Muchos de los críticos del presidente han culpado la fragilidad de ese acuerdo, y los términos que algunos dicen que favorecieron a Teherán, a la decisión de Trump de dejar de lado a los expertos.
"Necesitas ese tipo de experiencia profesional apolítica para poder competir con, en este caso, los negociadores iraníes, que sé por experiencia personal que están profundamente versados en los temas", dijo Nick Burns, un diplomático que participó en varias negociaciones con Irán, entrevista con el Financial Times.
Al renunciar al "poder inteligente" —smart power— que representa la diplomacia, el país reduce su capacidad de moldear los acontecimientos antes de que ocurran, teniendo que recurrir posteriormente a medidas de fuerza extrema, como el uso de la fuerza militar o las sanciones, que además son mucho más caras.
“A Estados Unidos le resulta costosísimo seguir manteniendo no solo el frente de Irán, sino otros tantos que mantiene, como el acoso a Cuba, y ha reducido tremendamente su eficacia”, dice el especialista.
Sin embargo, el mandatario prefiere mostrar poder a través de la fuerza militar y su propuesta de presupuesto lo dejó claro.
La Casa Blanca solicitó en junio 87,600 millones en total, la mayoría destinados al Pentágono. También se dirigirán a ayudas a agricultores estadounidenses, a atender la respuesta al ébola en África central y a proyectos de infraestructura en Estados Unidos.
El gobierno solicitó alrededor de 67,000 millones de dólares para el Pentágono, incluidos 21,000 millones para municiones y otras capacidades militares, 17.300 millones para costos operativos y 12,100 millones para programas clasificados.