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CBDC: la respuesta digital de los bancos centrales

Diez países de América Latina, entre ellos México, estudian la posible implementación de “divisas digitales de banco central”.
lun 23 mayo 2022 12:46 PM
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Las CBDCs recién están dando sus primeros pasos. En la actualidad, sólo hay dos CBDCs en plena operación: el Sand Dollar de Bahamas y el e-Naira de Nigeria. También hay proyectos relativamente avanzados en China y Suecia.

En lo que parece una suerte de respuesta frente al avance de las criptomonedas, muchos países del mundo, incluidos una decena de Latinoamérica y el Caribe, analizan la implementación de las Divisas Digitales de Banco Central (CBDC; Central Bank Digital Currency).

Una CBDC es una divisa digital emitida por el banco central de una nación, la entidad que, entre otras tareas, es responsable de acuñar las monedas e imprimir los billetes que usa la población del territorio. Al ser creada y respaldada por un banco central, una CBDC es una moneda de curso legal que puede usarse para realizar diversas transacciones. En ese sentido, se puede afirmar que es la versión digital del efectivo que se usa todos los días.

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Entre el análisis y los proyectos “piloto”

Las CBDCs recién están dando sus primeros pasos. En la actualidad, sólo hay dos CBDCs en plena operación: el Sand Dollar de Bahamas y el e-Naira de Nigeria. También hay proyectos relativamente avanzados en China y Suecia.

De acuerdo con un estudio de la consultora global PwC , el 80% de los bancos centrales del mundo está considerando el lanzamiento de una divisa digital, en fases variables que van desde el mero análisis hasta la activación de proyectos piloto.

En nuestra región CBDC Tracker -un sitio que da seguimiento a las iniciativas mundiales en torno a esta divisa digital- detecta más de 10 proyectos en desarrollo, entre los que destacan los de Chile, Uruguay, Brasil, Perú, México, Guatemala, Honduras, Haití, Jamaica y Trinidad y Tobago.

Moneda y criptomoneda

Una CBDC no es una criptomoneda, y su diferencia crítica respecto a divisas como bitcoin o ether trasciende el tema de las tecnologías subyacentes y se relaciona directamente con el control del dinero digital.

El desarrollo y gestión de una criptomoneda no está bajo el mando de una autoridad tradicional, como un gobierno o un banco central. Su emisión, circulación y administración puede estar en manos de una comunidad de usuarios, una fundación o una empresa (como un exchange o casa de cambio de criptoactivos). Además, su precio está determinado esencialmente por la dinámica del mercado.

Como los billetes y monedas de uso cotidiano, las CBDCs se alinean a las reglas (valor, emisión, distribución, etc.) que define el banco central del país. Aunque en formato digital, una CBDC no deja de ser una moneda sujeta al mandato de una autoridad.

Quienes defienden la economía cripto afirman que la figura de control es un asunto crítico, dado que implica que los gobiernos podrían monitorear las transacciones digitales del usuario: capital disponible en dinero virtual, gastos recurrentes y lugares de consumo, entre otros ítems.

Desregulación: luces y sombras

“La intromisión (de una entidad regulatoria) compromete los valores de libertad, inclusión y privacidad que caracterizan a criptoactivos como bitcoin. El acceso al activo no está condicionado por edad, nivel de ingreso, género, nacionalidad, filiación ideológica, nacionalidad”, aseguró Alex Gladstein, director de Estrategia de Human Rights Foundation y promotor del uso de bitcoin, durante un foro del Council of the Americas al que asistió CryptoConexión.

La postura de Gladstein también se vio reflejada durante la Bitcoin 2022 Conference que tuvo lugar en Miami durante el pasado mes de abril. Allí, hubo voces que defendieron la distancia de la popular criptomoneda frente al sistema financiero tradicional, destacándose entre ellas las de Peter Thiel, co-fundador de PayPal y la de Ricardo Salinas Priego.

Por su parte, las autoridades financieras y el sector bancario afirman que la privacidad del usuario es un asunto atendible desde la regulación que debe acompañar a cualquier CBDC. En su opinión, la presencia de una entidad central es un hecho que beneficia a los consumidores al aportar rendición de cuentas y confianza en los elementos que integran un sistema financiero.

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Frente a las desreguladas criptomonedas, aseguran en el ámbito tradicional, una CBDC tiene un respaldo oficial que facilita la atención de problemas como fraudes, robos y desfalcos. Esto marca un contraste absoluto con los usuarios de criptodivisas, que tienen muy pocas defensas legales ante esas eventualidades.

“Cuando te vuelves una víctima, la situación es muy diferente. Todo lo que parecía bueno, ya no lo es tanto. (Ante un problema financiero) el usuario lo que pregunta es: ¿quién está a cargo?, ¿quién me ayudará con este asunto?, ¿quién se encarga del arbitraje?”, apuntó Driss Temsamani, director de Digital en Citi Latinoamérica, durante el mismo foro.

En los próximos tres a cuatro años, según el estudio de PwC, varias CBDCs entrarán en vigencia en distintos países del mundo. Frente a una oferta de más de 10.000 criptomonedas disponibles y casi 300 millones de usuarios, las CBDCs aspiran a conquistar un lugar propio cuidando que las palabras “banco central” no desalienten a nadie.

CBDC en América Latina

A la fecha, hay más de 10 proyectos de CBDCs que están en marcha, entre los que destacan:

En fase de prueba piloto: Uruguay y Jamaica.
En fase de prueba de concepto: Brasil.
En fase de análisis e investigación: México, Guatemala, Honduras, Perú, Chile, Trinidad y Tobago, Haití.

Fuente: CBDC Tracker.

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