Publicidad
Revista Digital
Publicidad

2030–2040, el quiebre del modelo económico

En el periodo no vamos a vivir una crisis económica más. Vamos a presenciar algo profundo: el agotamiento del modelo que, durante siglos, vinculó el trabajo humano, el ingreso y la estabilidad social.
jue 12 febrero 2026 06:07 AM
La nueva IA y el talento, ¿hacia dónde vamos y qué hacer?
Estamos frente a un cambio total de modelo, sin precedentes históricos claros. No importa si habrá robots humanoides ni qué tareas específicas serán sustituidas. El punto central no es la forma de la tecnología, sino su impacto estructural, apunta Iván Franco. (iStock)

Para 2030, distintos análisis internacionales estiman que alrededor del 30% de las horas trabajadas podrían estar automatizadas y que cerca del 40% de los empleos experimentarán una transformación significativa por efecto de la Inteligencia Artificial (IA). Hacia 2040, la exposición podría superar la mitad del mercado laboral, no necesariamente como desaparición neta de puestos, sino como una reconfiguración profunda de tareas, habilidades y formas de ingreso.

Publicidad

Entre 2030 y 2040 no vamos a vivir una crisis económica más. Vamos a presenciar algo distinto y profundo: el agotamiento del modelo que, durante siglos, vinculó el trabajo humano, el ingreso y la estabilidad social. Esto no es una especulación, una predicción ni futurismo. Tampoco se trata de una visión alarmista, sino de una lectura directa de lo que ya está ocurriendo y de la velocidad a la que avanza.

La tecnología desplazó al trabajo humano y rompió el contrato económico

Estamos frente a un cambio total de modelo, sin precedentes históricos claros. No importa si habrá robots humanoides ni qué tareas específicas serán sustituidas. El punto central no es la forma de la tecnología, sino su impacto estructural. Por primera vez, la economía empezará a funcionar sin necesitar al ser humano como factor productivo principal.

La IA no es solo una herramienta que aumenta la productividad. Es la primera tecnología capaz de producir bienes y servicios a gran escala sin requerir trabajo humano en muchas etapas clave del proceso. Este fenómeno ya no se limita a fábricas o líneas de ensamblaje. Está ocurriendo en oficinas, centros de análisis, áreas creativas, logística, atención al cliente y toma de decisiones operativas. Y ocurre rápido. En una década, el panorama será completamente distinto.

Este cambio no pertenece a un futuro lejano. Está ocurriendo dentro del horizonte de una generación viva hoy. Y cuando un sistema económico pierde su eje principal —el trabajo como fuente de ingreso y de identidad— entra en una zona para la que no existen precedentes claros.

Aquí conviene recuperar una palabra antigua, no en su sentido religioso, sino conceptual: apocalipsis. En su significado original, apocalipsis no implica destrucción, sino revelación. Es el momento en que un orden queda expuesto como incapaz de sostenerse tal como está. Eso es lo que empieza a revelarse en la economía global.

Publicidad

Un sistema económico que deja de ser socialmente viable

El problema central es incómodo, pero fácil de entender. Si la automatización elimina gran parte del empleo y reduce las horas-hombre, el ingreso laboral se contrae. Cuando eso ocurre, la base del consumo se debilita. Y sin consumo, no hay estabilidad económica posible. No hay sistema, no hay continuidad del juego económico.

Lo que podríamos ver es una economía capaz de producir abundancia con muy poco trabajo humano, pero con menos personas recibiendo salarios suficientes para sostener la demanda. Se produce más, pero el ingreso que permite comprarlo se concentra o se reduce.

Aquí aparece el núcleo del apocalipsis económico: un sistema que puede producir sin personas, pero no puede sostenerse sin compradores. La tecnología garantiza abundancia y eficiencia, pero deja sin resolver el mecanismo básico que mantiene viva a la economía: quién paga y con qué ingreso.

Algunos confían en que la deflación resolverá el problema. Si los bienes se vuelven muy baratos gracias a la enorme productividad, incluso ingresos bajos alcanzarían. El riesgo es que la deflación prolongada tiende a destruir incentivos, inversión y sistemas financieros completos. Otros sostienen que el mercado se ajustará por sí solo. Sin embargo, la historia muestra que ese camino, cuando se recorre sin amortiguadores sociales, suele terminar en conflicto y rupturas institucionales, no por ideología, sino por presión social acumulada.

Publicidad

Va a cambiar cuánto trabajas, cuánto ganas y por qué trabajas

La salida no está en cambiar de etiqueta al sistema, sino en rediseñar sus reglas. Lo que empieza a perfilarse, y probablemente veremos entre 2030 y 2045, es un esquema adaptado a una economía donde el trabajo ya no ocupa el mismo lugar.

La reducción drástica de la jornada laboral parece inevitable. Impuestos a la automatización extrema podrían convertirse en una opción. Mecanismos de ingreso base y servicios esenciales garantizados dejarán de ser ideas marginales para volverse herramientas de estabilidad. El mercado laboral será más pequeño, pero el trabajo restante tendrá que ser mejor pagado y enfocado en tareas genuinamente humanas.

Nada de esto ocurrirá como un acto de altruismo. Ocurrirá como condición mínima para evitar el colapso social.

La década de las decisiones económicas

El problema ya no es la tecnología, sino cómo se reorganiza la vida cuando el trabajo deja de ordenar el ingreso, el tiempo y la identidad. Para muchas personas esto no es futuro: ya trabajan menos horas, con ingresos más inestables y trayectorias cada vez menos claras.

La discusión que viene no será sobre tecnología, sino sobre gobernanza económica. Cómo se redefine el ingreso, cómo se sostiene la demanda y qué reglas permiten estabilidad en un contexto donde el trabajo ya no cumple el mismo rol.

La próxima década será un periodo de decisiones, no de certezas. Empresas y gobiernos que entiendan esta transición como un problema de diseño —y no como una anomalía pasajera— tendrán margen de maniobra. Los que no, operarán en reacción permanente.

El cambio ya está en marcha. La diferencia la marcará quién empiece a adaptarse antes de que el ajuste deje de ser una opción.

_____

Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en X como @IvanFranco555 y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad