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OPINIÓN: ¿Qué sigue para México ahora que AMLO entra al poder?

Será fundamental darle continuidad a los proyectos y a las rondas de licitaciones en materia energética y petrolera, comenta Iván Franco.

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) - El sexenio de Enrique Peña Nieto fue tan deficiente en materia económica que no representará un gran problema para la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador enderezar el rumbo hacia una mejor consolidación en el desempeño económico.

Será fundamental darle continuidad a los proyectos y a las rondas de licitaciones en materia energética y petrolera, ya que aquí se encuentra una de las oportunidades más grandes de la economía mexicana a largo plazo
Iván Franco

El deterioro en este ámbito se disfrazó gracias a un entorno internacional propicio y a la política monetaria distendida que favoreció al ciclo económico –alimentado por el consumo- de México. Pero estas condiciones ya no se repetirán durante el periodo 2019-2024, por el contrario, el próximo entorno global tendrá una etapa de normalización en las condiciones monetarias.

Los riesgos internos de la economía mexicana aumentaron sensiblemente durante los últimos seis años, por lo que la nueva administración debe tener mayor cuidado y prever los posibles choques que provengan del entorno internacional.

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Los fundamentales macroeconómicos que tanto presumieron otras administraciones, en la actualidad ya no son tan fuertes. El freno monetario implementado por el banco central y las presiones inflacionarias todavía rezagadas serán los aspectos que marquen parte del rumbo del primer año del nuevo gobierno.

El punto de partida para el sexenio de López Obrador será la definición del paquete presupuestal de 2019. Este será el instrumento que dará certidumbre y confianza a los mercados que generará un ambiente de confianza tan necesitado para la economía mexicana.

De acuerdo con información preliminar, el presupuesto de 2019 estaría aumentando marginalmente en términos reales respecto al paquete del año anterior, acercándose cada vez más al umbral de los 6 billones de pesos.

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El presupuesto del próximo año dará certidumbre porque tiene relativamente poco margen de maniobra y una inercia insalvable. Por ejemplo, en el rubro de las pensiones se presupuestarían casi 900 mil millones de pesos, cerca de su totalidad para el IMSS e ISSSTE; sin embargo, habría reducciones -anunciadas desde la campaña presidencial- en distintos rubros y una agresiva reorientación del gasto hacia los principales programas de transferencias directas.

Otro punto interesante es el relativo al gasto agropecuario. Todo parece ser indicar que el próximo gobierno aumentaría el gasto para el desarrollo de algunas de las cadenas productivas del agro, tema que si se gestiona puntualmente y con eficacia puede potencializar la posición competitiva de México.

En el contexto del próximo presupuesto, que incluye un superávit primario, me parece que el riesgo estará bien administrado y que el gasto público no debería representar una bandera amarilla para el 2019. De hecho, la tónica que debe seguirse durante todo el sexenio es la de un gasto contenido pero muy eficaz.

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Otro de los puntos que favorecerán el clima de confianza son los proyectos de infraestructura que tiene planeado el próximo gobierno para realización inmediata. Tal es el caso de la nueva refinería y otros más, que enviarán una señal de que la obra pública no estará detenida o condicionada durante el nuevo gobierno.

Será fundamental darle continuidad a los proyectos y a las rondas de licitaciones en materia energética y petrolera, ya que aquí se encuentra una de las oportunidades más grandes de la economía mexicana a largo plazo.

Si el gobierno de Peña Nieto fue el de la desinversión en capital fijo, el mayor reto del nuevo sexenio de López Obrador es revertir esa tendencia, con el fin de potenciar el crecimiento económico. Tenemos que estar muy atentos a los indicadores de inversión fija, ya que estos determinarán las posibilidades de crecimiento del nuevo gobierno.

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Ahora bien, el mayor reto que enfrentará la siguiente administración radica en el sector social con temas relativos a la gran desigualdad y las perspectivas de bienestar que tiene la mayoría de la población. Los programas de transferencias directas del nuevo gobierno sin duda ayudarán, pero no podrán terminar con el problema estructural de desigualdad y con la falta de movilidad que viven los mexicanos.

Aunque la generación de nuevos empleos vendrá con la confianza y la certidumbre en la economía mexicana. Los empleos que se han generado en los últimos años no son de buena calidad y esta situación no podrá ser diferente sin un notable cambio tecnológico y educativo en el país. Lo cierto es que ambas condiciones requieren varios sexenios para realizarse.

Por esta razón, la nueva administración tendrá que hacer uso de los llamados trade-offs que tanto incomodan a la opinión pública. Este concepto hace referencia a una herramienta de equilibrio que se genera por nuevas reglas en el mercado o por la intervención directa del Estado, por ejemplo, la reducción de las comisiones bancarias.

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En cualquier caso, atacar el problema de la desigualdad será uno de los temas más controvertidos del próximo sexenio. No tanto por el diagnóstico, sino por la solución, ya que en México se trata de un asunto meramente salarial y todo lo demás que se diga es asociación econométrica.

En este sentido, la política salarial implica un trade-off: incrementar los salarios no es un decreto autoritario, más bien se trata de una decisión de cambio en la participación de rentas de los agentes económicos.

Parece positivo que los dos miembros propuestos por el equipo de transición para formar parte de la junta de gobierno de Banxico mantengan una visión más ecuánime y menos dogmática de los trade-offs en la economía. Aunque no será su responsabilidad directa, el cambio de discurso y de retórica tendrá que influir positivamente.

Parece positivo que los dos miembros propuestos por el equipo de transición para formar parte de la junta de gobierno de Banxico mantengan una visión más ecuánime y menos dogmática de los trade-offs en la economía. Aunque no será su responsabilidad directa, el cambio de discurso y de retórica tendrá que influir positivamente.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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