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Los retos de la industria vitivinícola en México

La pandemia ha dejado al descubierto debilidades del ecosistema de negocios alrededor del vino, apunta Eduardo Durazo Watanabe.
sáb 04 julio 2020 08:01 AM

(Expansión) – El sector de hospitalidad es uno de los más golpeados por el distanciamiento social decretado por las autoridades de salud. La inconveniencia de reunir a personas en espacios cerrados, dado el alto riesgo de contagio, impactó frontalmente al sector turístico y demás industrias relacionadas como la gastronómica, de transporte, de bebidas, y por supuesto, al sector vitivinícola.

La industria vitivinícola en México genera una facturación de alrededor de 550 millones de dólares anuales por medio de dos canales principales de distribución, la venta en la misma bodega, que con frecuencia se acompaña de recorridos por sus instalaciones, y el denominado canal HORECA -hoteles, restaurantes y cafés-, severamente limitados por las restricciones sanitarias.

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Los estragos causados por la pandemia van más allá del sentido económico. En nuestra sociedad mexicana, consumir vino tiene una connotación social pues nos acerca a amigos, familiares y nos ayuda a generar nuevas conexiones humanas. Las limitaciones impuestas por el distanciamiento han hecho más difícil esta interacción y, por lo tanto, han transformado la forma en como estamos acostumbrados a consumir e interactuar con el vino.

Otro golpe a esta industria fue la cancelación de las fiestas de la vendimia programadas para este agosto, donde la gran asistencia de turismo nacional representa ventas que impactan en la operación anual de los productores.

Casa Madero fue fundada durante la conquista española en 1597, dando origen a la industria vitivinícola mexicana. A pesar de los más de 400 años de producción vitivinícola en México, la madurez de la industria en el país aún se encuentra en proceso: la pandemia ha dejado al descubierto otras debilidades del ecosistema de negocios alrededor del vino. A excepción de unas pocas empresas con gran volumen de producción, la gran mayoría carece de acceso al único canal de distribución que actualmente sigue operando: las cadenas de supermercados.

El resto de las casas vinícolas van desde pequeñas bodegas familiares hasta medianas empresas posicionadas en el mercado por la calidad de sus productos, pero con modelos de negocio que requieren consolidación.

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Existe una clara oportunidad para México, ya que es uno de los pocos países en el mundo cuyo consumo per cápita se encuentra en crecimiento: hemos pasado de consumir 450 ml anuales de vino en el año 2013 a 900 ml en el presente, es decir, el doble en apenas 7 años. Aunque estamos muy lejos de los más de 50 litros anuales de Francia o Portugal, esto ejemplifica el potencial de negocios que existe en el sector, dado que los vinos mexicanos solamente suplen el 30% de la demanda existente en nuestro país.

No todo ha sido negativo en este escenario conocido como "la nueva normalidad". Nuevas e innovadoras formas de hacer llegar la propuesta de valor de los negocios han surgido de la necesidad por mantener a flote la operación mientras se acatan las medidas de distanciamiento necesarias para combatir la pandemia.

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Una oportunidad inexplorada por la mayoría de las vinícolas es la venta por internet. La comercialización a través de distribuidores online, el sitio web de la empresa y las redes sociales tienen el potencial para detonar un crecimiento exponencial dado el mundo interconectado y digitalizado en el que vivimos.

Para llegar a este perfil de clientes, la innovación no solamente debe ocurrir en los canales, también se requiere ajustar el producto a las nuevas necesidades del consumidor. Esto no es fácil para muchas de las casas vinícolas, ya que varias basan sus ingresos en la venta de sus vinos premium. Ante los altos costos de producción, la carga impositiva y las restricciones en los canales de distribución, estos vinos suelen alcanzar precios que en la economía de la nueva normalidad se considerarán elevados. En este escenario, los vinos mexicanos entran en competencia directa con vinos importados procedentes de países con una industria vitivinícola ya consolidada.

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Los canales digitales en nuestro país van a demandar productos en un rango mayor de oferta, adicional a los vinos premium, vinos sin tanta guarda o tiempo en barrica que se puedan consumir cotidianamente y con precios accesibles para un público joven que busca nuevas experiencias alrededor de la cultura del vino, y que, gracias al esfuerzo de los productores del sector, cada vez más se consolida la percepción de calidad alrededor de las propuestas de vino mexicano.

En esta nueva normalidad, la innovación en un producto tan antiguo como el vino, y la forma como se distribuye toma nuevas dimensiones y presenta nuevas oportunidades de supervivencia -y crecimiento- para las casas vinícolas: si a un producto de buena calidad le sumamos una experiencia de compra segura y cómoda, es muy probable que las vinícolas puedan encontrar algo más que un cliente, nuevos discípulos de sus vinos.

Nota del editor: Eduardo Durazo Watanabe labora en el Centro de Estudios Vitivinícolas de Baja California, CETYS Universidad. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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