Fuentes cercanas al proceso aseguraron a Expansión que el dictamen de la reforma discutido en comisiones de la Cámara de Diputados contemplaba originalmente la protección de los derechos de imagen y voz tanto de los creativos como de la población en general, pero que “de último momento se realizó un cambio”.
Días antes de la votación, cámaras que representan a la industria privada sostuvieron reuniones con personal del Poder Legislativo.
Organizaciones como la Asociación Latinoamericana de Internet (ALAI) y la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti) habían advertido previamente que exigir autorizaciones expresas podría dificultar la innovación y afectar de manera desproporcionada al sector de la publicidad digital.
La IA acelera mientras la regulación se rezaga
En 2023, la implementación de la IA en procesos productivos todavía era una especie de tabú. Las empresas eran menos vocales sobre el uso de estas herramientas y evitaban reconocer abiertamente que se apoyaban en ellas. Este año, sin embargo, el panorama cambió: la tecnología se perfeccionó y las industrias pasaron de una adopción moderada a una estrategia central de negocio.
Los estudios de producción audiovisual, por ejemplo, utilizan cada vez más programas como Deepdub, Respeecher y MurfAI, que permiten automatizar la traducción de voz, sincronizar subtítulos y generar doblajes mediante IA, de acuerdo con un estudio de la CISAC.
Empresas como TelevisaUnivsion ya escriben y producen micronovelas apoyadas en IA, aunque todavía recurren a actores humanos.
En China, sin embargo, la tecnología ya dio un paso más. “ Qianqiu Shisong ”, una serie animada de relatos y poemas tradicionales, fue generada completamente con IA por China Media Group, conglomerado estatal encargado de la radiodifusión y la televisión en ese país.
En un contexto en el que la inteligencia artificial avanza más rápido que la regulación, la discusión ya no se limita a proteger a celebridades o artistas, sino a definir hasta dónde llegan los derechos de cualquier persona sobre su voz, su rostro y su identidad digital.
Mientras la industria tecnológica acelera la adopción de estas herramientas, el vacío legal podría convertir a millones de ciudadanos en materia prima para entrenar sistemas de IA sin una posibilidad real de oposición.