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#LetrasNetas | Windsor-Detroit-Saltillo

La reunión en México de AMLO, Biden y Trudeau dejó a la vista un nuevo ímpetu inédito de coordinación industrial intrazona, impulsado por el sector más atractivo del T-MEC: el automotriz.
mar 07 febrero 2023 06:09 AM
North American Leaders' Summit in Mexico City
U.S. President Joe Biden, Mexican President Andres Manuel Lopez Obrador and Canadian Prime Minister Justin Trudeau pose at the conclusion of the North American Leaders' Summit in Mexico City, Mexico, January 10, 2023. REUTERS/Kevin Lamarque

(Expansión) - La reunión en México de los tres presidentes de América del Norte dejó a la vista un nuevo ímpetu inédito de coordinación industrial intrazona, impulsado por el sector más atractivo del T-MEC: el automotriz.

Pocos días antes de la llegada a Ciudad de México de Joe Biden y Justin Trudeau se dio una resolución muy favorable impulsada por nuestro país y secundada por Canadá. Se trató del fallo contra Estados Unidos del panel abierto hace un año para dirimir la interpretación de las reglas de origen de los componentes de los vehículos fabricados bajo las reglas del nuevo tratado.

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“Conforme a su resolución, el panel determinó que el T-MEC permite a los fabricantes de vehículos considerar a las partes esenciales de un vehículo terminado (motor, transmisión, carrocería, etc.) como originarias, una vez que, por separado, dichas autopartes hayan cumplido con el porcentaje mínimo de contenido regional (75%), usando las metodologías alternativas que el mismo tratado establece”, señaló el reporte sobre este triunfo comercial de la Secretaría de Economía.

Esta fue una estrategia iniciada por Tatiana Clouthier cuando estaba al frente de esta cartera y su análisis incluía el hecho de que México importa de países fuera de América del Norte muchos de los insumos y partes que ensambla para después exportar a Estados Unidos, ya sea tanto de vehículos como de autopartes.

El T-MEC exigía que, para no pagar aranceles, el 75% de la producción de automotores en México tuviera componentes producidos en la región de Norteamérica, un incremento desde el 62.5% que exigía el tratado previo (TLCAN). Su nueva versión pedía también que entre el 40 y el 45% de esta producción debe ser fabricada por operarios con sueldos no por debajo de los 16 dólares por hora.

En promedio, un vehículo requiere 4,000 piezas, muchas regionales y muchas importadas. Con la firma del T-MEC en 2018, el gobierno aceptó que el 75% de las partes esenciales de un vehículo fueran producidas en México, Estados Unidos o Canadá. Con el TLCAN, si una pieza tenía un contenido regional del 75% o más, se redondeaba al 100%. Pero para Estados Unidos el porcentaje debía ser exacto, sin redondeo.

Esto afectaba a la industria mexicana y a la canadiense, ya que gran parte de las armadoras no alcanzaban el porcentaje mínimo regional requerido y, con ello, perdían el beneficio del T-MEC, teniendo que pagar un arancel del 2.5% al exportar a Estados Unidos. México pidió en enero de 2021 un panel de expertos para analizar, caso por caso, la interpretación de esta fórmula de porcentajes de componentes, un reclamo al que se unió Canadá.

¿Qué ganamos? Un incremento en la producción de autopartes, correspondiente a los fabricantes ya instalados en México, derivado de la sustitución de importaciones de terceros países, y atracción de inversión extranjera directa para el sector. Esto es muy valioso para una industria que nos convirtió en el quinto exportador mundial de vehículos y el séptimo fabricante mundial.

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En la cumbre, Biden impulsó un discurso muy cooperativo, de crear, de una vez por todas, no solo una zona de libre comercio, sino un bloque de integración comercial, impulsor de cadenas de valor interfronterizas para sustituir importaciones y, ante todo, dejar de depender de manera tan protagónica de China. Esto aplica de manera central en el caso de Estados Unidos a su plan de desarrollo de cadenas de valor para la fabricación de microprocesadores (de los que es altamente dependiente de Asia).

Trudeau habló de un corredor automotriz y ya no de hubs aislados, una matriz de manufactura que conecta los tres grandes polos automotrices de cada país: Windsor, en Ontario; Chicago, en Illinois, y Saltillo, en Coahuila.

Con esto se deja claro que la globalización va pasando de moda y que la regionalización es el nombre del juego, una oportunidad sobre todo para nuestro país.

Nota del editor: Bárbara Anderson es editora, columnista y speaker de negocios y finanzas. Activista de los derechos de personas con discapacidad; dirige yotambien.mx, un sitio de noticias sobre inclusión. Síguela en Twitter como @ba_anderson Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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