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Nuestras Historias

Ataque al petróleo

Si la política energética sigue su curso, es posible que tengamos una oportunidad de sacarle provecho a este recurso y fortalecer una industria, hasta hace un año, moribunda, opina Luis Wertman.
jue 19 septiembre 2019 03:43 PM

(Expansión) - El inesperado bombardeo a instalaciones petroleras en Arabia Saudita es uno de esos factores con consecuencias inmediatas, a mediano y largo plazo que no siempre pueden calcularse con exactitud.

Aunque hubo una rápida reacción internacional de las naciones petroleras, entre ellas la nuestra, un control de daños preciso y una intervención profesional de parte de la industria y los mercados, todavía no conocemos las repercusiones que tendrá un ataque de esta naturaleza.

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Apenas este miércoles, el Ejército Saudí explicó a través de un vocero el tamaño de la ofensiva, lo que dejó para el análisis de los expertos globales más dudas que respuestas sobre los sistemas defensa que protegen sitios sensibles a lo largo del planeta, en particular los relacionados con las fuentes de energía.

Hace tiempo que no se mezclaban la geopolítica con la industria y en esta ocasión hablamos de la que sigue siendo, nos guste o no, la principal fuente de energía: el petróleo. Aún con los avances que se tienen hacia otros tipos de generación, la realidad es que dependemos todavía de éste en diferentes aspectos básicos de la vida cotidiana.

Ya en lo doméstico, el aumento en el precio del barril será una buena noticia muy pasajera, porque el acuerdo internacional será no aumentar la producción y equilibrar con el mercado el daño que buscó hacerse con este ataque. Todo indica que la prudencia prevalecerá y terminaremos el año con los mismos pronósticos sobre consumo, precio y costo del casi indispensable combustible fósil.

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OPINIÓN: Arabia Saudita, ¿conflicto u oportunidad para México?

En ese contexto, vale la pena reflexionar sobre el nuevo auge que tendrá la discusión del cambio climático en el marco de la elección presidencial de los Estados Unidos, la política energética del gobierno mexicano y la dependencia tan grande que tenemos de una fuente perecedera como lo es el crudo y sus derivados.

La realidad de México es que apostar por una mayor presencia nacional en el mercado energético, hacer producir yacimientos y campos comprobados, aceptar la participación privada en petroquímica y en otras áreas de la industria de la energía, es el único camino para asegurar cierta cobertura en coyunturas como ésta.

El problema es el vehículo o los vehículos que tenemos para hacerlo: Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad son dos empresas estatales que siguen al borde del colapso y, a pesar del respaldo que les han brindado la actual administración, están en condiciones de terapia intensiva, por decir lo menos.

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De su saneamiento, aumento de producción y enorme trabajo para revertir su deterioro depende mucho del crecimiento prometido por el presidente y su gobierno, pero esos factores demandan tecnología de punta, financiamiento y, paradójicamente, la creación de otras alternativas de energía limpia que bajen poco a poco la dependencia del petróleo.

OPINIÓN: Sobre nuestra mentada “soberanía” petrolera

No somos la única nación que está en esta encrucijada. Estados Unidos, Brasil y la misma región árabe saben que el petróleo es un recurso limitado, volátil y que impacta directamente al medio ambiente.

Si la política energética nacional sigue su curso, es posible que tengamos una nueva oportunidad de sacarle provecho a este recurso y fortalecer una industria, hasta hace un año, moribunda; pero también es probable que lo hagamos justo cuando sea inminente un cambio de dirección sobre la manera en que generamos la energía del planeta entero.

Nota del editor: Líder de la sociedad civil y empresario. Durante ocho años encabezó el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, y presidió la Red Nacional de Consejos Ciudadanos A.C. Es miembro numerario de la Legión de Honor Nacional de México. Cuenta con cuatro doctorados Honoris Causa por su trayectoria como líder de la sociedad civil en México. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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