dependerá de que el estadio se convierta en un activo capaz de generar ingresos de forma sostenida más allá del Mundial.

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