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Nuestras Historias

La apertura de Francia con Rusia molesta a sus socios en la OTAN

El presidente Emmanuel Macron ha provocado una avalancha de reacciones, que van del desconcierto alemán a la ira turca, tras declarar la muerte cerebral del organismo.
mar 03 diciembre 2019 11:45 AM
Tan disruptivo como Trumo
Con su acercamiento con Vladimir Putin y sus declaraciones explosivas sobre la alianza, Macron ha resultado tan disruptivo como Donald Trump.

Jim Bittermann

A nadie le gusta que le digan que un buen amigo tiene "muerte cerebral", así que tal vez no sorprende que al parecer, los aliados de Francia están pasando por las siete etapas del duelo luego de que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se pronunciara en The Economist, en noviembre, respecto a que la OTAN está agonizando .

Al principio, reinaron el desconcierto y la negación. En un discurso al lado del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el 7 de noviembre, la canciller de Alemania, Angela Merkel, dijo que no estaba de acuerdo con la descripción que el presidente de Francia había hecho de la alianza de 70 años .

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"No creo que ese juicio tan general sea correcto", dijo.

Muchos de los líderes aliados están atorados en la etapa de la ira y la negociación. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, dijo el viernes, 29 de noviembre, que Macron debería "revisar su propia muerte cerebral" antes de arrojarle piedras a la OTAN.

No cabe duda de que Macron está esperando que la cumbre de la OTAN y las reuniones subsiguientes para tratar el tema de Ucrania lleven pronto a sus críticos a las etapas de aceptación y esperanza.

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Macron quería provocar y lo logró, aunque tal vez no de la forma que esperaba. Las relaciones de Francia con Alemania se han visto afectadas.

"En Alemania, cuando dices que la OTAN tiene muerte cerebral, rompes un tabú", dijo Thierry de Montbrial, presidente del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, un centro de estudios con sede en París, en referencia a que Alemania depende instintivamente de la OTAN como eje de su política exterior.

"Desde el punto de vista de la cooperación militar, la OTAN funciona bien, pero no tiene visión política ni visión estratégica", agregó De Montbrial. Esta ha sido una crítica común a la falta de misión clara de la OTAN desde que terminó la Guerra Fría.

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"Los ejércitos siempre están al servicio de la política, no al revés, y así es como hay que interpretar la visión de Macron".

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Aunque el mensaje de Macron se haya recibido muy mal en Berlín, en Ucrania y en otros antiguos Estados soviéticos sonó la alarma aún más fuerte cuando el presidente de Francia argumentó que la verdadera amenaza para Europa Occidental, en estos días, no viene de Moscú, en el este, sino de los terroristas al sur.

De Montbrial coincide con esta noción: "Estamos en un mundo totalmente diferente, la sombra de la Unión Soviética ya no es un riesgo de la misma naturaleza… el riesgo principal no es una invasión de Rusia a los países bálticos, es el terrorismo, es el peligro que tenemos en nuestro flanco sur y para el que la OTAN no tiene respuesta".

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Aunque las provocaciones de Macron estaban claramente dirigidas a la OTAN, reflejaron una sensación de urgencia más amplia en los pasillos de su palacio presidencial por los cambios geopolíticos más diversos que se avizoran. Ahora que el mundo se está dividiendo rápidamente en dos bloques —el estadounidense y el chino—, Macron no quiere que Europa se vea obligada a tomar partido.

Como lo expresó el mismo Macron en una pregunta retórica que le hizo al cuerpo diplomático francés en agosto pasado, "¿decidimos volvernos aliados menores de una parte o de otra, o un poco de una y un poco de otra, o decidimos ser parte del juego y ejercer nuestra influencia?".

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En ese mismo discurso (que fue menos notorio que el comentario de la "muerte cerebral de la OTAN", pero que, en muchos sentidos, fue más incendiario), Macron insistió en lo que se ha vuelto evidente para los europeos: que pese a que Estados Unidos sigue siendo un aliado, ya no es un aliado confiable. Señaló que en muchos sentidos, los europeos —en este caso tal vez pensaba en sus vecinos alemanes— cayeron en un letargo luego de la Guerra Fría, temen a los mismos enemigos y dependen de los mismos viejos amigos sin considerar que las circunstancias cambian, por ejemplo, el fracaso del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, que afecta directamente a la seguridad de Europa.

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"Estamos en una Europa en la que dejamos el tema de las armas bajo el control de tratados previos al final de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia. ¿Esa es la clase de Europa que piensa en su destino y construye?", dijo Macron.

Macron ha urgido a sus asesores a volver a analizar las relaciones con Rusia.

"No está mirando al este como alternativa", observó a CNN François Heisbourg, asesor especial de la Fundación para Investigaciones Estratégicas. "Sin embargo, los asesores de Macron están diciendo que quieren volver a revisar las relaciones con Rusia. Noten que dicen 'volver a revisar', no 'reiniciar', es diferente".

Heisbourg cree que Macron no es ingenuo cuando piensa en Moscú y dice que los franceses esperarán a una cumbre que llevarán a cabo el 9 de diciembre para decidir qué futuro podría haber en el estrechamiento de las relaciones con Vladimir Putin. En esa reunión, los líderes de Francia, Alemania, Rusia y Ucrania volverán a recurrir al llamado "formato Normandía" para tratar de poner fin a la guerra de Rusia con Ucrania.

En ese punto, se pondrá gran atención a si Putin lleva algún acuerdo real a la mesa de negociación.

Tras sus invectivas a la OTAN, su apertura a Rusia y otras cuestiones geopolíticas, Macron está resultando ser tan disruptivo como su homólogo estadounidense. De igual manera, parece que constantemente busca otras vías para que su gobierno pueda encontrar una causa común con Washington, aunque suele ser por razones sumamente diferentes.

Parece que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, siempre tiene en mente la política interna y el aislacionismo estadounidenses. Para el presidente de Francia, de 41 años, esta es una oportunidad para llamar la atención a lo que cree que es la estrechez de miras de los otros líderes de la OTAN que no comparten su visión.

Su condescendencia no ha pasado desapercibida entre sus vecinos, quienes señalan furiosamente que pese a todos sus discursos, Macron ha presentado pocas sugerencias prácticas para avanzar con la OTAN o con cualquiera otra cosa.

Pero también podría ser que ese nunca fuera el propósito de su desparpajo. Como señaló Heisbourg: "Macron era un intelectual antes de ser político o presidente, y no hay nada que le guste más que un buen debate".

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