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La educación no ayuda mucho cuando se trata de demencia

La actividad cognitiva a edad avanzada y la actividad física en la mediana edad podrían predecir el ritmo del cambio cognitivo.

(CNN) - No te duermas en tus laureles, ya que tus logros académicos no te salvarán de la demencia, según una nueva investigación.

Tener un nivel educativo alto no retrasa la aparición de la demencia ni frena el deterioro, según un estudio publicado en la gaceta Neurology . Tal vez lo mejor sería seguir siendo curioso e intelectualmente activo a lo largo de los años, de acuerdo con Robert Wilson, director de la investigación.

Es cierto que en estudios anteriores se demostró que las personas con menor nivel educativo desarrollan demencia a un ritmo mayor que quienes dedicaron más tiempo a los estudios, según explicó Wilson, el también director de Neurociencias Cognitivas del Rush Medical College en Chicago.

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"La educación tiene algunos beneficios, pero son un tanto limitados. Lo importante en realidad es qué tanto te estás deteriorando" y la educación no tiene un impacto positivo en eso, explicó Wilson.

Pese a todo, las actividades que podrían ayudarte en la edad avanzada son las mismas que aprendiste en la escuela: "sigue leyendo o desafíate vigorosamente con otros intereses y ocupaciones intelectuales".

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La capacidad de tu cerebro para improvisar

La demencia es un estado conductual que erosiona gradualmente el pensamiento, la memoria, el lenguaje y la capacidad de resolver problemas y de manejarse uno mismo.

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"Los principales factores de la demencia son estas patologías neurodegenerativas y cerebrovasculares que se acumulan en el cerebro y que se relacionan con la edad", explicó Wilson. Dentro de las patologías del cerebro se incluyen las placas de proteína y los nudos que se ven en el mal de Alzheimer, así como los infartos (pequeñas zonas de tejido muerto) que se presentan en las enfermedades cerebrovasculares.

Aunque los estudios han revelado que alrededor del 50% del deterioro cognitivo a edad avanzada se asocia con patologías cerebrales, hay otro 50% que no está relacionado con ellas y que tiene que deberse a otra cosa, de acuerdo con Wilson.

Señaló que, en general, se cree que esa "otra cosa" es la reserva cognitiva. Es un parámetro de la resiliencia del cerebro y su capacidad de improvisar y superar obstáculos; se sabe que protege la función cognitiva a edad avanzada. "El gran desafío es saber qué contribuye a la reserva cognitiva y cómo funciona".

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Así, el nuevo estudio es un intento de explorar cuánto contribuye la educación a la reserva cognitiva. Wilson y sus colegas analizaron datos de personas mayores de la zona metropolitana de Chicago, quienes accedieron a someterse a pruebas anuales detalladas y a donar su cerebro para estudio tras su muerte.

En promedio, los 2,899 participantes tuvieron un poco más de 16 años de educación. Wilson y sus colegas dividieron a los participantes en tres grupos: quienes recibieron 12 años de educación o menos; quienes recibieron entre 13 y 16 años, y quienes recibieron 17 años o más. Aunque 696 participantes desarrollaron demencia durante el estudio, 405 del subgrupo también murieron durante el estudio y se hizo una autopsia de su cerebro.

Al analizar los resultados de las pruebas y de las autopsias, Wilson y sus colegas encontraron una relación entre un nivel educativo mayor y una mayor capacidad de pensamiento y memoria al principio del estudio.

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Todo bien, dijo Wilson, quien señaló que es "importante qué tan sano está tu cerebro cuando empiezas la tercera edad porque es muy probable que pasen muchas cosas malas en tu cerebro, [ya que] estas patologías son muy, muy, muy comunes".

Pero más allá de eso, no se demostró que sirviera de mucho haber pasado más años en las aulas. No se encontró correspondencia entre el nivel educativo y la edad de los participantes cuando comenzaron los síntomas de la demencia ni con la velocidad del deterioro cognitivo. Esto también se notó en los resultados de las autopsias: la alta prevalencia de marcadores de mal de Alzheimer en el cerebro, no la educación, fue lo que determinó el ritmo del deterioro.

Una de las posibles razones por las que la educación no tiene un gran efecto en la reserva cognitiva es que "es muy distante", dijo Wilson. Las actividades actuales podrían ser influir más que las actividades pasadas en la reserva cognitiva.

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"Qué tan activo estás, cognitivamente hablando; qué lees y cosas así. También encontramos algunos rasgos de personalidad: la escrupulosidad está relacionada con la función cognitiva a edad avanzada. También hay un aspecto de bienestar llamado 'propósito en la vida', que es más o menos la capacidad de encontrarle sentido a las actividades cotidianas. Las personas que tienen ese rasgo muy marcado pueden mantener una función cognitiva mejor a edad avanzada pese a que acumulen las patologías al mismo ritmo que los demás", señaló Wilson.

Por otro lado, la depresión corresponde a los cambios cognitivos negativos a edad avanzada, señaló.

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Nuevo hallazgo 'sorprendente'

Dilip Jeste, profesor de Psiquiatría y Neurociencias en la Universidad de California en San Diego, dijo que el " hallazgo nuevo y sorprendente" del estudio es que "parece que la educación contribuye poco a la reserva cognitiva, en contraste con la vieja creencia de que es uno de los factores más importantes".

Jeste, quien no estuvo involucrado en el estudio, comentó que una de las fortalezas del estudio es que se incluyó a un gran número de participantes y que se hicieron pruebas exhaustivas; sin embargo, los colaboradores fueron "mayormente blancos no latinos, así que los resultados podrían no aplicarse a las minorías étnicas, especialmente aquellas con menor nivel educativo", señaló.

Ahora, las investigaciones indican que la actividad cognitiva a edad avanzada y la actividad física en la mediana edad podrían predecir el ritmo del cambio cognitivo, de acuerdo con Jeste. Así, si ninguno de los otros factores varía, las personas mayores que se mantienen mentalmente activas pueden presentar un deterioro menor que quienes no lo están.

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Aliza P. Wingo, profesora asistente de Psiquiatría y Ciencias Conductuales, y Thomas S. Wingo, neurólogo y profesor asistente de Neurología y Genética Humana de la Emory University, dijeron que el estudio es "minucioso" y señalaron que "tal vez no sería fácil generalizar [los hallazgos] más allá de la población que estudiaron dada la edad relativamente avanzada de los participantes y la cantidad de años de estudios de la mayoría de los participantes".

Ninguno de los dos participó en la nueva investigación, aunque en su trabajo exploran la influencia de los factores psicológicos en el riesgo de desarrollar demencia.

"Lo hacemos analizando el material genético y las proteínas del cerebro de los voluntarios del estudio y relacionando los cambios en el cerebro con su cognición en vida o con sus patologías al morir", escribieron en un correo electrónico. "Lo interesante es que el propósito en la vida y la depresión influyen en el riesgo de desarrollar demencia independientemente del nivel educativo, la edad u otros factores de riesgo conocidos". Ellos esperan identificar nuevos factores que protejan contra el deterioro mental.

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De acuerdo con Jeste, el mejor consejo para cualquier persona a la que le preocupe desarrollar demencia es "llevar un estilo de vida saludable, con ejercicio físico (especialmente aeróbico), actividades cognitivamente estimulantes, contacto social, una dieta saludable, rica en antioxidantes (hortalizas de hoja verde, vitamina E, legumbres, frutos secos), higiene en el sueño, meditación para relajarse y una actitud positiva".

"El mantra es: nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto para empezar a llevar un estilo de vida saludable".

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