Los cruzados antiplásticos como Steve Feit, abogado del equipo para el clima y la energía del Centro de Derecho Internacional, dicen que el análisis del ciclo de vida está lleno de falencias.
“Asume que simplemente vamos a hacer exactamente los mismos productos en los materiales alternativos” en lugar de rediseñar para adaptarnos al nuevo medio, “lo cual es una locura”, dice Feit. “Además, no tiene en cuenta el efecto del plástico después de que el producto es depositado en vertederos”. Si bien el Gran Parche de Basura del Pacífico ha captado la mayor parte de la atención, un estudio de 2018 descubrió que los microplásticos también se filtran de los vertederos y las alcantarillas y contaminan el suelo y las fuentes de agua.
Pero si bien la racionalización de la sostenibilidad se ha encontrado con escepticismo, la justificación de la salud es más difícil de combatir. El plástico por sí solo no es una solución mágica: un estudio publicado en Journal of Hospital Infection concluyó que el virus detrás de Covid-19 puede sobrevivir durante nueve días en superficies plásticas a temperatura ambiente. Sin embargo, para muchos, los productos que se pueden tirar después de un uso parecen ser las opciones más seguras.
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Después de que Starbucks dejara de aceptar las tazas recargables, Dunkin’ y Tim Horton anunciaron políticas similares. A pesar de una advertencia del Cirujano General de Estados Unidos de que no son particularmente efectivas, las máscaras faciales –incluido un elegante modelo de filtración de aire usado por el ícono de estilo de vida Gwyneth Paltrow– se han vendido en todo el mundo. Muchas farmacias también informan escasez de guantes de látex.
A las preocupaciones del movimiento antiplástico se suma el inicio de una guerra de precios del petróleo entre Arabia Saudita y Rusia que ha desencadenado una venta masiva histórica en los mercados. Los precios bajos del petróleo significan que se podría fabricar mucho plástico aún más barato a largo plazo.