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Nuestras Historias

El tercer factor de la “desaceleración”

En los círculos empresariales de todo el país continúa el temor a las políticas del gobierno actual, dice Iván Franco.
jue 15 agosto 2019 10:32 AM

(Expansión) - Continuando sobre el nada ocioso debate sobre la “desaceleración” económica de México, existen entre los más conocedores y estudiosos del tema, dos factores que han provocado la situación económica actual.

El primero, y desde mi punto de vista el más importante, es el ciclo de restricción monetaria. Más que ser un ciclo de “normalización” monetaria después del relajamiento cuantitativo poscrisis, en la práctica, dicho ciclo no actuó como normalizador de la política monetaria, sino como un freno monetario en los hechos. El primer efecto de asociación de un alza de la tasa de interés -también el más obvio-, es la cantidad de dinero disponible en la economía, misma que cayó sensiblemente a tasa real anual. Es decir, la restricción monetaria tuvo efectos colaterales inmediatos en la economía, limitando notablemente el crecimiento de la cantidad de dinero en circulación en términos reales. Este hecho limita el consumo privado, la inversión y el gasto.

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El segundo factor es la política económica del nuevo gobierno. Diversos analistas la aluden como la causa principal de la desaceleración actual. En este sentido, existen dos aspectos a tratar: El achicamiento del sector público del primer semestre de este gobierno ha sido factor de ralentización de la demanda agregada -aunque hay que considerar que así comienzan los sexenios en México-. Y, por otro lado, venimos de un gobierno con un gasto público desbordado y dilapidado en la corrupción.

Lee: La economía de México enfrentará un fin de año "adverso", advierte BBVA

Es cierto que la decisión de la cancelación del aeropuerto , la situación de Pemex como empresa no rentable y la refinería como proyecto , son cuestionables. Sin embargo, en la práctica, el aeropuerto es un proyecto nonato y la refinería también lo es. Ninguno de estos proyectos hoy ha retornado absolutamente algún dividendo a sus inversores, por lo tanto, no hay forma de vincular estos proyectos con la falta de crecimiento en el año.

Finalmente, la tesis de que las decisiones del actual gobierno han promovido el estancamiento, languidece ante lo que denomino un tercer factor, y que sí explica la desaceleración económica que sucede desde hace un par de años.

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En el año 2017 escribí en este mismo espacio la columna El 'gasolinazo', una señal de la crisis de fin de sexenio . Aunque el título parece escandaloso, el mensaje que quise transmitir en ese tiempo fue el temor que tenía el establishment político mexicano ante el inminente triunfo de Andres Manuel López Obrador en la elección presidencial. Desde ese momento -y muchos años atrás- dicho grupo político instrumentó una campaña de miedo para desincentivar el voto dirigido a quien hoy es el presidente.

La característica de la campaña de miedo es que no tenía soporte de cifras ni rigor analítico. Era pura especulación y la consistente siembra de teorías de la conspiración.
Todo ese festín mediático permeó fuertemente en los círculos empresariales -sobre todo, de la mediana empresa- de todo el país. Hoy en día, en esos círculos continúa existiendo el temor a las políticas del gobierno actual. Por ello, desde el 2017, cuando cayó la inversión privada, podríamos haber declarado una futura recesión o crisis transexenal, siendo las causas principales la política monetaria (que era menester apretar) y, sobre todo, los impactos de mediano plazo de la campaña del miedo. En otras palabras, la desaceleración de hoy estaba declarada años atrás.

El presidente ha hecho bien al invitar a empresas transnacionales a juntas de trabajo en su despacho para divulgar inversiones de proyectos de infraestructura, ya que así se ayuda a revertir y olvidar el pernicioso prejuicio sobre la política económica del nuevo gobierno.

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El tercer factor es ponderable ya que está haciendo mella en la actividad económica actual. Es un factor no cuantificable y difícil de analizar, sin embargo, tiene impactos reales. Afortunadamente, es cuestión de tiempo diluirlo para continuar con la vida democrática del país, y que se permita al empresariado concebir a México no como un país de experimentos políticos bolivarianos, sino, como un verdadero destino de inversión y como el país que irremediablemente se volverá una potencia económica en el futuro.

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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